Jess Greenberg / Compressorhead.
Escotes, robótica y clickbaits.


por Joan Pons

Aunque el centro del encuadre de este vídeo reclame tu mirada sin demasiadas sutilezas, baja los ojos un momento a la cifra que hay en el ángulo inferior derecho de la pantalla: diecisiete  millones de visitas. Wow . Esta cover de dormitorio de Highway to Hell de Jess Greenberg se queda muy lejos todavía de los cuarenta  millones de clicks del tema original de AC/DC. Pero le saca muchísimos cuerpos (y “cuerpo” sería una palabra clave aquí) de ventaja en visibilidad a todo el resto de versiones de este clásico del rock duro; algunas tan celebradas en Y outube como la de Maroon 5 (no llegan a trescientas mil ), la de Marilyn Manson (una casi mísera cifra de  noventa mil ) o incluso la de Bruce Springsteen con Eddie Vedder (rozando las cuatrocientas mil). La explicación al chorrazo de visitas del vídeo de Jess Greenberg salta tan a la vista que casi no es necesario señalarla: son los dos botones del escote que Jess decidió abrirse para pasar de ser la niña que con quince  años se grababa tocando una mojigata versión de Over the Rainbow de Eva Cassidy a la teenager voluntariamente emputecida de dieciocho que rasca la acústica a propósito de AC/DC.

Vamos, que no es cuestión de lo buena, pasable o mala que sea su versión (esta londinense ni siquiera toca especialmente bien la guitarra o canta más allá de lo aceptable). El vídeo se podría ver sin audio y para la gran mayoría de sus espectadores daría igual. Incluso una posición más de análisis de mise-en-scène de todos sus vídeos (fondos vulgares de habitación ligeramente despersonalizada, plano medio que casi siempre le recorta la cabeza y parte de la guitarra, la silla blanca o la cama bien hecha que a veces se intuye…) me parece desnaturalizada en este caso. No es el tipo de mirada que buscan estos vídeos, a no ser que la exégesis audiovisual repose en la idea del punto de fuga central permanentemente fijado en los pectorales de Jess, claro (el 99% de los comments siempre son sobre su escote).

Jess Greenberg es una de esas Youtube stars (también con web propia) cuyo principal activo es que es sexy, es guapa y es exhibicionista. Decidió conscientemente dar el paso hacia la edad adulta usando el atajo de la hipersexualización repentina, como tantas otras cantantes que empezaron muy jóvenes y cambiaron su imagen de niña a mujer a lo bruto y de la noche al  día (transformación a lo Miley Cyrus, pero en versión casera, para entendernos). Hasta ahí, puede ser incluso respetable: es su opción y que haga con su mayoría de edad recién estrenada lo que quiera. Sucede, no obstante, que la cosificación del cuerpo voluntaria, en este caso, dice mucho de las ideas que  la industria del pop ha inoculado en la mente de cualquier aspirante a estrella: además de mujer-cantante, has de ser mujer-objeto. También dice que Y outube, en muchos casos, es un escaparate de señuelos para pajilleros y que, tristemente, no hay mejor clickbait que un buen par de tetas.

Vale, ahora mira este otro vídeo:

De nuevo, repara en la cifra. Unos nada despreciables seis millones, casi siete, de visitas. No está mal. Comparado con Jess Greenberg es menos de la mitad, de acuerdo. Pero sigue siendo muchísima gente. Que una banda de robots (Compressorhead se llaman, también con web propia y hasta tour dates) atraiga tantos clicks gracias a una versión (¡sin voz!) de Ace of Spades de Motörhead es sintomático. Porque, de alguna manera, hay un cordón que ata a Jess Greenberg con Compressorhead. No se trata so lo de que ambos vídeos re-contextualicen canciones de música para malotes (y aquí podríamos hablar largo y tendido de cómo el heavy es el género que mejor acepta la parodia o la reinvención); tampoco del intercambio de papeles entre seres humanos que se muestran como objetos y objetos (máquinas) que se muestran como humanos. Se trata del mensaje que ambos emiten: nuestra atención como espectadores de Y outube cojea siempre hacia el voyeurismo. Hacemos mucho más caso de lo habitual a los que nos venden carne y a los que nos abren la puerta a una atracción de barraca de feria. No obstante, hay que reconocer que entre un vídeo de contenido sexual y otro de  contenido bizarro todavía hay diferencias fácilmente cuantificables: diez  millones de visitas más, concretamente.