Me ha llevado unos quince años descubrir que a quién me recordaba esta imagen de Jesucristo era Britney Spears. Recuerdo perfectamente que mi abuela tenía un cuadro con esta representación del hijo de Dios (en realidad, mi recuerdo es que era un póster y no un cuadro, pero algo me dice que no puede ser), y que había algo en él que me hacía pensar en alguien que conocía.

“It’s Godney, bitch!” – O Productora Audiovisual

Godney.

“It’s Godney, bitch!”

por Emília Fort

Hace un par de semanas pude, por fin, dar carpetazo a esta incógnita que me perseguía desde la adolescencia gracias a este morph que vi por ahí.  De entrada puede parecer un capítulo sin importancia en la vida de una persona, pero vale decir que seguramente este póster –definitivamente creo que era un póster, ¡mi abuela tenía un póster de Jesucristo!– es la única iconografía religiosa que he tenido más o menos cerca en mi vida cotidiana, con lo cual el descubrimiento fue revelador.

Lo curioso del caso es que me he dado cuenta de que esta imagen-enigma plantada en mi subconsciente me ha perseguido desde entonces en mi día a día, sobreviviendo al paso del tiempo. Me di cuenta, por ejemplo, de que en nuestra casa tenemos unos platos de plástico adquiridos en Los Angeles hace algunos años (ver foto) y que por alguna ley tácita son de uso único y exclusivo para comer pizza.

Pues bien, si ya me parecía algo preocupante haber descubierto que Jesucristo me recordaba a Britney Spears (en ese orden de relación), ni mencionar cuánto me sorprendió darme cuenta de que siempre comía pizza sobre la viva imagen de lo que para mí ya era Jesucristo Spears.

Entonces pensé que algo había hecho mal, que todo era responsabilidad de mi familia, que es manifiestamente atea y de mi educación, que ha sido siempre laica, y que no haber hecho jamás catequesis ni nada parecido me había convertido en alguien sin fundamentos. Lo bueno del caso es que ahí estaba yo al más puro estilo católico, echando mano de la culpa. En fin, en cualquier caso y una vez más, mi ignorancia me llevó a investigar.

Googleé “Britney Spears Jesuschrist”, tal cual, sin saber muy bien qué pretendía encontrar pero con la esperanza no estar sola en este mundo, y la primera entrada era una noticia del Times del 4 de noviembre de 2013: “Britney Spears Musical Tells Story of Jesus Christ”. Igual a estas alturas esto ya lo sabía todo el mundo menos yo, pero mi perplejidad aumentaba por segundos. SPEARS: The Gospel According to Britney  era un espectáculo de Broadway de una sola noche que narraba la vida, muerte y resurrección de Jesucristo a partir de las canciones de Brit. Stronger, One More Time, Crazy, Oops… I did it again. 

Bravo.

Al fin, todo tenía sentido para mí. Esa semejanza que años atrás no logré identificar no era ninguna chaladura. Está confirmado. Britney ha estado siempre allí y su estrecha y ahora ya oficial relación con Jesucristo ha sido incluso llevada a las artes escénicas. It’s Godney, bitch! Todo esto puede, y quizás debe, quedarse en algo anecdótico y superficial pero, eh, qué tranquilidad corroborar que el sistema funciona. Por fin puedo comer pizza en mis platos sin esa sensación de extrañez.

Aquí, un ejercicio rápido de comparación que demuestra que el parecido es innegable.

Plato de plástico adquirido en un 99 Cents Only Store en Studio City, LA.

“It’s Godney, bitch!” – O Productora Audiovisual

El cartel del exclusivo e irrepetible musical que recoge la historia de Jesucristo a partir de los hits de Brit.