Tinder y las infinitas caras a la venta

Por Víctor Navarro Remesal

No, no, otra, otra, siguiente… Y así podríamos resumir, si nos ponemos cínicos, el amor en tiempos del enjambre digital. Tinder sería como Next, aquel dating de la MTV, pero desde la seguridad del sofá. Marca una distancia (más de Amazon que de mercado de esclavos) que este GIF reduce magistralmente al absurdo: incluso cuando estamos frente a frente se impone la lógica de la interfaz digital.

Dice Sherry Turkle, en Alone Together, que esperamos más de la tecnología que de los otros porque los otros implican riesgo. Preferimos consumir a conocer aunque eso nos lleve a la soledad. En este GIF Él no la ve a Ella: ve la promesa de un mundo-supermercado en el que todo, hasta los ligues, se repone sin límites. Ella no es una, sino infinitas unidades: un humano cosificado en serie. Hoy todo es una commodity.

Más allá del chiste o la crítica, hay en este GIF cierta angustia que me obsesiona: el melodrama en la cara de Ella contrasta, en un potente desencuentro, con la abulia del gesto de Él. Esa cara, por otra parte, parece una máscara (pienso en Mishima) que se resiste a irse, que no quiere o no puede destapar a la Ella real. A lo mejor a todos se nos han pegado nuestras máscaras virtuales (Lynch aplaudiría este giro freudiano a lo siniestro).

Como la mayoría de GIFs, este parece no tener autor, lo que es una reformulación involuntaria del pop art. La ilustración no es de Lichtenstein (solo lo parece) y gracias a TinEye descubro que viene de la librería de stock CSA Design. Quiero creer que la animación la añadió alguien poseído por el espíritu de Lichtenstein, quien sin duda se hubiera divertido con el melodrama a golpe de swipe de nuestros tiempos. Sigamos su (imaginario) ejemplo: a fin de cuentas, nunca hubo un pasado en el que fuéramos mejores, y no es más superficial un swipe left que pedir rollo a ritmo de King Africa.