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O Magazine
2015-2017

Waterloo Sunset.

50 años de un himno melancólico

de clase trabajadora

Existe toda una trama en la historia de la música de los sesenta que une a las “canciones que se escribieron por emular/responder/esquivar a los Beatles”. Todo el mundo sabe que Brian Wilson quedó tan noqueado por Rubber Soul que sufrió una crisis nerviosa y a la mañana siguiente se levantó, fue al piano y escribió casi del tirón God Only Knows junto a Tony Asher; el principio de una cosita llamada Pet Sounds. A Ray Davies también le rondaba una canción que pensaba titular Liverpool Sunset. Pero entonces escuchó Penny Lane y de pronto la idea de hacer otra oda de amor a la ciudad del Mersey, sobre todo siendo uno de Londres, parecía ridícula. Cuando por fin cristalizó, el tema se llamó como ahora sabemos que siempre se debía haber llamado, Waterloo Sunset.

La canción acaba de cumplir cincuenta años y, como muchos grandes temas de esa década, jamás alcanzó el número uno. En su caso porque se lo arrebató A Whiter Shade of Pale de Procol Harum. Está en buena compañía: My Generation, Brown Sugar, Wild Thing de los Troggs y la propia Penny Lane también se quedaron en el dos –consultar charts de la década nunca deja de provocar la misma sensación de incredulidad al ver los temazos que competían los unos contra los otros y que debían sonar en la radio con la frecuente naturalidad de un Despacito–.

Davies es famoso por su storytelling, por inventar personajes como el pavo real de Carnaby Street de Dedicated Follower of Fashion, el hombre recto de la City de A Well Respected Man, o el transexual con labios de cherry cola de Lola. Y también por capturar en sus letras perfectas viñetas de (suave) sátira social y afectuoso rapapolvo a la Little England, como en Sunny Afternoon o casi todo el Village Green Preservation Society. Pero aquí utilizó la primera persona, algo menos habitual en él: “I don’t need no friends / as long as I gaze on Waterloo Sunset / I am in Paradise”. En los años que han pasado desde que escribió la canción, el Kink-en-jefe tampoco ha intentado esconderla como un ejercicio de vaga autoficción. “Aunque soy un observador en la canción, de muchas maneras va sobre mí. Acababa de tener una crisis de ansiedad y, aunque todavía no era un desastre balbuceante, me sentía vulnerable y el río me parecía una fuerza protectora. No enseñé la letra al resto de la banda por si se burlaban. En lugar de eso, se la toqué a mi sobrina Jackie y a mi hermana Rosie y, cuando les dije que no quería que fuera un single, parecieron entenderlo”, contó el compositor a The Guardian hace unos años.

Las mujeres de la familia Davies están en el origen de la canción, según explicó en el mismo artículo: “En la generación de mis hermanas, la anterior a la mía, se esperaba que ellas se casasen, trabajasen en fábricas o hicieran trabajo manual. No se suponía que pudieran destacar como individuos, así que escribí la canción para ellas”. Por aquella época una de sus hermanas acababa de emigrar a Australia en busca de sus propios “sunny afternoons”, con su marido y su hijo Terry. Así que no, los dos amantes que se encuentran en la estación de Waterloo cada viernes, Terry y Julie, no son Terence Stamp y Julie Christie, como entonces creyó mucha gente. Los dos actores, que ese mismo año protagonizaron la adaptación de Lejos del mundanal ruido, encarnaban los Swinging Sixties y tenían poco que ver con los novios melancólicos de la canción que, probablemente después de su cita, vuelven a coger el tren que les lleva a sus ciudades dormitorio.

Durante la grabación de la canción, los dos hermanos Davies estuvieron compenetrados como nunca, como reconoce el propio Ray, con la guitarra delicada de Dave puntuando la voz frágil del cantante. El batería Mick Avory también recuerda sentirse transportado desde la primera escucha. “Pude imaginar la escena. He hecho ese mismo paseo que hizo Ray y hay algo poderoso en ver el atardecer sobre Waterloo. Al contrario que muchas partes de Londres, no está escondido detrás de los edificios. Hay un espacio, así que puedes ver un enorme sol rojo reflejado sobre el río”, contó. ¿Existe un placer más barato que la contemplación urbana?

Hace unos cinco años, la historiadora Christine Wall reveló un hecho desconocido sobre el puente de Waterloo, que fue levantado en gran parte por mujeres durante el Blitz, el periodo de bombardeos nazis sobre Inglaterra. Se calcula que en los años de la guerra, unas veinticinco mil mujeres trabajaron como albañiles y peones en el sector de la construcción en Reino Unido, cobrando menos de lo que habían cobrado los hombres que se fueron al frente y con la certeza de que, en cuanto estos regresaran, perderían sus trabajos. Si la noticia, o el documental que se hizo sobre el tema, The Ladies Bridge, alcanzaron a Ray Davies, sin duda le hizo sonreír. Por algo él escribió la canción para las chicas de clase trabajadora que habían llegado tarde a los sesenta.

Por Begoña Gómez Urzaiz
Ilustración por Conxita Herrero