Viñetas robadas.

by Jordi Costa.

Un toro emerge de las aguas.

MUH2
Si un servidor tuviese que escoger su particular magdalena proustiana en lo que respecta al asunto de las vacaciones estivales, aquel elemento capaz de activar el recuerdo de ese verano de infancia perfecto e irrecuperable, no tendría ninguna duda: las páginas de alguno de esos Extraordinarios de Vacaciones que publicaba el TBO. El humor del TBO era más suave, menos bruto y, a primera vista, menos espectacular –y, sobre todo, menos moderno- del que ofrecían las historietas de Bruguera, que por aquel entonces –estamos hablando de los setenta- vivían un cierto esplendor, mientras las propuestas del TBO parecían toda una reminiscencia recalcitrante del humor de los padres (o de los abuelos). Pero hay algo que siempre parecía innovador –o, mejor, inmortal- allí dentro: las páginas de Coll, con sus figuras estilizadas, su trazo flexible y ese dominio cerebral del gag visual que, con el tiempo, uno ha ido asociando a las refinadas maneras de reformular la comedia de Jacques Tati, que, por cierto, también fue el mago capaz de eternizar un verano redondo (aunque también melancólico) en Las Vacaciones de Monsieur Hulot.

La viñeta robada de hoy es la que cerraba la historieta Pánico en la playa, publicada en el Extraordinario de Vacaciones del TBO del verano de 1971 (y felizmente recuperado en esa colección del TBO Edición Coleccionista que publicó Salvat en 2011, con esclarecedoras introducciones del especialista Antoni Guiral). La página en cuestión, un recital de slapstick con toro en ambiente marítimo, se apartaba de una de las habituales metodologías cómicas del maestro Coll –el juego con el plano fijo- para narrar una limpia aventura de susto, cornada y chapuzón que se abría en la zona de atraque de un puerto para proseguir en la cubierta de un carguero, transitar por las aguas costeras y desembocar en la playa. La imagen de la viñeta, con su astifino emergiendo empapado de las aguas, bufando su furia purasangre, mientras los turistas huían hacia el fuera de campo y abandonaban en la arena toallas, transistores, colchonetas, periódicos, balones y demás utilería de asueto, es un curioso desenlace, porque se cierra en pura suspensión, frente a la inminencia de más gags que, de hecho, poseerían el potencial de trocar la risa en escalofrío.

Las vacaciones que atrapaban esas páginas de los especiales veraniegos del TBO eran, de hecho, las mismas vacaciones de esa España desarrollista cuyo espíritu glosaba, por otros medios, la comedia landista de aquel entonces. Probablemente sin pretenderlo, el gigantesco Coll atrapó en la imagen las contradicciones de ese país a medio camino entre el atavismo y la modernidad, presidido por una dictadura que todo intento (como el de esta historieta) de atrapar una felicidad dinámica no tenía otro remedio que omitir. Un  toro embravecido y unos bañistas huyendo: en suma, una idea de España, al sol.