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O Magazine
2015-2017

DIÁLOGO:
DAVID BOWIE / NASA

 

Por Joan Pons

Es muy fácil imaginar el diálogo de esta sección porque todos ya lo hemos escuchado e interiorizado gracias a la letra de Space Oddity: Ground control y el Major Tom pegando la hebra en un registro técnico-existencialista-interespacial, giro dramático rollo “Houston tenemos un problema” y coda final poética flotando en el espacio. Si a alguien esta canción le pilla muy joven, que recuerde el vídeo que grabó el astronauta canadiense Chris Hadfield hace un par de años (seguro que una de las veintiséis millones de visitas que tiene en youtube es vuestra). Los más veteranos, incluso la muy madrugadora versión spanish bizarro de los Hermanos Calatrava nos sabemos ya. Pero, por si acaso, recuperemos este monolito de la historia del pop, venga:

Los tres enlaces de aquí arriba pertenecen, respectivamente, a la versión proto-videoclip de 1967 (poco vista), a la célebre de 1972 y a un remix que se realizó en 2015 con imágenes de la película Gravity insertadas; esta ocurrencia, no por obvia, no podría ser más acertada: durante todo el visionado de la película de Alfonso Cuarón estuve tarareando para mis adentros aquello de “planet Earth is blue and there’s nothing I can do”.

De hecho, creo que no solo Gravity es una clara correspondencia entre los blockbusters ci-fi hollywoodenses de los últimos años y los hits añejos de Bowie. Dejando de lado estimulantes propuestas recientes más lo-fi como Moon de Duncan Jones (el hijo de… sí… Bowie), un film como Interstellar de Christopher Nolan ya era muy Starman: Matthew McConaughey intentando establecer contacto con La Tierra es aceptablemente resumible como “there’s a starman waiting in the sky, he’d like to come and meet us but he thinks he’d blow our mids. Y Marte, de Ridley Scott, pide a gritos que suene Life on Mars en su banda sonora… aunque la que sí suena enterita, entre los molestos subrayados de algodón de azúcar de la BSO de Gregson-Williams y los sorprendentes rescates de clásicos de la música disco, es… Starman (vaya, me equivoqué en el juego de parejas).

DIÁLOGO: DAVID BOWIE / NASA – O Estudio Creativo

De alguna manera, la ci-fi del Hollywood actual (al menos la que habla de los desafíos presentes de la carrera espacial, del papel del ser humano ante la inmensidad del cosmos y de los grandes interrogantes de la fanta-ciencia) está cumpliendo el mismo rol con el gran público que, años ha, cumplían las canciones de Bowie: ofrece un imaginario pop que apela a todas las preguntas que nos hacemos cuando levantamos la cabeza hacia las estrellas. Por supuesto que en los años en los que Bowie publicaba estas canciones había películas parecidas a estas actuales que partían de la especulación científica clavando la vista en el espacio. Pero el Hollywood de hoy incide en el componente de cosmos-espectáculo, de golosina estética, de “vais a fliparlo” y de discurso rebajado para las masas (quien espere rigor avant la lettre o respuestas sólidas a grandes cuestiones en estas películas, va listo: si no las dieran seguramente tampoco las entenderíamos) que es, básicamente, pop.

Aquellas canciones de Bowie, permitían a cualquier vecino de la Tierra fantasear durante unos minutos con la idea del viaje espacial, con la gravedad cero, con la vida en otros planetas; se tenía una revelación, más o menos superficial, más o menos profunda, de la insignificancia del ser humano en el universo y, una vez se acababa, pues a otra cosa mariposa. Eran una espoleta tarareable y bailable que activaba nuestra imaginación por un breve periodo de tiempo. Exactamente lo mismo (aunque en este caso durante dos horas, vale) pasa con Gravity, Interstellar y Marte: son estímulos de impacto limitado que nos ponen en disposición de sentir el vértigo de las grandes preguntas sin respuesta como si se tratase de subirse a una atracción.

¡Un momento! ¿He dicho “impacto limitado”? Pues me desdigo. Quizá el poso reflexivo que dejen estos films y estas canciones en el gran público sea relativamente poco, pero el impacto formal al que someten a un espectador raso es definitivamente mucho. Y eso, por narices, deja un sedimento mucho más relevante del que parece. Nuestra percepción se altera cuando escuchamos los efectos especiales (prodigios del stereo mediante) y orquestaciones de fantasía de las canciones de Bowie. De la misma manera, cuando vemos Gravity, Interstellar o Marte nos exponemos a una serie de recursos de estilo audiovisual tan poco mainstream como que el raccord desaparezca y no sepamos que es arriba y abajo, izquierda o derecha (cosas de la gravedad cero), que una secuencia pueda estar filmada en completo silencio sin ni siquiera audio de ambiente o que alguien se atreva a poner en imágenes un pasillo inter-dimensional. Que todo este arsenal de prodigios del lenguaje cinematográfico esté al precio de una entrada de multicines y que, encima, al espectador, no le parezca raro, es un hito de la I+D (+a) audiovisual que no habría que pasar por alto.

Si la NASA dejó un legado de 6.300 patentes en ciencia, tecnología y, pongamos, “cosas de la vida” que hoy forman parte de nuestro día a día (el velcro, los cristales de gafas irrompibles, las plantillas para los pies los pañales desechables…), la herencia cultural de estas canciones y estos blockbusters, de aquí a unos años, debería ponerse en valor con similar reconocimiento y admiración.