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O Magazine
2015-2017

ENTREVISTA A

 IAN SVENONIUS

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“El rock’n’roll se ha convertido
en un sustituto de los ideales políticos”

por Nando Cruz

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Ilustración por Juaco

ENTREVISTA A IAN SVENONIUS – O Estudio Creativo

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Incluso sin haber dormido las horas necesarias, una conversación con Ian Svenonius siempre será más jugosa que con el 90% de rockeros en su día más lúcido. El fundador de Nation Of Ulysses y The Make-Up, entre otros grupos, y autor de libros como The Psychic Soviet, Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock y Censorship Now! no necesita cuerda para lanzarse a hablar de rock’n’roll, geopolítica, Pussy Riot y Calvin Johnson.

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Ian Svenonius está alojado en la Residencia Erasmus del barrio de Gràcia de Barcelona. Las habitaciones cuestan cincuenta y cinco euros y no tienen teléfono, así que el recepcionista me recomienda subir a la 212 y llamar a la puerta si quiero dar con él. Llamo y me abre el propio Svenonius. Lleva un pantalón blanco, el pecho descubierto y una toalla con la que se está acabando de secar la cara tras afeitarse. Lo tengo tan a mano que estoy tentado de tirarle de ese icónico pelazo negro y rizado para comprobar de una vez por todas si es real o es una peluca. Pero, claro, eso daría al traste con la entrevista, así que me contengo y quedamos en recepción dentro de unos minutos.

Son las tres y media del mediodía y acabamos sentados en la barra de uno de esos bares hipsters que están infestando la ciudad. Uno de esos que anuncian sus productos directamente en inglés. Con un café para cada uno nos basta, aunque al poco rato Ian pide también agua. “¿Natural?”, pregunta el camarero. “Yes, natural”, responde Svenonius. “Puede ser del grifo”, me añade. Y yo se lo traduzco al camarero. “¿Es normal en Barcelona, pedir agua del grifo en un bar?”, me pregunta, algo inquieto por la mirada que le ha echado el camarero. Le respondo que no, que si pides agua del grifo en según qué bares te miran como a un indigente y que hemos llegado a tal punto que hasta en los restaurantes de alta montaña, donde el agua es fresca y buenísima, insisten en servírtela en botella. Y cobrártela, claro.

Pero, vamos, que no habíamos quedado para hablar de la industria del agua embotellada. Aunque con Ian Svenonius nunca se sabe…

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Antes que nada, necesito preguntarte por qué haces música.
Es como jugar con magia. El escenario es un espacio que no existe en el mundo real: es un contenedor de ideas y bromas, un lugar en el que pueden coexistir ideas serias, bromas y sueños. Mucha gente no lo entiende y quiere que las cosas estén definidas de una forma muy específica.

Prefieren que sean ideas serias o divertidas, pero no ambas cosas.
Exacto. No entienden que todas estas cosas coexisten en una combinación misteriosa. Una actuación musical no tiene que ser lógica, no tiene por qué tener un principio o un final. Puede tener una trama, pero puede no tenerla. No necesita tener una forma concreta. Pero al mismo tiempo es pop y tiene un público real. A diferencia de la literatura o el teatro, la música conlleva la idea de comunidad. Y la música no tiene que ser buena para ser buena.

¡Esta sí que es buena! Pero, ¿qué hay de la intención, del propósito?
Al principio, para mucha gente es alentar cierta estética o escena. Cuando montas una banda todo se centra en ese grupo de amigos, en expresar tu visión del mundo y protestar contra la narrativa oficial. Pero conforme pasa el tiempo cada vez es algo menos vinculado a tu comunidad.

Además de grabar discos, has reflexionado mucho sobre el rock’n’roll y has escrito artículos críticos sobre él. ¿Ni siquiera de joven te sentiste atraído por esa idea de que el rock’n’roll era un arma de rebeldía?
No. Nunca pensé en el rock’n’roll como un arma contra el sistema. Hubo una generación que decía que el rock’n’roll era la rebelión contra el statu quo, contra cierta percepción moral, ciertas ideas sociales y cierta estética relacionada con Frank Sinatra y demás. Pero yo crecí cuando el rock’n’roll ya era la forma de expresión cultural oficial. Para mí, el rock’n’roll nunca fue algo rebelde. El punk sí lo fue. Al menos, el que yo descubrí. El straight edge, el hardcore, la introducción de la política en la música, la estética…

¿Fuiste punk antes que marxista? ¿En algún momento viste en la música un potencial político?
Debo aclarar que siempre me ha gustado el rock’n’roll. Nunca renegué del rock’n’roll porque me gustase el punk. Por otro lado, mi visión política es mucho más intuitiva y emocional. No soy un intelectual. No soy un experto en Marx. Simplemente odio a los ricos. Me ofenden y protesto contra sus políticas, su dominio de los medios de comunicación y todo lo que concierne a las clases dominantes. Vamos, que mi línea política es bastante brusca y basada en el odio. Cuando yo digo que amo a Cuba es porque los norteamericanos no pueden invertir allí. Obviamente, hay más aspectos que hacen de Cuba un país admirable, pero mi admiración parte de ahí. La gente debería rechazar la explotación. Y cuando los capitalistas pueden tenerlo todo y reconstruir el mundo a su antojo pero, por otro lado, ves que hay un país donde no pueden meter la mano, eso me hace feliz. Insisto en que mi política es totalmente primitiva, emocional e intuitiva.

Y esa intuición te llevó a entender que el rock’n’roll no iba en la misma dirección que tus ideales políticos. Por ejemplo, en lo de odiar al rico.
El rock’n’roll siempre fue una paradoja. Y eso siempre me atrajo. Siempre hablo de él y lo critico. Es lo que los comunistas llaman autocrítica: cuando tú no aceptas la narrativa triunfalista. En Estados Unidos todos dicen que el rock’n’roll es de los rebeldes, que inventó el sexo y la libertad. Yo observo ese relato y digo que tal vez sea un poco simplista y estúpido.

Y propones profundizar un poco en ello, leer sobre ello…
…O simplemente hablar de ello. Me interesa mucho, por ejemplo, conocer la respuesta de la Unión Soviética al rock’n’roll y la cultura occidental. Cuál fue su defensa frente a este misil. Porque la cultura siempre se utiliza de múltiples formas. Al principio nace como una forma de rebelión de la gente pobre, blanca o negra. Pero después, está más relacionada con ser guay. Y en cierto momento el rock’n’roll pasa a ser totalmente corporativo e incluso en la historia del punk deja de existir la autocrítica. Pero tanto el jazz como el rock’n’roll fueron utilizados en todo el mundo como misiles culturales de infiltración. Se hicieron películas cuyo argumento era “¡qué grandes somos los rockeros porque liberamos el mundo!”. ¡Y eso es basura! Bueno, tal vez no lo sea del todo, pero lo parece. Es una visión simplista y estúpida y cuando ves que la historia se escribe desde una sola perspectiva tal vez sea más interesante intentar examinarla desde otro punto de vista.

Dices que desde el homo sapiens la humanidad ha estado preocupada por qué vendrá después, pero que en los últimos tiempos la esperanza ha sido sustituida por la imagen de un abismo. Quisiera preguntarte cuánto tiene que ver el rock’n’roll con esa tendencia.
Mucho. El rock’n’roll se ha convertido en un sustituto de los ideales políticos. Al ser algo internacional que aún se concibe como relacionado con la rebeldía, mucha gente cree que estando en un grupo de rock’n’roll ya está ayudando a construir un mundo mejor. Y esto es así especialmente en el punk. El punk, al final, es un sustituto del activismo político. El punk alberga a menudo esa idea arrogante de “nosotros somos mejores porque sabemos de qué va todo esto realmente”. Y eso aún es más absurdo con los grupos de punk anarquista porque esos no hacen absolutamente nada.

¿Ni siquiera confías en los grupos de punk anarquista?
Hay algunos grupos de punk anarquista que me gustan: Crass y bandas de ese rollo. Pero ya sabes a lo que me refiero: el fenómeno crustie y toda esa gente que cree que no forma parte del sistema.

Mucha música propone que la gente sueñe. El último disco de Coldplay se llamaba A Head Full of Dreams, aunque me temo que ese tipo de mensajes son más una píldora para olvidar el presente que un incentivo para intentar mejorar el mundo en que vivimos.
El rock’n’roll es una droga. Siempre lo ha sido. La música es una droga.

Pero hubo una época en que la música era considerada un peligro. ¡John Lennon estuvo vigilado por el FBI! ¿Sabes de algún músico que haya sido investigado por la CIA o el FBI desde entonces?
Solo la gente que no cree en el arte considera que los artistas pueden ser gente muy peligrosa. Por eso los gobiernos de países en los que existen dictaduras tienen leyes que desarrollan distintos tipos de censura. Todo el mundo reconoce el poder del arte excepto los artistas y los consumidores. Ninguno de ellos comprende el poder de lo que tienen entre menos. Creen que todo es una interpretación. ¿Me entiendes?

Te entiendo, pero no sé si estoy de acuerdo. En países con censura el arte puede ser peligroso, pero en el mundo capitalista no sé si una banda o un músico podría serlo.
Lo que dices es que es la censura lo que convierte a un grupo en peligroso.

Exacto.
Esta es la tesis de mi libro Censorship Now!. La idea que desarrollo es que todo es equívoco en el mundo capitalista. Cualquier concepto puede ser impreso en una camiseta. Todo es guay y por eso todo arte se convierte en inocuo. Esa es la gran trampa del gobierno, de la cultura o del poder. Desde el mismo momento en que todo está autorizado, todo pierde su sentido. Por eso necesitamos la censura, para poder demostrar que lo que decimos tiene sentido. Tendría que haber censura. Los políticos deberían ser censurados. La radio debería ser censurada. La puta televisión debería estar censurada. ¿Y los periódicos? Ellos desataron una guerra en Irak y son responsables de la de Siria, pero nunca pedirán perdón. Deberían responder ante la justicia por crímenes de guerra. El New York Times debería ser clausurado. Ellos desataron la guerra. Contaron lo necesario para que pareciese razonable.

Obviamente, el caso de Pussy Riot fue tan escandaloso porque existía una censura a la que desafiar.
Obviamente, Pussy Riot es una organización financiada por Estados Unidos. Mi país está metido en una nueva guerra fría con Rusia y el primer paso es convencer al mundo de que Putin es un dictador horrible. Estados Unidos invierte millones de dólares para fomentar cambios de régimen en países que no se ajustan a las leyes de mercado que les interesan. Se ha podido ver en Ucrania, donde han invertido cuatro mil millones de dólares para liar toda esta situación. Estados Unidos es el país más malvado del mundo en lo que concierne a la geopolítica. Es el más activo intentando desatar el caos y provocar transformaciones contrarias a los intereses de la gente. Pero, bueno, volviendo a Pussy Riot… Ellas seguramente son buena gente, pero son un instrumento. ¡Qué pieza artística tan bien facturada! ¡Y cuánta atención mediática! ¿Sabes cuántos disidentes políticos hay en el mundo? ¿Sabes cuánta gente está en la cárcel en Estados Unidos? Hay treinta millones de personas encarceladas. Pero Pussy Riot obtuvieron una exposición mediática mundial. ¿Y qué hicieron? Las detuvieron por entrar en una iglesia ortodoxa. Es absurdo encarcelar a alguien por esa razón.

Sería ridículo hasta en Estados Unidos.
Especialmente en Estados Unidos, porque cuando Estados Unidos dedicó toda su economía a luchar contra la Unión Soviética, la razón por la que nos decían que la Unión Soviética era tan terrible era que no respetaban a la Iglesia. Tras destruir la Unión Soviética mediante restricciones económicas, ahora la Iglesia juega un papel central en la sociedad rusa. Y ahora, cuando alguien pretende ofender a la Iglesia Ortodoxa, gritamos: “¡Oh, Dios mío! ¿Por qué las detienen?”. Hablamos mucho de lo intolerante que es Vladimir Putin con los homosexuales, pero fuimos nosotros los que luchamos para que la Iglesia fuese un elemento clave en Rusia. Y la Iglesia es el impulsor central de la homofobia en ese país. Todo es hipocresía. Estados Unidos alteró las reglas del juego cuando le convino. Cambian el guion a su antojo.

Insisto, en países como Estados Unidos, donde no existe una censura legislada, no tengo la sensación de que el arte o la música puedan ser un peligro. ¿Tuviste tú algún problema con el disco que publicaste con Nation Of Ulysses y todos los textos que imprimisteis en su interior?
Recibí una visita del FBI.

¿Cuando publicasteis 13-Point Program To Destroy America?
No, un poco después. Pero, desde luego, era otra época. Una época en la que la idea de terrorismo parecía muy lejana. Pero sí, tienes razón, Estados Unidos es un país más libre y, en ese sentido, la música no es vista como un desafío. Lo único que pretendo decir es que estas formas de arte tienen cierta capacidad de desafío y cuando descubres que el FBI investigaba a John Lennon entiendes que existe esa preocupación.

Existe, no: existía.
¿Existía? Eso pasó en 1980. Eso es prácticamente ahora. Y el gobierno de Estados Unidos es mucho más paranoico ahora.

Tal vez, pero no con la música.
Yo creo que están paranoicos con todo. Con cualquier movimiento social.

Bueno, vale, pero explícame tu encontronazo con el FBI.
Eso te lo contaré en otra ocasión. Tampoco es tan excitante.

¡Me lo tendrás que explicar! Pero sigamos con lo de la censura. Creo que lo que convierte a una canción en peligrosa no es su contenido, sino el contexto en el que se desarrolla y lo que el público haga con ella. Una canción de amor era un gran desafío en la Argelia de los ochenta, cuando se perseguía a los cantantes de raï, pero fuera de ese contexto solo era una canción de amor. Tal vez lo que ha logrado el capitalismo es alterar el contexto, autorizándolo todo y desactivando así la capacidad de desafío de cualquier canción. Y en una época en que vivimos constantemente bombardeados por canciones nuevas cada día aún es más complicado que una sola canción sea suficientemente desafiante contra el poder.
La música hoy es tan ubicua que el hecho de estar oyéndola a todas horas hace que tenga un poco menos de sentido. Pero cualquier cosa puede ser poderosa. Como dices, todo depende del contexto. Incluso la música puede volver a ser poderosa. Mi única objeción a lo que dices es que puede volver a pasar. La gente lanzaba tomates a los futuristas. El arte ha provocado esto y puede volver a pasar. No ahora mismo, pero puede suceder de nuevo.

Tiempo atrás decías que The Make-Up fue un grupo muy ambicioso. ¿En qué sentido crees que la ambición es algo positivo para un grupo?
Utilizaba la palabra ambición para remarcar que éramos un grupo que intentaba hacer algo que no se había hecho antes.

¿Y qué era eso?
Crear esa versión primitiva de la música góspel, una versión secular en la que el público fuese partícipe de la ceremonia.

The Make-Up quería “inspirar a la moribunda escena de rock’n’roll”.
El rock’n’roll se había convertido en algo muy aburrido. No era música bailable, divertida, celebratoria. Se estaba convirtiendo en una música muy cerebral, como el post-rock de Chicago. Y quisimos hacer algo visceral.

¿Has detectado si con los años el público se ha vuelto más pasivo?
El público siempre ha sido pasivo, pero eso cambia en función del lugar. España tenía un público muy excitado, pero la gente está saturada. Hay demasiadas bandas de gira. Tal vez sea esto lo que pasa. Por otro lado, estos festivales gigantes dirigidos por grandes empresas le quitan el alma a las cosas. Y luego todas esas webs… Ya nada parece cultura underground.

¿No crees que tiene también que ver con que los conciertos se han convertido cada vez más en espectáculos en los que el público mira lo que la banda hace en el escenario pero no hace nada más que mirar? Tengo la sensación de que en los últimos veinte años ir a un concierto se parece cada vez más a ir al cine. Y esto se te impregna hasta el punto de no volver a hacer nunca nada más cuando vas a un concierto.
Ya. Sí, pero ahora todos los grupos nuevos de rock’n’roll quieren ser divertidos. Es lo que toca. Es un giro muy conservador. Y resulta muy patético. Seguramente Miley Cyrus es más genuina en este sentido que…

¿Que quién?
Que todas estas bandas de rock’n’roll de garaje al estilo de los Ramones. Hay cientos y cientos. Y su comportamiento en escena es puro cliché.

Meses atrás entrevisté a Calvin Johnson. Dice que odia tocar en salas de conciertos. Yo también pienso que se han convertido en un espacio muy regulado y previsible: con sus límites de horario, de volumen… No sé si incluso crees han perdido esa capacidad de ser un espacio de intercambio y diálogo y que poco a poco se han transformado en un lugar donde se venden canciones en vivo, las escuchas y te vas a casa.
Estoy de acuerdo en que las salas de rock son espacios con un aspecto horrible y ridículo, pero si tocas rock’n’roll eléctrico ese será el lugar más adecuado. Una iglesia tiene mejor acústica para lo que hace Calvin y tal vez él solo debería actuar en iglesias. Pero eso es como decir que no puedes tener una experiencia religiosa en una iglesia porque es un lugar demasiado previsible para tener experiencias religiosas. O que no puedes tener una experiencia artística en una galería de arte. No creo que porque un espacio es previsible no se pueda trascender esa situación. He visto conciertos de rock buenísimos en salas de conciertos. Y lo mismo te podría decir Calvin, aunque a él no le funcionen. Calvin es un verdadero revolucionario.

¿En qué sentido?
Calvin es realmente perverso. Hizo una gira por campings. Él hace este tipo de cosas. Es como Jonathan Richman; muy retorcido. Yo nunca haría una gira por campings, pero me parece bien que él la haga. Y aunque estoy de acuerdo con su visión, decir que todos los clubs de rock son aburridos es generalizar mucho. He tocado varias veces en el Nasti de Madrid. Cumplía con todos los clichés del club de rock, pero tocar allí era una experiencia.

Antes has empezado a contarme que el público de cada país es distinto y que el de España era muy apasionado. Pero no has llegado a decirme si has detectado que el público, en general, se ha vuelto más pasivo.
Sí, antes el público era más movido, pero tal vez eso era así porque mi banda también era más movida. ¿Quién sabe? Tal vez solo sean ciclos…

La conversación se dispersa por otros derroteros. Sobre cómo en occidente hemos dejado de bailar en pareja, sobre la transformación del hip-hop en un paso intermedio para convertirse en empresarios (“el objetivo de un rapero es ser propietario de un equipo de baloncesto”), sobre la influencia estética de Royal Trux… Pero al señor Svenonius se le acaban las pilas. Deja frases a medio acabar, le cuesta concentrarse en la pregunta, se frota los ojos…

Estás cansado.
Sí. Me he levantado a las tres de la mañana para coger el vuelo en Lisboa.

Si quieres lo dejamos. Hace ya un rato que yo suelto parrafadas de las mías y tú simplemente vas diciendo a todo: “Sí, sí, tienes razón”.
Ya… Lo siento. El día que tengo concierto, si no he podido dormir, intento estar tranquilo y reservar las fuerzas para el concierto. Si estoy exhausto, llego descentrado al concierto. Estar en un grupo me exige mucha energía y concentración. Sobre todo si viajo solo. Tienes que encargarte de todo.

Pero, ¿te gusta viajar solo?
Está bien, pero también me gusta viajar con más gente. Por cierto, ¿alguna vez te ha dicho alguien que te pareces un poco a Morrissey?

No, nadie.
Bueno, quizás no te parezcas. Quién sabe…

Creo que este es el momento idóneo para zanjar la entrevista. ¿Sabes? Una vez entrevisté a Lou Reed y me dijo…
¿Has entrevistado a Lou Reed?

Sí, antes de que…
…Antes de que muriese, ¿no? ¿A que ibas a decir eso?

Sí, casi se me escapa…
¿Y cómo fue?

Antes de una de mis preguntas me soltó: “Te pareces mucho a mi sobrino John. Me da hasta miedo contestarte de lo mucho que te pareces a él”.
¿Te explicó cosas interesantes?

Sí, pero de eso hace ya quince años. Ni me acuerdo.
¡Has entrevistado a todo el mundo! Lou Reed, Calvin Johnson… Dame otros nombres de gente a la que hayas entrevistado.

Pues… ¡Una vez entrevisté a Bono de U2!
¿Cómo era?

Fue como hablar con Marlon Brando en El Padrino. Cuando bajó a la recepción del hotel pasó su brazo por encima de mi hombro y me dijo: “Nando, esta mañana estoy muy feliz porque el IRA y el gobierno inglés han firmado un acuerdo de paz”. Me preguntó sobre la situación de ETA en España mientras íbamos hacia un bar a hacer la entrevista.
Es como una gran bola de queso. Es supercheesy.

De vuelta a su hotel, le esperaba una pareja con un bebé en brazos…
… ¡y Bono besó al bebé!

No, mejor aún. La pareja le explicó que habían bautizado a su hijo con el nombre de Bono. Le esperaban para que bendijera al niño o algo así. Y él, con su falsa modestia, dijo algo como: “No sabéis lo que acabáis de hacer poniéndole ese nombre. Será un niño muy travieso y salvaje”.
Bueno, la verdad es que casi debes simpatizar con él en esa situación. ¿Qué podía hacer? Tendría que haber dicho: “¡Ese nombre es horrible! ¡Pobre chaval!”. Venga, dime más nombres. ¿A quién más has entrevistado?

Mmm… Déjame pensar…
Por cierto, hoy en el avión he conocido a un hipnotizador. ¿Lo conoces? Es de aquí. Se me ha acercado y me ha dicho: ‘Hola señor Svenonius’. Fíjate en su cara: parece un espía. (Y muestra la tarjeta de visita que le ha dado)

Pero, ¿te ha reconocido él?
Sí, sí. Pero, venga, ¿a quién más has entrevistado? ¿A Morrissey?

No.
¿A Prince?

No
¿A Little Richard? ¿A Chuck Berry?

No, no. ¿Te vale Bill Wyman de los Rolling Stones?
Sí, sí. Es muy cool. ¿Qué tal es?

Ya no parece una estrella de rock. Venía de Inglaterra en coche. Iba con un amigo y tenían una ruta marcada para detenerse en los mejores restaurantes y paradores. A estas alturas, en vez de ir de gira, se monta vacaciones. Y si quiere irse a Mallorca, llama a alguien para que le busque un concierto y un resort en el que pasar el resto de la semana. Cuando lo entrevisté, acababa de actuar con Solomon Burke y…
¿También has entrevistado a Solomon Burke?

Sí. Antes de que muriese, como a Lou Reed. Pero deja que te acabe de contar lo de Bill Wyman. Actuaba en un festival cerca de Madrid, en un polideportivo. Le pregunté por Solomon Burke y no paraba de reír. Resulta que debido a su peso tuvieron que subirlo al escenario con una plataforma. Y mientras lo explicaba, Bill Wyman se partía de la risa.
¿Solomon Burke pidió subir al escenario en una plataforma?

No lo pidió, lo necesitaba. Al final de su carrera Solomon Burke estaba tan obeso que apenas podía caminar y aún menos subir unas escaleras.
Es triste. La comida es un arma. Matan a miles de personas pobres con esa jodida comida procesada e insana. Esa mierda también se debería censurar. En Estados Unidos mucha gente está luchando para que derroquen estatuas de generales de la guerra civil. Pero, mientras, toda la basura de McDonalds sigue existiendo. ¡Censurad eso! Esa mierda sí es relevante para nuestras vidas. Destruir una estatua vieja de algún gilipollas no va a suponer nada.

En Barcelona se está viviendo un proceso similar. Hay muchas estatuas de nobles que hicieron su fortuna, en parte, con la trata de esclavos.
Europa está infestada de estatuas de toda esta gente terrible: esclavistas, burgueses… ¿Qué vas a hacer? ¿Erradicar esa parte de la historia? Nadie alzaría esas estatuas hoy. Son como arte antiguo. Tampoco entiendo por qué en la Unión Soviética quisieron derribar las de Lenin. ¡Eran bonitas!

Son batallas estéticas contra el pasado.
Sí, pero luego me voy a comer un big mac.

Si ahora hay edificios construidos con dinero de grandes corporaciones, ¿qué te parecería que McDonalds patrocinase el derribo de estatuas? Y que pusieran una placa que dijera: “Esta estatua fascista o esclavista fue derribada gracias a McDonalds”. Sería una especie de mecenazgo destructivo con un claro beneficio para la imagen de la empresa.
¡Claro! Y lo mismo en los países del Este. “Esta estatua de Lenin en Riga ha sido destruida por The Gap. Nosotros te liberamos”. Bueno, ha sido un placer, pero me tengo que ir ya. Estoy pendiente de unas conversaciones de paz con el IRA y tengo que ir a ver a mi hijo ‘Sunday Bloody Sunday’.

Lo comprendo y te agradezco tu tiempo. Ah, por cierto, esa pareja de la puerta te espera para comentarte algo. Su bebé se llama Svenonius.
De acuerdo, ahora mismo salgo a bendecirlo.