Diálogo

Anton
Corbijn

El fotógrafo fotografiado
Por Violeta Kovacsics

Dennis
Stock

Anton Corbijn hizo fotos. A músicos. Retrató a Nick Cave. Y a Joy Division. A Ian Curtis, cantante de Joy Division, incluso lo retrató en una película, Control.

Dennis Stock también hizo fotos. Entre ellas, se encuentra una serie de instantáneas de James Dean cuando ya no era un desconocido pero aún no era el astro que alcanzaría a ser. Stock no dirigió ninguna película, aunque trabajó en el cine, haciendo las fotografías de Rebelde sin causa. Así, a través de Nicholas Ray, conoció a Dean. Así, Stock se ha convertido en sujeto de otro retrato, el que Anton Corbijn hace de él y de Dean, y del encuentro entre ambos, en su película Life. Y así, nuestra historia se convierte en el retrato de dos retratistas y empieza, cómo no, con una instantánea.

1.

Hay un retrato de Anton Corbijn en el que se le ven las canas y las arrugas, como texturas ineludibles que muestran el paso del tiempo. También, como surcos que evidencian el blanco y negro. Es una foto de contrastes fuertes, en la que el pelo y el abrigo rodean el rostro como un manto oscuro. La cara de Corbijn no es resplandeciente. Sí lo son sus ojos, que miran ligeramente arriba, a un lado, con una curiosidad extrañamente tranquila. Esa es la mirada de Corbijn. En la fotografía en cuestión, pero también en su propio arte. Esa era quizá la principal seña de identidad (a la par que uno de sus puntos flacos o, más bien, extraños) de sus dos películas de (no)acción, El americano y El hombre más buscado, sendos relatos de intriga y espías que se construían mediante un tono apagado.

2.

Algo de todo esto hay también en los retratos que Corbijn hizo de artistas como Miles Davis o Nick Cave, en los que el rostro es también textura. Corbijn realizó su primera película, Control, en blanco y negro, como si quisiera preservar las tonalidades de las instantáneas que en su día tomó de Joy Division.  Sus retratos fotográficos no son como los de Dennis Stock, aquel que inmortalizó al actor de Rebelde sin causa para luego realizar una serie de retratos a artistas de jazz y convertirse en uno de los nombres más importantes bajo el paraguas de Magnum. En las imágenes de Corbijn no tiene por qué haber un contexto definido y, menos aún, cotidiano, sino que se basta con el rostro y el cuerpo del artista, y con una puesta en escena a veces artificiosa (en su retrato de Tom Waits, por ejemplo). El Dean que muestra Stock, sin embargo, es un Dean envuelto en una lluviosa y gris Nueva York, o rodeado del paisaje fangoso, rural y doméstico de la granja donde se crió.

3.

Ya mayor, Stock dejó en ocasiones algunos comentarios en Lens, el blog sobre fotografía del New York Times. Un día, escribió por ejemplo: “The goal for the photographer is to be visually articulate. If the subject is in a suffering circumstance, it is all the more preferable to apply craft to the utmost. Call it art or not, we photographers should always try to pass on our observations with the utmost clarity”. Su viuda, Susan Richards, comentó en una entrevista al New York Times que no reconocía a su marido en la interpretación que Robert Pattinson hace de él en Life. De la misma manera que Control no dejó contentos a algunos. Quizá porque las dos películas que Corbijn ha dirigido en torno a una figura real, y que sin embargo se alejan inexorablemente del biopic más convencional, son como sus fotografías de músicos. Son el retrato de un artista, más que el relato de una vida.

4.

Corbijn siempre admiró a Stock. De hecho, Life es un retrato tanto de Dean como del fotógrafo. La ilustración de sendas profesiones que se topan constantemente con la fama. El grueso de la película es, de hecho, la lucha de Stock por poder capturar aquello que quiere de Dean. Por encontrar algo especial. En Life, quizá más que en Control, Corbijn sigue siendo fotógrafo. La película se abre con el detalle de la bombilla roja de un cuarto de revelado. La luz parece algo abstracto. Y la luz, precisamente, la materia prima con la que Stock y Corbijn se hicieron fotógrafos, es precisamente lo bello de Life. Es la esencia del retrato. El paisaje donde Corbijn sitúa a Dean no es el glamuroso Hollywood, sino una Nueva York gélida y una Louisiana agreste y conservadora. La fotografía le va a la par, pues las tonalidades de Life no son otras que las del desencanto.

5.

Evidentemente, Corbijn nunca fotografió a Dean. Sí que lo ha retratado en Life, donde Dean es un artista que no dice serlo y que tiene miedo de encajar en una estructura que le es completamente ajena. Y luego hay otro retrato, el de Stock, que precisamente quiere ser artista y que se le reconozca. Él es el retratista retratado. Ambos representan dos maneras distintas de acercarse al arte, a la creación, al estrellato, a la fama. En el fondo, la película, con sus tonos apagados y su gusto exacerbado por salir del biopic y del anecdotario se corresponde con las fotografías de Corbijn, como aquella en que Morrissey aparece serio, con una actitud relajadamente juvenil. También entronca con algunas de las imágenes de Stock: aquella que capturaba el cuerpo torcido de Thelonious Monk al piano, o aquella en la que de fondo se observa el rostro tenso de Gerry Mulligan mientras sopla el saxo, o aquella en la que Marilyn Monroe se perdía en la mirada. Se trata del retrato y la observación sobre el artista, capturados “de la manera más clara”, que diría Stock.