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O Magazine
2015-2017

CANCIONES
COMO GAGS por VIOLETA KOVACSICS

Heads Up! Heads Up! Here’s another one

El Vietnam de Forrest Gump poco tiene que ver con el de Tugg Speedman, el actor venido a menos que se ve inmerso en un rodaje de guerrilla en medio de la jungla en Tropic Thunder. De hecho, Speedman está en un momento delicado de su carrera porque viene de protagonizar a un deficiente mental en “Simple Jack”, un papel por el que, según su compañero y contrincante Kirk Lazarus, nunca tuvo opción de ganar el Oscar porque, a diferencia de Tom Hanks en Forrest Gump, se pasó de frenada y fue “full retarded”. En cualquier caso, el Vietnam de Forrest y de Tugg tienen algo en común: en ambos casos suena For What It’s Worth de Buffalo Springfield, un himno de los sesenta que, en manos de Ben Stiller, cobra un carácter más irónico que en las de Robert Zemeckis. Para el viaje espiritual (y hacia los Oscar) de Tugg, Stiller toma el misticismo de Apocalypse Now y lo pasa por el filtro de la comedia. Así, mientras suena la canción de Buffalo Springfield, el poco avispado Speedman dice a un niño vietnamita y con una emotividad exacerbada que le puede llamar “papá”.

Las escenas que transcurren bajo la partitura de Buffalo Springfield no son las únicas de Tropic Thunder que sirven para establecer una distancia irónica entre la música y aquello que estamos viendo. La mejor parte se la lleva Les Grossman, descrito por la crítica de The New York Times Manohla Dargis como “the producer of the movie-within-a-movie, who’s played by an almost unrecognizable Tom Cruise under a thick scum of makeup and latex. Heavily and heavy-handedly coded as Jewish, the character is murderous, repellent and fascinating, a grotesque from his swollen fingers to the heavy gold dollar sign nestled on his yeti-furred chest”. Este dólar que el avaricioso y agresivo tycoon lleva colgado del cuello revela tanto su gusto por el dinero como su vicio por el rap. De hecho, Tropic Thunder termina con Grossman meneándose como un rapero al ritmo de Ludacris, de la misma manera que hizo un rato antes con un tema de Flo Rida y bajo la pelotillera mirada de su ayudante (Bill Hader). Sin duda, las canciones no son fuente de risa, pero los sobrados movimientos de Cruise, sí.

Como a Jerry Lewis, a Ben Stiller siempre se le ha dado bien interpretar y poner en escena a un héroe con pocas luces. Tugg Speedman no es el hombre más brillante del mundo, pero seguro que es más listo que Derek Zoolander, el modelo que (como Speedman) se ve desplazado de un trono que debe reconquistar; el mismo que rompe una maqueta del “Centro para niños que no saben leer bien” porque cree que ese es el edificio real y que, claro, los niños no podrán aprender a leer porque no van a poder entrar en tan diminuta construcción. El mismo, sin embargo, que se da cuenta de que bañarse con gasolina y encender un cigarrillo al mismo tiempo no es muy buena idea. Esto es lo que hacen los amigos de Derek cuando deciden animarle después de una derrota. Así, mientras suena Wham!, los amigos de Zoolander demuestran ser más bobos que él. La música añade el último toque de ironía a una escena que va desde el ridículo a la parodia y, finalmente, a la tragedia hilarante.

Canciones como gags – O Estudio Creativo

I could stay lost in this moment forever

Canciones como gags – O Estudio Creativo

Quizá el romanticismo consiste en esto. En salvar al planeta del impacto de un meteorito mientras suena I Don’t Want to Miss a Thing. Sin embargo, parece más interesante darle otra utilidad a la canción de Aerosmith y poner esta balada romanticona al servicio de una parodia del patinaje artístico y del concepto de pareja (artística) en general. En Patinazo a la gloria, Will Ferrell y Jon Heder interpretan a dos estrellas del patinaje que se ven forzados a colaborar y que se marcan un bailecito en el que, mientras Heder sonríe, Ferrell tuerce el gesto. La sintonía entre ambos se mueve entre la rivalidad, la ñoñería de la música de Aerosmith y la sensualidad convertida en algo burdo. “En sincronia i a mȧxima velocitat, te vas a l’aire amb una força increïble i, a punt de caure, t’agaf”, cantaban Antònia Font. Algo de esto hay en Patinazo a la gloria, cuando el delicado personaje interpretado por Heder salta, para que Ferrell lo agarre de las partes y lo levante… “només amb una mà”.

Ferrell es experto en convertir cualquier tema musical en algo parodiable (SNL es una gran academia de tergiversación del significado original de una canción con fines cómicos: pregunten por los maestros Christopher Guest y Mike Myers). Movida en el Roxbury comienza sin diálogo alguno, con What Is Love y con los dos protagonistas bailando y ligando ridículamente. Sin embargo, el mejor momento musical de Ferrell corresponde al bueno de Ron Burgundy, el necio presentador de noticias que demuestra su destreza con la flauta travesera. Aunque a primera vista no lo parezca, aquí hay también una canción de fondo, que ha sido convenientemente cambiada en beneficio de la comicidad de la escena. Aqualung de Jethro Tull se cuela en los solos de flauta que el virtuoso de Ron interpreta para su embelesada audiencia.

Jerry Lewis también tocó la flauta. O, mejor, no la tocó, sino que emuló los gestos de un músico mientas una canción va sonando. La escena corresponde a Cinderfella, dirigida por el cineasta fetiche de Lewis, Frank Tashlin. Sin embargo, el propio Lewis tomó una partitura de Count Basie para otra escena en la que la música jazz se convierte de repente en motivo de comicidad gracias a la gestualidad del actor. Lewis fue un maestro a la hora de mostrar el desplazamiento entre el sonido y la imagen. En Un espía en Hollywood, la música sirve de banda sonora para un número de pantomima, en que el chico de los recados encarnado por Lewis se convierte, por unos instantes, en un jefe dando órdenes a sus imaginarios subordinados en una reunión también imaginaria.

Canciones como gags – O Estudio Creativo

Pero volvamos a Ferrell. Cuando Burgundy logra al fin hacer el amor con la mujer que le gusta (tras haberla impresionado con su número de flauta jazzística), el erotismo y la sexualidad están representados en la pantalla mediante unos dibujos animados, con los protagonistas montando sendos unicornios sobre el arco iris. La comicidad roza el delirio e impregna a su vez la canción que suena mientras tanto, Help Yourself, de Tom Jones (el músico favorito de Carlton Banks). El uso del tema recuerda al que, en Virgen a los 40, Judd Apatow dio a Aquarius (Let the Sunshine In), la banda sonora de lo que imagina el virgen del título cuando logra al fin dejar de serlo. Nada mejor para ilustrar la satisfacción del momento que un número musical con Seth Rogen y Paul Rudd a pecho descubierto.

Canciones como gags – O Estudio Creativo

It’s so hard to keep this smile from my face

“¿Sabéis de qué va Like a Virgin? De una chica que se cuela por uno que tiene una polla enorme. Es una metáfora de las pollas enormes”, dice uno. “No, va de una chica vulnerable que conoce a un tío sensible”, dice otro. Así comienza Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino, con una panda de hombretones ataviados en un traje blanco y negro que discuten sobre el significado de una canción de Madonna. En el cine de Tarantino, la música se cuela por todos los rincones, en las situaciones más inesperadas, como un choque de trenes entre lo musical y lo visual. “Directing is actually like making a mix tape of music”, declaraba Tarantino en una entrevista a The New York Times a mediados de los noventa, “because you’re taking all these people’s talents and adding an esthetic of your own, depending on what you’ve selected and how you arrange what you’ve selected”.

Canciones como gags – O Estudio Creativo

Esto es lo que hace el cineasta en una de las escenas más celebradas de Reservoir Dogs. Aunque el momento más fuerte está en fuera de campo, el bailecito queda perfectamente situado dentro del cuadro. Michael Madsen, el hombre de la mirada entre risueña y macarra, da unos pasos de baile al ritmo de Stuck in the Middle with You mientras tortura a un policía al que tiene amordazado y maniatado en una silla. Con toda la tranquilidad del mundo, como si se tratara de un gesto puramente rutinario, el hombre corta la oreja de su víctima.

Esta mezcla, entre la violencia de lo que se está contemplando y una banda sonora que parece ir en otra dirección está también en la escena culminante de Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres de David Fincher, cuando el asesino se dispone a someter al protagonista a toda una serie de acciones violentas mientras suena Sail Away de Enya, y lo graba todo con una cámara de vídeo. Sin embargo, la combinación más radical y subversiva de violencia y música (pop) se da en Acción mutante, cuando una fiesta pija se ve interrumpida por la banda terrorista que da título a la película, y la voz de Karina se ve matizada por los gritos y por el sonido de una metralleta. Aquí, bastante más que en Millenium y un poco más que en Reservoir Dogs, asoma la ironía y, sobre todo, el tono crítico.

And when I’m sad,
you’re a clown

Canciones como gags – O Estudio Creativo

No me atrevería a decir que I Got You Babe es una canción seria que, en manos de Harold Ramis, se convierte en algo cómico. Para el espectador, el momento resulta ciertamente gracioso, pero para el protagonista, se trata de algo similar a un calvario. Nadie mejor que Bill Murray para interpretar a Phil, el hombre que, en Atrapado en el tiempo, descubre que cada día es el mismo, que cada día debe vivir las mismas situaciones, despertarse a las seis de la mañana con la canción de Sonny y Cher sonando por la radio.

La comicidad que se le otorga a la música no depende tanto de la situación o de la escena, sino de la repetición. A cada día que pasa, la canción resulta más graciosa, y seguramente más exasperante para el protagonista. Lo mismo debe pensar el joven protagonista de Adventureland sobre Rock Me Amadeus de Falco. “Jesus Fucking Christ! They play this song like twenty times a day!”, dice el chico interpretado por Jesse Eisenberg. “Fucking sadists. Fucking sadists!”, le responde un amigo. Quizá esta sea la peor canción del extenso repertorio que dispone la película, y seguramente la que mejor la define, pues se repite una y otra vez en el hilo musical del parque de atracciones, el micromundo, en el que habitan los personajes.

Oh my God,
we’re back again

Canciones como gags – O Estudio Creativo

En una película en la que James Franco hace de James Franco y en la que Michael Cera recibe una reprimenda de Rihanna, no es de extrañar que el colofón tenga como artistas invitados a los Backstreet Boys. Entre otras cosas, porque Franco, el director Seth Rogen, Jonah Hill i Jay Baruchel, algunos de los protagonistas de Juerga hasta el fin, nacieron entre finales de los setenta y principios de los ochenta, y seguramente vivieron en primera persona el boom de la banda a mediados y finales de los noventa. Así, cuando llegan al cielo y descubren que pueden pedir un deseo, Baruchel no tiene mejor idea que pedir este regreso improvisado de los Backstreet Boys, el grupo de postadolescentes convertidos ahora en treintañeros o recién entrados en la cuarentena. En el cielo, con aureolas sobre sus cabecitas, Nick Carter, Howie D., Brian, A. J. y Kevin hacen realidad aquella frase que se cantaba y bailaba moviendo brazos y cintura: “oh my god, we’re back again”. El tono paródico lo pone Rogen con sus bailes y Baruchel, con su intento de cantar el tema, lo mismo que hacen las protagonistas de La boda de mi mejor amiga. Al final de la película, Kristen Wiig y Maya Rudolph emulan con gracia los gestos de una fan ante el que fue su grupo favorito de la adolescencia. De hecho, son dos actrices que consiguen cargar de comicidad cualquier vídeo musical.

La mejor canción convertida en parodia también es de un grupo de chicos que triunfaron en los noventa. La letra, sin embargo, se ve convenientemente modificada y en vez de “I swear” lo que se escucha es “Underwear”. En la segunda parte de Gru, mi villano favorito, los minions protagonizan la parodia de parodias, el súmmum de la ñoñería convertida en motivo de risa. Vestidos de blanco y agitando los brazos como palomas sobre el césped, cantan en su ininteligible idioma la canción que lanzó a la fama a All-4-One, en una de las escenas más cómicas que ha dado el cine de animación reciente.