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O Magazine
2015-2017

Steve Ditko

Ayn Rand

Spiderman contra (¿o con?) Atlas
por Andreu Gabriel

El solitario Steve Ditko, por él mismo. Amazing Spider-Man Annual 1, 1964

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo

Ya es mala suerte, pero supongo que más de uno acaba por recorrer un camino parecido. Primero, más de cuarenta años después de la primera aparición del superhéroe, se fascina lejos de nostalgias con los Spider-Man de formación de los sesenta. Se deja atrapar por el estilo y la increíble velocidad con la que hicieron evolucionar Stan Lee y Steve Ditko a su personaje hasta el punto de terminar medio loco: en las reuniones ociosas solo sabe hablar del trazo y el tono de Ditko, sobre todo a partir de su segundo y tercer año, cuando ya fue reconocido también como argumentista y no solo como dibujante. “¡Cómo no flipar con algunas viñetas en las que ya se consiguieron las posturas imposibles (y a la vez realistas) marca de la casa del superhéroe!”, se justifica el admirado lector después de que sus amistades le miren mal.

Pero, después, cuando no puede estar más contento y feliz que una perdiz, viene el desconcierto, porque le llega irremediablemente la información de que una de las razones de Ditko para dejar Spider-Man (lo sustituyó John Romita, otro dibujante histórico, pero totalmente distinto, más luminoso, y que, con el omnipresente Stan Lee, terminó de perfilar el Spider-Man que conocemos todavía hoy, entre chistoso y oscuro, entre heroico y patoso, entre macbethiano y hamletiano) fue que estaba obsesionado con el objetivismo de Ayn Rand. Como por aquí esto del objetivismo de Rand no terminó de cuajar, el interesado pasa entonces a leer cuatro cosas de la “filosofía” randiana y, a parte de que solo puede llegar a reconocer el título de El manantial, más que nada por la película de King Vidor, primero quizá se sorprende con que unas baratijas intelectuales y autoayudísticas más bien fascistoides deslumbraran a tantas personas en Estados Unidos, pero después empieza a pensar que lo del objetivismo no dejó de ser una especie de secta con unas premisas-gancho muy acordes con una cierta visión del país, la de la tierra de los milagros del hombre hecho a sí mismo: para respetar la sagrada realidad, solo se puede actuar por interés propio.

Julián M. Clemente, en sus tres reportajes-ensayos sobre Spider-Man (el último, reciente, inmenso y felizmente denso: Spider-Man. La historia jamás contada), explica muy bien que, en todo caso, fueron una suma de factores los que hicieron salir a Steve Ditko del proyecto de Spider-Man. Que el objetivismo (movimiento que curiosamente le llegó a través de Stan Lee, con quien tendría más disputas al respecto) se le estuviera yendo de las manos era uno de ellos: dentro del torrente imaginativo de esos primeros treinta y ocho números de Amazing Spider-Man, en algunas viñetas, directamente, dejaba que Peter Parker (no solo el superhéroe Spider-Man, sino la persona, ojo) tradujera esa angustia tan propia de buenos superhéroes en unas reacciones un poco psychokillers, un poco de estudiante que está a punto de perpetrar una matanza. Los “saqueadores”, para utilizar ese lenguaje objetivista tan manido, le harían siempre la vida imposible, a él, un “productor” que tiene que cumplir su propósito siempre por sus propios intereses, y así terminar salvando al mundo. Lo hará, más de una vez, de forma casi huraña, poco amigable. No es que los tebeos de Ditko, cuando se metió de lleno en los argumentos, dejaran de tener humor (¡esos problemas domésticos con el traje mojado!), pero la solución de fiarse solo de sí mismo no dejaba de ser incómoda, sobre todo desde el punto de vista de Stan Lee. La marginación amargada de Peter Parker y este luchar asqueado contra todo el mundo no podían terminar bien, y aquello era una serie de éxito que tenía que durar.

Ayn Rand, la gran captadora de fieles objetivistas

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo

¡Cuidado con los trajes baratos, Spidey!, Amazing, 26, julio de 1965

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo

Es sabido que Ditko ha sido y es un personaje extraño, que no concede entrevistas y a quién se le ha visto muy pocas veces en público. La tentación de personificar las inquietudes de ese Peter Parker adolescente con las del artista es casi irresistible. Así que el inocente fan descubridor de todos estos tejemanejes no tendrá otra que sentirse incómodo con que aquel tipo tan misterioso y legendario sea un conservador guiado por estas patrañas derechonas. Conociendo las opiniones de Ditko (el fandom de la época ya sabía de sus simpatías por Ayn Rand), estos pasajes que uno, con buenos ojos y mejor fe, estaría contento de meterlos en el saco de la ironía y una voluntad transgresora y hasta crítica de la figura del superhéroe, podrían convertirse en difíciles de defender. Pero, teniendo en cuenta que quién lee a Spidey suele ser gente justa, a ese lector no le tardarán en venir los matices y las legítimas defensas.

Es habitual que los que ocupan un papel destacado en la batería de creadores ambiguos como Ditko sean los que están en un extremo individualista -virtud que, por cierto, con un mejunje de Nietzsche, Sócrates y tutti quanti, sazonado por un resentimiento anticomunista, exaltaba precisamente Ayn Rand con su objetivismo-. La mayoría de estos casos de autores ambiguos son norteamericanos, canallas en parte misteriosos, hombres duros, libertarians que han cosechado de varias maneras fama legendaria. Pero, no sé yo. A pesar de que siempre es apetecible, la leyenda tendría que importarnos más bien poco. En todo caso, quizá el camino esté en que el buen e inocente descubridor tardío de los números fundacionales de Spidey se plantee dos preguntas que seguramente ya se había preguntado alguna vez en números anteriores de su Amazing Remordimiento.

¿Qué hacer con esas obras que reflejan unas opiniones políticas que nos chirrían y que sabemos que sus autores no utilizan desde la ironía? ¿El amparo de la ficción y del género es suficiente?

Aunque por declaraciones o por paratextos de ediciones recientes sabemos que autores como Ditko abogan por un mensaje similar al que exponen en sus relatos, tenemos que reconocer que estos puntos de vista, que no se asemejan para nada a nuestra manera de pensar, muchas veces son fértiles a la hora de renovar los géneros. Quizá lo que nos reconforta es el resultado polisémico de este tipo de obras maestras de la ambigüedad moral. ¿Eso es suficiente? No es difícil que te aparezca, en ese fluido arácnido de (mala) conciencia, algún artista como Clint Eastwood y alguna creación como Sin perdón. Ahí, ¿qué? Pues sí, ahí la ambigüedad se justifica con lo renovador del género del western. Pocas obras habrán entendido tanto la figura del vengador como Sin perdón, y no deja de ser un vengador. Los cánones de géneros tan de ficción como son los del western o los de los tebeos de superhéroes aceptan que, antes de una situación diríamos democrática, hagan falta esos vengadores. Mientras que en Sin perdón se explicitaba esta marca narrativa de género, con la distancia que le daba, entre otros aspectos, el tejido crepuscular de la cinta, en el Spider-Man de Ditko quizá cueste más encontrar esa distancia tan salvadora. Seguramente, la mano de Stan Lee a golpe de alguna discusión con Ditko suavizó la deriva de Spider-Man como un vengador sin matiz.

La cara poco amable de Ditko: prendado del objetivismo de Ayn Rand. Amazing, 38, julio de 1966

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo

El arte de Ditko en su famoso Amazing, 33, febrero de 1966

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo

De cuestión a The Question y tiro porque me toca. Amazing, 26 y The Question

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Pero cuando realmente ese lector novato de los primeros números de Spider-Man quedará desarmado, será en la famosa saga “Si este es mi destino…” (Amazing 31-33), una de las más justamente adoradas y reconocidas. Después de una lucha contra el Doctor Octopus, a Spider-Man se le cae encima una maquinaria inmensa, imposible de levantar incluso con su fuerza sobrehumana. Así termina el número 32, con el héroe atrapado entre los hierros, mientras unas gotas de agua empiezan a inundar el lugar. Frente a sus ojos, pero lejos de su alcance, un antídoto para Tía May. Después del “continuará” de ese episodio, el número 33 dedica sus cinco primeras páginas a la lucha de Spider-Man contra las toneladas de acero que le aplastan, con una composición y un ritmo lento y desasosegador, y con frases dramáticas y flageladoras potentísimas para un tebeo para adolescentes: “Debo mostrarme a la altura de la tarea. Debo ser digno de esa fuerza… o no la mereceré. Hay pocas páginas del cómic de superhéroes más impactantes que esas, donde sí, se da más cancha que nunca a un objetivismo desbocado (todo el peso de la sociedad contra mí) pero donde, a la vez, se entienden más las preocupaciones y responsabilidades tan humanas de un adolescente que se está formando, tal como lo estaba haciendo la misma serie. Es ahí cuando el género y las estrategias de la narrativa seguro que lo protegen todo. Quizá vale la pena, aunque después de estos grandes momentos también tengamos que pasar por viñetas desafortunadas como aquellas del último número que dibujó Ditko, en el Amazing Spider-Man 38, en que Peter Parker, taciturno y cínico, ridiculiza a los estudiantes que se manifiestan en el campus universitario.

Finalmente, si no tenemos suficiente con esa argumentación pseudonarratológica, siempre nos quedará el cómodo argumento de autoridad. Alan Moore, de quien no se puede dudar de su postura ideológica (recordemos esa discusión pública por los indignados acampados enfrente de Wall Street con Frank Miller, otro ambiguo de obra reciente ya no justificable: perdió la polisemia), siempre se ha mostrado fascinado por Steve Ditko. He aquí cómo diversos personajes de Watchmen se basaban en creaciones de Ditko para Charlton Comics (Rorschach se basaba en The Question y el Dr. Manhattan en el Capitán Átomo, por ejemplo). De eso hablaba Moore, casi exclusivamente, en una entrevista de Jon B. Cooke y transcrita por Jon B. Knutson en Comic Book Artist nº 9 del 2000 y que el blog de Frog2000 tuvo la bondad de traducir. Leyendo esta entrevista, ese sufrido y penitente lector confuso por sentir esa fascinación por la deriva de Ditko podrá, por fin, sentirse en paz.

Palabra de Moore: “A pesar del hecho de que Steve Ditko fuese obviamente un héroe para los hippies debido a su psicodélica obra en el Dr. Extraño y también gracias a la angustia juvenil que podía encontrarse en su Spider-Man, obviamente el pensamiento político de Ditko era muy diferente del de todos aquellos fans. (…) Sí, el pensamiento de Steve Ditko estaba muy orientado hacia la derecha (algo a lo que, por supuesto, tenía todo el derecho), pero al mismo tiempo era alguien bastante interesante. (…) Eché un vistazo a El Manantial. He de decir que encuentro bastante risible la filosofía de Ayn Rand. Tenía “sueños de supremacía blanca como raza superior” que ya estaban quemados a principios del Siglo XX. Sus ideas no me resultan atractivas, pero parecen ser el tipo de ideas que la gente suele abrazar, gente que podría creer secretamente que… forma parte de una élite y no parte de la mayoría excluida. Básicamente estoy completamente en desacuerdo con todas las ideas de Ditko. (…) Steve Ditko está completamente en el extremo opuesto de mi espectro político. No digo que yo me encuentre más a la izquierda respecto a una posición comunista, porque me considero anarquista, que está a unos 180 grados con respecto a la posición donde se encuentra Steve Ditko. Pero tengo un gran respeto por ese hombre, y ciertamente también respeto mucho su obra y creo que en su actitud intransigente hay algo que me hace profesarle una gran simpatía. Solo que las cosas con las que yo me comprometería o con las que se comprometería él probablemente serían muy diferentes”.

El Rorschach del Watchmen de Moore, un homenaje a The Question. Watchmen, 12, 1986

Spiderman contra (¿o con?) Atlas – O Estudio Creativo