Tipografía subversiva

Por Javier Calvo

Cuando, en 2009, el estudio de diseño Trine + Kim inauguró su exposición Metal Artwork en Oslo, en el antiguo emplazamiento de la legendaria tienda Helvete, el evento tuvo una relevancia especial. La estética del black metal volvía a su cuna convertida en manifestación artística global, esgrimida por músicos y fans de todos los géneros musicales, popular de una forma que no solamente nunca quiso ser, sino que mataría del disgusto a sus fundadores si no hubieran estado ya muertos. En todo caso, certificaba la existencia de un arte black metal: un corpus de obras creadas durante tres décadas que ya constituían un canon. Algo a replicar hasta el infinito en portadas y pósteres, logos y performances, pintura facial y videoclips. En la última década ha habido exposiciones de arte black metal en ciudades de todo el mundo. Artistas y cineastas, desde Harmony Korine hasta Ben Rivers, lo han homenajeado. Hay millones de parodias, miles de diseñadores especializados en producir “arte” en serie para bandas y discos de metal extremo.

El logo de las bandas de black metal se ha convertido en un género en sí mismo. Su naturaleza extrema, casi ilegible, refleja la naturaleza extrema, casi inaudible, de la música. Por un lado, el extremismo del logo –violento y a la vez hermético, agresivo y opaco– es “prueba de autenticidad” del extremismo de la banda. Por otro lado, es un testimonio emocional. Si la piedra fundacional del black metal es el sufrimiento y la rabia del misántropo, los logos transmiten desolación de una forma que cuesta no asociar con la tradición escandinava del melodrama trágico: letras como espinas, como arañazos brutales, como heridas, como salpicaduras de sangre, como cruces invertidas, como telarañas, como inscripciones ornamentales de códices, como runas, como símbolos ocultos. Melodrama y goticismo. El artista británico James Stone, especialista en “tipografía subversiva” y logos de metal extremo, admitía en un taller reciente que usa como inspiración para su trabajo el Libro de Kells.

La transformación de la grafía en dibujo, su cancelación como signo, el ocultamiento de su significado, tiene una larga tradición en la filosofía oculta. A fin de cuentas, la ilegibilidad es sinónimo de hermetismo. Pero además, en esta práctica ocultista confluyen otras tradiciones: la caligrafía medieval y el manuscrito iluminado; el sigilo renacentista de Giordano Bruno, donde el trazo mismo cobra vida independiente como ayuda mnemotécnica; el símbolo alquímico, astrológico y religioso; el sigilo mágico de Austin Osman Spare y el caligrama vanguardista, que tiene sus raíces en la dispersión textual simbolista de Mallarmé, primo hermano espiritual del Amanecer Dorado.

En el caso del logo de black metal, sus elementos de puro sigilo no alfabético, de dibujo mnemotécnico-alquímico, se ven apenas contrastados por unas cuantas normas que cada vez remiten menos a la tipografía y más a una serie de leyes dictadas por la propia tradición: la simetría respecto a un eje horizontal, la deformación de las letras primera y última para convertirlas en reflejo la una de la otra, la tendencia al ideograma, la implementación de ligaduras y la sumisión a la forma geométrica (pentáculo). El resultado es cada vez más abstracto, de los logos pioneros de Mayhem y Darkthrone a los arabescos ininteligibles de bandas neo-black metal como Xasthur. Más elemento ceremonial que logo de banda. Un sigilo del que sacar energía negativa. Solo para iniciados, por supuesto: el resto de la población no conoce su lenguaje oculto.

Adivina el nombre de los grupos (soluciones debajo)

1. Darkthrone, 2. Mayhem, 3. Drautran, 4. Eviscerator, 5. Gurglectomy, 6. Gutural Death, 7. Ichor, 8. Overdose, 9. Pathology, 10. Xasthur, 11. Utter, 12. Prosanctus Inferni, 13. Averse & 14. Bloodbath