MICRO ABIERTO,
DEL ESCENARIO AL ESCAÑO

 por David Saavedra

Micro abierto, del escenario al escaño – O Productora Audiovisual

De Andrew W.K. a Morrissey, de Bez a Labordeta, de Jello Biafra a Aviador Dro. Muchos han sido los músicos tentados, en la teoría y en la práctica, de presentarse a elecciones locales y presidenciales. Algunos incluso estuvieron cerca de triunfar. ¿Tú les habrías votado?

“Ya no quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones”, cantaba en 1986 el grupo de Santurtzi, amenazando incluso con llevar a cabo aquella idea. Iosu Expósito y compañía nunca llegaron a presentarse, con lo cual nos privaron de saber lo que habría sucedido: ¿habría dado un vuelco nuestra historia política, se habría acelerado la autodestrucción del grupo, o se habría quedado en una simple gracieta secundada por cuatro pirados? Desafortunadamente, nunca lo sabremos.

Un poco más lejos, pero solo un poco, llegaron Aviador Dro, dos décadas después. El grupo liderado por Servando Carballar se ha caracterizado desde sus inicios por juguetear con la vanguardia y los movimientos utópicos, redactar manifiestos que, en forma de pasquines fotocopiados, todavía arrojan al público en sus conciertos, lanzar arengas y ondear banderas. Por ello, a nadie resultó extraño que, en 2007, grabasen un álbum completo que, con el título Candidato futurista, fantaseaba conceptualmente con exponer un programa político para el ayuntamiento de Madrid. Títulos como ¡Vive futurista!, Libertad, igualdad, electricidad o su repesca de Anarquía en el planeta, versión del Anarchy in the UK de Sex Pistols, reflejan un poco por dónde iban los tiros en un proyecto que solo tuvo un fallo: que finalmente no se hubiesen presentado de verdad. Casi una década antes de la eclosión de la Nueva Política, una campaña con Aviador Dro luchando contra el aburrimiento en que entonces nos sumieron Alberto Ruíz-Gallardón, Miguel Sebastián y Ángel Pérez habría dado, al menos, algo de color a nuestras vidas.

Hace unos meses, también Morrissey estuvo de plena actualidad por cuestiones políticas. El exSmiths no ha fundado su propio partido, pero sí estuvo planteándose seriamente el presentarse a la alcaldía de Londres por el Animal Welfare Party. De suceder, seguro que el músico habría dado un importante subidón de visibilidad mediática a los animalistas. Aunque, conocida también la pulsión polemista y la exacerbada misantropía del autor de Meat Is Murder, podría tener su cosa contraproducente también.

Son, sin embargo, muchos los músicos que sí se han presentado de verdad a comicios locales e, incluso nacionales. Más actualidad candente: ¿Recuerdan a Andrew W.K.? Este estadounidense siempre pegado a una camiseta blanca fue hype de temporada en 2001 y 2002 con I Get Wet, un primer álbum de estruendoso, extraextrovertido e híperfiestero punk-pop-rock que sonaba como si Meat Loaf hiciese un disco de versiones de los Ramones puesto de MDMA y speed hasta el ojete. Canciones como Party Hard, It’s Time to Party, Fun Night o Party til You Puke muestran por dónde iban sus obsesiones temáticas. El caso es que el impacto como estrella pop del mozalbete cayó en picado, pero ganó notoriedad en calidad de aquello para lo que él parecía estar más capacitado: la autoayuda y las charlas motivacionales, siempre con la fiesta como eje terapéutico. Recomendamos seguir su Twitter, que hasta ahora se dedicaba fundamentalmente a repartir impagables consejos fiesteros, pero que se ha encauzado a la promoción de… en efecto: el partido político que ha fundado, y que en un ingenioso juego de palabras, ha bautizado del único modo posible que a él se le podía ocurrir: The Party Party. Y, ojo, aunque lo parezca, no es ninguna broma. Mientras decenas de estrellas del pop y del rock muestran su apoyo a Bernie Sanders -o, al contrario, él ha introducido a buena parte de los artistas haciendo de anfitrión en Coachella-, el partido de Andrew W.K. parece ir completamente en serio en su intento de plantar cara al bipartidismo y abogar por la convivencia, el respeto, la justicia social y las políticas públicas e inclusivas. Las líneas maestras de su programa no difieren de las de Podemos en prácticamente nada. Y, además, su logo (un corazón con la bandera de EE.UU.) tiene mucho gancho. Hay quien, razonablemente, dudaba de que esto se fuese a llevar a cabo, pero parece ser que, actualmente, el Party Party está en fase de reunir firmas para poder presentarse. En el extremo contrario, y de nuevo haciendo un juego de palabras, el Tea Party ha contado entre sus afiliadas con Maureen Tucker, la que fuera batería de The Velvet Underground, una revelación que nos dejó ojipláticos a muchos de sus fans.

Otro de los grandes fiesteros del mundo pop es Bez, aquel chico de rostro desencajado que animaba el cotarro en los conciertos y vídeos de Happy Mondays tocando las maracas y bailando sin parar. Mark Berry, que es su verdadero nombre, se presenta a la alcaldía de Salford, ciudad colindante con Manchester, por We Are The Reality Party. Se trata de una candidatura de izquierdas, ecologista y muy social, que actúa localmente y piensa globalmente. Actualmente, su página de Facebook se presenta con el eslogan ‘No bombardeéis Siria’ y, entre otras cosas, se oponen al fracking, el TTIP y la UE, y abogan por el salario social y políticas activas contra la desigualdad.

Retrocediendo a ejemplos históricos, puede que el más modélico sea el de Jello Biafra (con permiso de otro bufón punk de las urnas, el islandés Jón Gnarr). El que fuera líder de Dead Kennedys emprendió una larga carrera política que inició en 1979, cuando se presentó a la alcaldía de San Francisco. En su programa se incluían medidas tan chanantes como obligar a los hombres de negocios a ir disfrazados de payasos, erigir una estatua en honor de Dan White (el asesino de Harvey Milk y el alcalde George Moscone) y permitir la venta de huevos y tomates en sus inmediaciones para que la gente se los arrojara. También proponía la prohibición de la circulación de automóviles, la legalización de la okupación en propiedades de defraudadores fiscales o que los policías fuesen elegidos democráticamente por los vecinos de cada barrio. Biafra quedó cuarto, con un 3,79% de los votos. Ya en el 2000, se presentaría a las elecciones presidenciales por el Green Party, aunque el candidato elegido sería finalmente Ralph Nader. Todavía muy implicado en el mismo partido, el músico se ha mostrado en los últimos años muy crítico con Barack Obama y actualmente apoya a Bernie Sanders.

Rubén Blades, por su parte, obtuvo el 18% de los votos en su candidatura a la presidencia de Panamá, en 1994. Diez años después, Martín Torrijos le dio un premio de consolación, nombrándole Ministro de Turismo. Un caso bastante similar fue el de Youssou N’Dour. Su candidatura al gobierno de Senegal fue desestimada por irregularidades con las firmas (una lástima, ya que su carisma en el país y su activismo en defensa de los derechos humanos podría haberle hecho llegar bastante lejos), y se tuvo que conformar con el Ministerio de Turismo y Cultura en 2012 y 2013. Muchos años antes, en 1979, el otro gran líder musical africano, Fela Kuti, había fundado su propio partido, el Movimiento del Pueblo, y se presentó a la presidencia de Nigeria con un ideario controvertido: defensa del panafricanismo socialista, que a la vez se dejaba influir por el Black Power estadounidense y tradiciones ancestrales de su continente como la poligamia. No se aceptó su candidatura.

En Irlanda uno se extraña de que Bono nunca se hubiese presentado a las elecciones. Al contrario, quien sí lo hizo fue Dana, una exitosa cantante de música cristiana que ganó el Festival de Eurovisión en 1970, obtuvo hits inesperados en países como México y dedicó en 1982 un álbum de homenaje a Juan Pablo II titulado Totus Tuus. En 1987 (ojo, el año de The Joshua Tree, cuando Bono era más popular que Jesucristo y casi que Dios), Dana se presentó a la presidencia de Irlanda como independiente y quedó tercera. Su carrera política se ha mantenido prácticamente hasta nuestros días, llegando a ocupar un escaño en el Parlamento Europeo. Ideológicamente, ya se pueden imaginar: de antiabortista para arriba.

Otro intento infructuoso fue el de Wyclef Jean, quien se intentó presentar a la presidencia de Haití en 2010. Sus ideas no eran malas: intentó erigirse en candidato de la juventud y de la diáspora por el partido Vivir Juntos. Exponía la defensa de cinco puntos básicos de tipo, tal vez, demasiado generalista: fomentar la educación y su calidad, la creación de empleo, la agricultura, la seguridad ciudadana y la salud. En cualquier caso, nunca se aceptó su candidatura por un pequeño problema de base: residente en EE.UU. casi toda su vida, debería haber vivido en su país al menos cinco años. En una curiosa carambola, quien acabó ganando las elecciones fue su amigo Michel Martelly, otro cantante bien conocido allí.

Porque, en efecto, aunque creamos que la mayoría de los músicos que se presentan a las elecciones lo hacen por dar color, por exaltar su ego o como consecuencia inevitable de la Sociedad del Espectáculo, también los hay que han ganado, y desempeñado su función pública con mayor o menor fortuna. Al fin y al cabo, si actores de medio pelo como Ronald Reagan llegaron (catastróficamente) a ser lo que fueron, ¿por qué no confiar en alternativas bastante más coherentes, como Gilberto Gil al frente del Ministerio de Cultura en Brasil durante la presidencia de Lula da Silva? Bueno, aquello, en realidad, no fue tan bien recibido por la ciudadanía. El músico tropicalista no había participado en la elaboración del programa de cultura del partido de Lula y, más polémico todavía, su salario se consideró demasiado elevado. Para ejemplo paradigmático en nuestro país, el de José Antonio Labordeta, reconocido cantautor y mochilero, que ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados por la Chunta Aragonesista entre 2000 y 2008 y dejó varios momentos inolvidables. Aunque tampoco pasemos por alto de Lluís Llach, el autor de L’estaca, que el pasado año decidió poner su persona junto a los himnos y se presentó como cabeza de lista de Girona para el parlamento catalán por Junts Pel Sí. Desde octubre ejerce como diputado. A su lado, la simple mención de que la eurovisiva y triunfita Nina se presentó en 2003 por CiU en Lloret de Mar es poco más que anecdótica,  al igual que la labor de Josep Nadal, cantante del grupo La Gossa Sorda y número 3 por Compromís en Alicante. Pero volvamos a Labordeta y cerremos con él el círculo que abrimos con Eskorbuto y despidámonos con un sonoro ¡A la mierda!. ¿Quién será el próximo que se apunte? El micro sigue abierto y las urnas, también.

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