GARABATOS DE REALIDAD
por Joan Pons

En estas que un martes cualquiera por la mañana nos plantamos Luis Cerveró y servidor en el Palau Robert. Nuestro plan no era tanto ir de exhibitions crashers que se cuelan en la sala 2 donde se expone hasta el 11 de junio La política retratada (tan ridículos no somos: la entrada es gratuita), sino convertirnos en dos infiltrados mudos de la excursión que el ilustrador Jordi Duró (uno de los comisarios de la muestra junto al politólogo Jordi Torrents) tenía programada para ese día y esa hora con sus alumnos del Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona Eina.

Como Jordi Duró es un sospechoso habitual de O, nuestra intromisión silenciosa fue bien recibida e incluso atendida con privilegios. Muchas preguntas (algunas realizadas in situ y otras a posteriori) surgieron de la contemplación y disfrute de las 200 viñetas de una cincuentena de autores que componen la exposición.

Estos cuarenta años de humor gráfico en España no solo representan nuestra realidad (política, social, económica, empresarial, cultural….la que quieras) a lo largo de cuatro décadas; también la interpretan, la cuestionan e incluso revelan verdades más hondas que las que se esconden en los textos periodísticos con los que comparten espacio.

Una viñeta en un periódico (o en un blog) es un garabato subjetivo sobre la realidad que, a veces, puede ser más profundo y epifánico que un artículo, un reportaje, una columna de opinión y hasta un premio de fotoperiodismo. Pero como son dibujos, pues quizá no tienen el mismo reconocimiento, como si su talla y calado fuera inferior. Esta exposición, pues, sirve de entrada para demostrar que esta apreciación es, como mínimo, falsa, vaga y apriorística.

Al final, de todas las preguntas que revolotearon alrededor de nuestra visita improvisada, nos hemos quedado con diez, cada una de ellas acompañada de las viñeta que la suscitó.

Las viñetas humorísticas en prensa, ¿tienen que servir para hablar de un solo tiempo y un solo lugar? ¿Hasta qué punto pueden leerse-descodificarse al margen de los titulares a los que acompañan?
Las viñetas, como se puede apreciar en la expo, son piezas de opinión por sí mismas. Cuanto más acertadas son, más perduran en el tiempo. Las que son realmente buenas llegan a trascender el titular del día, pero me atrevería a decir que casi todas sirven para explicar lo que realmente ha pasado. Los humoristas siempre han tenido más cancha porque seguramente no se les ha tomado muy en serio. Cuando se les ha tomado en serio, han salido muy mal parados los pobres.

¿Caduca el humor gráfico?
Los chistes caducan si el lector ya no entiende a qué hacen referencia; si se pierde el contexto que sirve para entenderlo. Hay un chiste clásico de Junceda para la revista ¡Cu-Cut! de 1905 que sale en todos los libros porque fue muy polémico y generó mucha violencia por parte de los militares. Hoy no lo entendemos sin una nota a pie de pagina de diez líneas. Ya no funciona como humor. Sirve para ilustrar lo molesto que es el humor para cierta gente, eso si.

En cambio, te puedes encontrar un chiste sin palabras de Cesc donde una señora riega las flores del vecino porque ya le llegan a su ventana que sigue funcionando. Hay cosas que retratan la condición humana y te arrancan una sonrisa; otras sirven para entender un momento histórico, que también es útil.

¿Qué viñetas te fue más difícil conseguir para la exposición? ¿Por qué?
Encontrar viñetas sobre el conflicto vasco fue difícil. Por un lado, los autores no parecían estar satisfechos con su propio trabajo. Y por otro, lo que encontrábamos disponible no tenía la misma calidad que tenía el resto. Aunque la expo parte siempre de un titular de prensa y no es una antología de mejores viñetas, queríamos mantener unos mínimos de calidad. Costó más, pero al final conseguimos piezas muy lúcidas sobre un tema tan duro como el terrorismo, que ha estado siempre presente en nuestra Historia reciente. Del signo que fuera.

¿Por qué conectamos ahora más con el humor negro y un poco bestia de Chumy Chúmez que con otros de sus autores de su misma generación?
J.L Martín explica en el audiovisual que se puede ver en la expo que su generación hacía un humor políticamente esperanzado y que él ahora no lo haría. El humor de Chumy es muy duro. No hay moralina ni redención. Desde mi punto de vista, es vigente porque te deja espacio para cerrarlo con tu propia opinión. No intenta convencerte de nada, y eso hoy casi se agradece y todo.

Si no me equivoco, hay solo cuatro mujeres dibujantes en la expo (Flavita Banana, Núria Pompeia, Raquel García y Mery Cuesta). ¿Por qué crees que hay tan pocas?
Había pocas humoristas, pero muchas ilustradoras. Supongo que debía ir asociado con la dificultad de la entrega diaria, cotidiana, al cierre del diario y que no era un trabajo conciliable con nada. Las proporciones hoy van mejorando y espero que el tema de la paridad quede atrás, aunque preparando la expo hemos visto que sigue dolorosamente descompensado.

Flavita Banana, por ejemplo, me parece una observadora formidable y creo que se había ganado el respeto de todo el gremio incluso antes de haber publicado su primer libro. Creo que entiende muy bien el medio digital y sabe sintetizar lo necesario. En sus viñetas todo está mucho más pensado de lo que aparenta. Hoy lo pensaba y he caído que sólo hay dos personas que me hayan hablado jamás del dibujante francés Chaval: Juanito Wau (del grupo Wau y los arrrghs!!!), que sabe un rato de dibujantes, y Flavita. No puede ser casualidad. Muy grandes los dos.

¿El humor gráfico ha de compartir la línea editorial con el medio en el que se publica? ¿Hay libertad de opinión, como puede existir con algunos columnistas?
Nos hemos dado cuenta de que muchos dibujantes no necesariamente comparten línea editorial; de que tenemos preconcepciones sobre lo que podemos esperar de cada medio y en realidad las viñetas van por libre (las de Ricardo en El Mundo son un buen ejemplo). Es una combinación de dos elementos: por un lado, el dibujante da la vuelta al enfoque editorial de su publicación y lo cuestiona. Por otro, el humorista se siente obligado a morder sin mirar dónde. Como dice Manel Fondevila en el audiovisual, se debería mirar el conjunto de la obra de cada uno antes de sacar conclusiones.

¿Sirve esta exposición también para redescubrir-reivindicar a algunos dibujantes olvidados?
Oli y Máximo, por ejemplo, merecen ser revisitados tanto por el volumen de trabajo que realizaron como por su calidad. Creo que Oli conectaría muy bien con el lector de hoy con su dibujo amable y su mensaje a menudo cáustico. Máximo es tal vez demasiado filosófico para tener un gran público, pero a mí me parece un maestro. Como autor, seguramente me siento más cerca de Máximo que de los demás. No tanto por su uso del dibujo, sino por la reflexión que tiene y que pide su trabajo. Además me parece un señor muy sensato, como mi admirado Cesc.

Jaume Capdevila me comentaba que la tragedia del humorista es que, una vez deja de publicar a diario, desaparece del todo para el lector; desaparece de su entorno cotidiano. Excepto casos puntuales, como Cesc o El Perich, que han sido revisitados a través de libros, el resto van desapareciendo del imaginario colectivo.

Y en paralelo: ¿sirve esta exposición para descubrir también a humoristas gráficos de otros entornos u otros medios menos generales o más locales?
Preparando la expo hemos descubierto a dibujantes maravillosos como Esteban, que tiene una línea exuberante como la de Mingote y que publica en medios que no suelo leer (Diario de Sevilla, La Razón o incluso publicaciones del ejercito). Tal y como he dicho, si no te lo dijera yo no sabrías cuáles son: la viñeta encapsula solamente la opinión de su autor, no del medio. También me ha gustado mucho descubrir a Pepe Carreiro, que cambia de registro para cada publicación y que para A nosa terra adquiere una línea clarísima, muy arraigada en Castelao, pero muy contemporánea a la vez.

La viñeta más actual: ¿Cómo de rápido la descubriste y luego conseguiste? Respecto a los medios digitales o blogs personales: ¿se consumen igual sus viñetas que en papel?
Algunos temas muy concretos, como los derechos de los transexuales, por ejemplo, han costado mucho. Ese entró en el último momento porque Javirroyo opinó sobre el autobús de marras.

En el entorno digital, el humor es el mismo, pero desaparece el contexto. Es decir, el dibujante ya no puede contar con un editorial y unos artículos que acompañan y dan matices a su pieza y a los que incluso puede cuestionar. Ahora su viñeta se comparte por sí sola y debe poder aguantar lecturas por parte de gente muy alejada política y culturalmente del tema que trata… Eso limita bastante las opciones del humorista.

¿Qué hay que pedirle al humor gráfico? ¿Estilo en el dibujo? ¿Contenido al margen del dibujo? ¿Las dos cosas? ¿Mensaje claro? ¿Minimalismo, como Campaña de Javier Jaén) ¿Es mejor un dibujo chocante, un chiste impactante o una opinión bien formulada?
Esa pregunta te la respondería de manera diferente cada uno de los autores. Y ahí está la gracia: en que cada autor tiene una voz propia. El autor dispone de la palabra y del dibujo. Es decir, dispone del doble de posibilidades que un pintor o que un escritor… De entrada, ya dispone de una una riqueza enorme si se sabe aprovechar ese potencial.

Dicho esto, yo soy parcial respecto a los chistes sin palabras. Un día charlando con el maestro Ferreres me dijo que eran los más agradecidos porque el lector los completaba en su cabeza y que eso creaba una complicidad íntima con el autor que era difícil de superar.