L’ARCH

ITECTE

DU

LIVRE

Por
Jordi
Duró

Pierre Faucheux es el gran desconocido entre los diseñadores franceses de la segunda mitad del siglo XX y tal vez el más influyente. De hecho, una de las escasas menciones notables a su figura es la de su admirador Massin en l’ABC du metier: “Firma portadas dinámicas, potentes y convincentes”, elogia a su maestro. Otro de los reconocimientos desperdigados que se encuentran sobre Faucheux es del historiador Richard Hollis. Destaca que fue uno de los pocos diseñadores que inventaron un género: “Faucheux es único al haber creado un género. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, como ‘architecte du livre’, Faucheux inventó el ‘livre objet’”.

En su autobiografía Écrire l’espace, Faucheux da tanta importancia a su trabajo como grafista como a su vocación arquitectónica y su aproximación a Le Corbusier. La parte más interesante de sus memorias es, sin duda, cuando explica su trabajo para Le Club Français du Livre en un momento, 1946, en que todo estaba por reconstruir. No es casual que finalmente se le etiquete como “arquitecto del libro”. En la postguerra mundial, el sector editorial francés se encontraba absolutamente desmontado. Títulos agotados y catálogos abandonados. A los editores Lhopital y Carlier se les ocurrió copiar la fórmula de los “Book of the Month Club” norteamericanos: la compra de libros por suscripción mensual. Igual que más tarde, según Faucheux, también llegó de EE.UU. la idea del Pocket Book.

Lo interesante del Club Français du Livre, visto hoy, es la inventiva con los medios de que disponían. Con André Noël como jefe de fabricación experimentaron con encuadernaciones en seda y en tela de saco. Troquelaron interiores y aplicaron relieves en seco de tamaño nunca visto en las cubiertas. Al no tener que competir en el aparador de la librería, se permitían soluciones muy alejadas de los cánones comerciales:  “El motivo del éxito es que no había nada delante”, según el propio Faucheux. Y la presencia del diseñador en la imprenta, explorando posibilidades a través de todos los pasos de producción, a menudo rudimentarios, garantizaba que cada volumen fuera tan diferente en su aspecto como lo era en su contenido. Un objeto singular.

Una de las aportaciones características de estas ediciones son los “deroulements”. A lo largo de las primeras páginas del libro, a veces ocupando un pliego entero, el diseñador creaba una secuencia en que, a modo de trailer, explicaba visualmente los contenidos del libro. A veces se trataba simplemente de dar entrada al texto de una manera visual y atractiva. “Le proponíamos al lector toda una serie de asociaciones iconográficas, simbólicas y tipográficas para honrar la lectura y ampliando su información”.

Las influencias surrealistas y dadaístas eran evidentes, como delata que Faucheux eligiera un grabado sacado de un libro de Breton en su primer diseño. Faucheux acabó diseñando catálogos como el de L’Écart absolu para Breton años mas tarde. Según el propio Faucheux “Introducía nociones completamente foráneas a los editores e impresores: la elección intransigente de los caracteres. La exigencia de la legibilidad. La escala de las relaciones inesperadas entre los elementos de la obra. Para servir a la autenticidad existían fuentes documentales innombrables a las cuales añadía una diversidad sin límites en la disposición y en los medios”.

Otros diseñadores que hicieron cubiertas y deroulements destacables para los clubes de libros fueron Massin, Jacques Darche y Jacques Daniel. Según Massin, estos mismos diseñadores diez años más tarde empezarían a diseñar colecciones de livres de poche. No importaron la fórmula americana, más publicitaria, sino que exploraron aún más sus propios descubrimientos, profundizaron en las vanguardias,y desarrollaron un lenguaje propio que casi podríamos llamar un estilo nacional francés. Más cercano al humor y al surrealismo del grafismo polaco que del anglosajón.

Faucheux diseñó centenares de cubiertas en diversas colecciones de livres de poche. De entre sus colecciones, llama poderosamente la atención Libertés de Pauvert, en la que adaptó el espíritu del libro-objeto a los medios más económicos posibles: un formato mínimo, unas cubiertas de papel Kraft impresas a una sola tinta y abstracciones tipográficas en cubierta. La única concesión económica en los cortes pintados en negro, que son el rasgo más distintivo de la colección.

Es posible que estos libros excepcionales hayan pasado desapercibidos precisamente por no haber sido vendidos en librerías. Irónicamente, fue esta distribución tan alejada de la competición del mercado lo que les permitió semejante libertad. Dejando a un lado sus méritos artísticos, en su confección se formó una generación de profesionales. Y su influencia acabó definiendo la apariencia de los libros durante una generación entera.