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O Magazine
2015-2017

BIG
FREEDIA
CONSERVA
EL CULO
EN SU SITIO

texto por
Aïda Camprubí

BIG FREEDIA CONSERVA EL CULO EN SU SITIO – O Estudio Creativo

Cuando el coordinador editorial de esta santa agencia -que tiene un vasto conocimiento atemporal pero una breve memoria a corto plazo-, me animó a realizar una crónica de este viaje a las profundidades del twerking*, me recomendó el artículo de David Foster Wallace sobre el rodaje de Carretera perdida de David Lynch, aunque ahora cuando se lo recuerdo se hace el loco. [La opción B era emular a Hunter S. Thompson, pero me dejé el botiquín en casa]. La cuestión es que, como alumna aplicada, pasé las tres horas de viaje en Ave a Madrid, camino de cubrir el Spanish Bounce Shake Down, leyendo al genio americano y no me vi capaz de reproducir esa sutileza por los detalles que llevan a análisis más profundos. Pero si que apunté algunas de sus directrices -la forma de estructurar los apartados de una buena crónica, por ejemplo-, encontrando en el trayecto algo que tienen en común nuestras dos protagonistas: a David Lynch le interesa la oreja cortada del cuerpo y a Big Freedia le interesa el culo amputado del ego; y ambas apreciaciones generan controversia. Nadie sabe cómo proceder frente a un miembro mutilado. Las sociedades occidentales se mueven entre la veneración y el rechazo, sin entender que hay algo superior al parecer del individuo, sea el mal, sea la naturaleza o sea el hermanamiento en comunidad.

* [Lo apodamos twerking, pero el baile se llama Booty Dance. Twerk es solo una palabra, un paso más dentro del vocabulario de la cultura bounce. Hay desde el shake al wiggle, pasando por el wobble, el bend over, el p-popping, el hustle, el peter pan o el swiggle. Traedme el diccionario, ¡es todo un lenguaje a parte!]

BIG FREEDIA CONSERVA EL CULO EN SU SITIO – O Estudio Creativo

Pero no iba camino de ninguna inmolación. El Spanish Bounce Shake Down es algo más parecido a una recepción real. Queen Diva, conocida como Big Freedia, es la portavoz internacional de la cultura bounce y el booty dance acuñado en Nueva Orleans. En su bienvenida, organizada por las embajadoras nacionales Kim Jordan (Barcelona) e Irie Queen (Madrid), había despliegue de colorido chandalero y mucho brilli brilli corporal. Como dijo Ken D, uno de los participantes, “bailando no sudo, brillo”. Pues allí brillamos todos de lo lindo, sacudiéndonos en las clases prácticas, jaleando en las teóricas y luego participando en un concurso que terminó en un concierto de final de verbena, digo, de recibimiento. No exagero: a primera hora de la mañana en el vestuario había medias de rejilla, shorts de látex tornasolado y maquillaje antitranspirante.    

“Va un poco con la ignorancia sobre este estilo”, contaba la profesora Kim. “El empoderamiento no es estar depilada hasta el coño para poder llevar bragas en clase. Esta ropa hace que mantengamos la vulva tensa toda la vida y no creo que eso ayude en cuanto a sentirnos liberadas”. Pero era una ocasión especial y todos queríamos hacer honor a la diva del bounce que, por su parte, iba con un sobrio chándal gris. Para el ejercicio habitual, cuanto más cómodos vayamos, mejor.

Pero para los que aún se lo pregunten,
¿quién es Big Freedia y por qué deberíamos conocerla?

1.
Génesis de
Big Freedia
como autrice
heróica

[y prometo dejar de plagiar los títulos del señor Wallace]
Freddie Ross se convirtió en Big Freedia en 1998, actuando como corista de Katey Red, la primera persona queer que entró en el panorama de la cultura bounce, una rama del hip hop marca Nueva Orleans. Pero para hacer un breve resumen, el movimiento había empezado una década antes, con canciones clave como Drag Rap (Triggerman) de The Showboys, Where Dey At de T.Tucker y DJ Irv -considerada la primera pista bounce en 1991- o Do the Jubilee All de DJ Jubilee, donde se utilizó la palabra twerk por primera vez, allá en 1993.

Katey Red y Big Freedia fueron la tinta que impregnó la música bounce del glitter queer, invitando a que se les unieran Sissy Nobby, Sissy Jay, Sissy Gold y las Sissies With Attitude, o recomendando otros artistas interesantes como Ha Sizzle. Por una fatídica intervención periodística, algunos habréis oído hablar del sissy bounce (¡bounce de mariquitas!), pero no existe tal diferenciación. Así me lo contó Freedia: “Nos separan nuestros nombres, pero no nuestra cultura. Al final del día, somos artistas bounce, sin importar cuál sea nuestra sexualidad. Para llegar al público heterosexual hubo un camino que recorrer desde el principio, pero las mujeres nos acompañaron a lo largo de todo el trecho. Allí a donde iban ellas, atraían a los chicos. Así que mi deber siempre ha sido hacerlas sentir cómodas bailando y no dejar que ningún machito les falte al respecto. Todo el mundo es libre de entrar en la pista sin ser juzgado, pero si alguno se mete con ellas, voy a parar la música y sacudírselo de encima”.

Por supuesto, hay artistas que despuntaron en el mainstream antes que Big Freedia -por ejemplo Juvenile con su Back That Ass Up, o Lil Wayne-, pero ella ayudó a democratizarlo en varios puntos clave:

A) Las bases: Que se cobrasen royalties por los usos de los samples definitorios del género (como el Triggaman de The Showboys) en las canciones bounce era una manera de mantenerlo underground y controlado. Pero cuenta Big Freedia que con su productor BlaqNmilD “trabajamos duro para recrear el sonido auténtico de Nueva Orleans en nuevos samples con mi propia voz y de uso libre.”

Aunque cada artista bounce tiene sus samples fetiche: a Katey Red le encanta ABC de Jackson 5 y el mismo Lil Wayne se le ha oído cantando el estribillo de Gin In My System de Queen Diva en algunas de sus pistas.

B) La diversificación tanto de público -véase su fuerte vínculo con las mujeres y un tv show que abarca todas las edades- como de demografía, explicando sus orígenes, devolviendo el mérito a sus pioneros, enseñando los pasos de baile y las características de su sonido en masterclasses alrededor mundo. El bounce original es NOLA, pero lo disfrutamos a nivel internacional gracias a una maravillosa Big mamma Freedia.

2.
Big Freedia
y su filosofía del
placer (o por
qué deberíamos
conocerla por
otras facetas)

Ha colaborado en Formation de Beyoncé, además de con Diplo, DJ Snake, RuPaul o Missy Elliot; va por la sexta temporada de su propio reality show en Fuse.tv, tiene una discográfica -Queen Diva Music-, un equipo de bailarinas -The Divas-, un nuevo disco a punto de escapársele del bolsillo –Pressing Onward– y el récord Guinness de más personas twerkeando a la vez. También aparece en Song To Song, que apunta a paja cinematográfica indie de Terrence Malick,

VIDEO Récord Guiness

Big Freedia pertenece a una tradición del placer a todos los niveles. Fue directora de un coro góspel y sus canciones bounce, lejos del gangsta rap, son sinónimo de fiesta y el baile es una celebración abierta de la sexualidad. Pero fuera de circuito musical, cocina, decora y se dedica a las manualidades. Su vida es una invitación general al gozo. “Despejo mi mente y la llevo a lugares preciosos donde puedo hacer feliz a la gente. Cuando cocino es alimento para el alma, cuando adorno un espacio es hermoso a la vista y ayuda a las personas a apreciar mis manualidades. ¡En Nueva Orleans adoran mis diseños! Allí tengo un negocio de decoración con una de mis mejores amigas. Y me mantiene ocupada y lejos de los problemas. ¿Sabes? Es enriquecedor cuando puedes hacer que todas estas cosas bonitas ocurran, frente a la negatividad general. Una de las lecciones más importantes que me enseñó mi madre es mantener la cabeza ocupada. Así que estoy preparando un libro de cocina, que estará lleno de recetas tradicionales con nombres inventados por mí, como por ejemplo las ‘booty poppin potatoes’ que, evidentemente, va dedicado a todos mis seguidores”.

Y, hablando de patatas que sacuden el culo a ritmo de bounce, quizá va siendo hora de hablar sobre qué es realmente el twerking.

3.
Un culo
servido sobre
un plato
de porcelana
blanca

Bailar agitando el culo es un gesto que viene de antes de que nacieras tú, yo o cualquier persona viva en este momento. Tiene sus orígenes en danzas tribales como la mapouka. La diáspora africana lo trasladó, entre otros sitios, a Nueva Orleans con el comercio de esclavos y allí se quedó tan a gustico; hasta que hace más de veinte años la música bounce adaptó la forma de baile a su ritmo.  Pero, pongamos la mente -y nunca mejor dicho- en blanco. ¿En qué pensáis cuando habló de TWERK?

#1 Miley Cyrus
#2 Cosificación
#3 Nalgas femeninas asomando por unas bragas
#4 Empoderamiento personal

A veces pensamos tan automáticamente como comemos. Y olvidamos que en nuestra cultura quien cocina los contenidos es un enorme chef blanco, machirulo y heterosexual. Alguien que guisa con la polla y te lo sirve en una bandeja de esmalte lechoso. Dicho así da repelús. Cambiar esta dieta es replantearse la visión motriz del mundo. Veamos otra forma de cocer estos estereotipos:

#1 Miley Cyrus lo popularizó entre la población blanca en los VMA de 2013. A lo que Big Freedia contesta: “Es importante para mí representar esta cultura, porque hay muchas personas que lo practicaban antes de que lo pusiera de moda Cyrus. La he invitado en muchas ocasiones a que venga a mis clases, ¡a ver qué pasa!”

#2 Cosificación. Para desmitificar este concepto contamos con una invitada de lujo, la sexóloga María Cabral que participó en las conferencias -los discursos- de bienvenida a Queen Diva: “En las culturas patriarcales tenemos la concepción errónea de que la dignidad de la familia reside en los genitales de sus hijas o de las féminas que la componen. Por eso se tiende a pensar que si una chica es sexualmente abierta es una guarrilla y un chico es un macho. Del mismo modo si un hombre baila booty dance se le cataloga de ‘mariquita’, cuando justamente si algo podemos mover en común todas las personas es el culo -presente en ambos sexos-. Y de todos modos, debemos quitarle el estigma a lo femenino: no hay nada malo en feminizar, del mismo modo en que es positivo que las mujeres disfruten de su sexualidad.”

“El twerk sí es sexualidad. Pero cuando lo que queremos es denunciar la utilización del cuerpo de la mujer como objeto de reclamo lo llamamos cosificación. El twerk per se no es cosificación, pero tampoco es la panacea de la revolución sexual. Puede ser una herramienta de liberación, pero también usarse al servicio del mercado. Si lo bailas sin saber sus orígenes y creyendo que todo el mundo debe bailarlo según unas normas o unos cánones corporales, no estás contribuyendo a que sea algo liberador. El Booty Dance es feminista si hay diversificación en los cuerpos, en las edades, la procedencia y el sexo; una integración y celebración de todas las diferencias. La diversidad aporta, que no todo el mundo piense que para bailar twerk hay que ir en tanga y colgar fotos de su culo.”

#3 Nalgas femeninas asomando por unas bragas. Asumamos también que no hace falta ir siempre en bragas: se puede bailar twerk de muchísimas maneras. A lo que me gustaría añadir que para una persona con un cuerpo normativo es muy fácil ponerse en tanga y lo que queremos son representaciones variadas que supongan una vuelta de tuerca a estos estereotipos. ¡Ir más allá de lo que sea fácil, socialmente hablando, para ti! No caigamos en los cánones de típica chica sexy / chico rudo / chico afeminado. Mezclemos los roles y aprendamos de la liberación queer. También vale la pena recordar que no todo es cuestión de vestuario: una persona que baila bien, sabrá mover el culo incluso con tejanos

#4 Empoderamiento personal. Esta concepción individualista tampoco está en los orígenes del booty dance. Sigue María: “El empoderamiento centrado en el yo («lo bailo porque YO me siento empoderada») es muy blanco, porque el twerk desde el principio fue una danza comunitaria, bailada como una celebración de la sexualidad, una forma de resistencia a través del placer ejecutada en la calle por personas de la diáspora africana, y posteriormente usado por minorías culturales como LGTB. No hay que centrarlo en el desarrollo de un yo fuerte ni en la competición. Es romper tu esencia y mezclarte con el festejo masivo. Se necesita más compañerismo y menos competición entre bailarines.”

Big Freedia pone un ejemplo práctico de lo que la cultura occidental, centrada en el ego, se pierde de este tipo de baile: “Quiero que todo el mundo se exprese y en ocasiones, cuando cantó mi canción Azz Everywhere le digo a la gente que no quiero verles las caras, solo sus culos. Así, no os juzgo por la fachada –que es la parte frontal del cuerpo, del ego– sino que nos divertimos agitando las nalgas en comunidad, sin importar quién quiera que seas. La intención es sentirse liberado mientras bailas.”

4.
¿Qué tiene
Nueva Orleans
para que esto
ocurra allí
y no aquí?

Permitidme que empiece con otra historia, de cuando Bob Dylan fue a la a ciudad grabar su Oh Mercy con Danny Lanois en el 1989, y se enamoró perdidamente del ambiente. Es fácil trasladarse a ese lugar con el pensamiento, cuando en sus crónicas la describía así:

“Nueva Orleans, a diferencia de muchos lugares a los que regresas para descubrir que su magia se ha esfumado, todavía conserva la suya. A la vuelta de cualquier esquina está la promesa de algo osado e ideal, y las cosas siguen su curso. Detrás de cada puerta se intuye cierta obscenidad festiva, o bien hay alguien llorando con la cabeza sobre el regazo. Un ritmo cansino palpita bajo el ambiente onírico, y la atmósfera está cargada de duelos pasados, amoríos de otra época, llamadas de auxilio de unos camaradas a otros. No lo cambiaría por nada. […] Hay muchos sitios que me gustan, pero ninguno tanto como Nueva Orleans. A cada instante se presentan mil perspectivas distintas. En cualquier momento te puedes topar con un ritual celebrado en honor de una reina poco conocida […]. Nada parece inapropiado. La ciudad es un poema infinito.”

“Y así es, ¡celebramos cualquier ocasión! -le contesta Big Freedia a Bob Dylan, aunque hayan pasado décadas de sus palabras- Desde aniversarios, baby showers, funerales, Mardi Gras… tenemos fiestas todo el tiempo. Somos una ciudad festiva a la vez que familiar -y eso explicaría por qué allí saben twerkear desde los bebés a las abuelas-. Cuando estoy en casa los domingos, nos reunimos con la comunidad para cenar, invito a todo el mundo y bebemos, comemos, bailamos y reímos. Desde que pasó el Huracán Katrina en 2005, la ciudad es mayor y mejor, lo han reconstruido todo, hay edificios nuevos y las personas tienen una nueva forma de ver la vida, porque ha supuesto para nosotros otra oportunidad de hacer algo con ella. Hemos encaminado todos los malos sentimientos derivados de la catástrofe en algo positivo.”

NOLA es una ciudad que, a pesar de los problemas, ha mantenido una mente abierta como la de sus habitantes. Tolerantes con la tradición queer desde los principios, se convirtió en casa de acogida del icono de R&B Bobby Marchan, y una vez recuperados del paso del huracán, la primera artista que llamaron para volver de su exilio en Texas fue a Big Freedia: “FEMA Fridays fue la sala que se abrió en Nueva Orleans después de lo ocurrido y me hicieron sentir que había una razón para volver a casa. Cuando aparecí, había colas que llegaban hasta la esquina y la gente se desgañitaba como si fuese Michael Jackson y no yo quien venía a la actuar.”

Así que la música bounce, la cultura queer y el booty dance se convierten en cimientos sobre los que reconstruir la vida ociosa del lugar. Del mismo modo que otras localidades tienen el Crunk, el Miami Bass, el Ghetto House o el Baltimore Club. “En cualquier lugar de la Tierra hay un sonido y una cultura nacida allí, y en Nueva Orleans tenemos el bounce, el jazz y el góspel también -puntualiza Queen Diva- no hay que olvidar la famosa Mahalia Jackson.”

5.
El sexo
y el alma,
o el lugar
donde se unen
el góspel
y el bounce

“La música bounce está en mis venas. Es lo que todos nosotros escuchábamos en Nueva Orleans entre los ochenta y los noventa. Era eso o el góspel, cariño” contaba Big Freedia para una entrevista en LGBT Weekly.

Pero hay una anécdota más divertida al respecto: en una entrevista con RuPaul, Big Freedia explicaba que “cuando dirigía el coro de góspel, subía mis brazos y todos empezaban a cantar; ahora levanto un dedo y empiezan a twerkear”. Otro de los nexos curiosos es que la cadena de cafeterías de Luisiana, PJ’s, ha comenzado a distribuir discos de Bounce & Soul. Pero dentro de la aparente banalidad, esta música espiritual necesita de una dimensión carnal para complementarse.    

Fue en la misma visita a Madrid para asistir al Spanish Bounce Shakedown, que aproveché para encontrarme con mi amigo Nicolás, y hablando sobre cuál podría ser esa misteriosa conexión entre la religión, el espíritu y el sexo, él pareció dar con la respuesta:

“El mundo religioso de los negros es completamente distinto al de los blancos. Los blancos utilizan la religión para dominar y meter miedo a través del pecado. La religión convencional lo ve todo como pecado porque ve que donde hay felicidad, hay luz y puede haber rebelión. Los afroamericanos, con inocencia y sensualidad, convierten lo religioso en algo mágico, auténtico y puro. Además, tienen ese sentido de comunidad, de llamarse brother, hermanos del alma. Little Richard siempre decía “Ooh, my soul!” sabiendo que de allí salía el blues, r&b, el soul, el jazz, el hip hop. Todo viene de la diáspora africana y tiene un nexo religioso en el sentido más libre y profundo de la palabra. Un espíritu mágico que va unido a lo sexual, entendido entre lo platónico y lo real; muy de hacer el amor con el alma, que no quita hacerlo también con el cuerpo. Entendiendo el cuerpo como un camino hacia l alma, no como un objetivo. Esta unión tremenda entre lo místico y lo sexual, se nota hasta en los deportistas. Los atletas de ascendencia africana corren tanto porque en un sentido metafórico corren con el alma, lo están viviendo.” 

6.
Poniendo
finalmente
el culo
en su sitio

Y haciendo ahora un flashback -porque si en algo coincidimos con Nicolás es que el tiempo es circular y pocas veces conseguimos encarrilarlo en una línea recta-, cuando estaba allí sentada con Big Freedia, en la entrada de su hotel, fumando las dos un cigarrillo tras otro -que ella me encendía con unas manos de manicura perfecta, uñas curvadas y perladas de gloss-, solo me quedaba una pregunta por hacer para gestionar todo lo aprendido:

¿Cómo puedo actuar de una forma respetuosa y constructiva con la cultura bounce?
“Una forma respetuosa es ser tú misma y disfrutar de la música y de tu vida. No importa quién eres ni de qué trabajas, si eres blanca, negra, gay, hetero, joven o vieja. Es una música para la comunidad, todos podemos conectar con ella, gozarla y bailarla. Como pudiste ver, doy clases de ello y tengo una amplia audiencia que va de los cero a los sesenta y cinco años viendo mi programa de televisión y entrando dentro de la cultura bounce. Así que cualquiera puede abordar este tipo de música. Hacerlo de una forma respetuosa es sintiéndote cómoda, sea lo que veas que te hace estar a gusto o feliz o despreocupada sobre los juicios ajenos. ¡Aquí tienes la mejor manera!”

¿Te has encontrado incómoda en algún terreno?
Me prohibieron actuar en Mississippi porque estábamos moviendo las caderas y pensaron que era demasiado sexual.

Es curioso porque se acepta la pornografía degradante o cosifican los cuerpos de las mujeres en los anuncios, pero parece que si no es una sexualidad controlada por el Estado no es válida.
Cierto. Grandes artistas como Elvis Presley también fueron prohibidos en Mississippi. Tuve que contratar a un abogado y hacerles entender que era un baile que servía para expresarse libremente de la forma que habíamos elegido nosotros mismos. Al final pude regresar y enseñar a la gente de allí lo que es el twerk.

¡Y la policía no vino esta vez!
Sí que vino, pero se quedaron en la puerta. Por lo menos no pararon el concierto.
Y de golpe, después de este viaje por las ironías de Mississippi, volvíamos a estar con nuestras nalgas aposentadas en la puerta de su hotel, en Madrid. Las dos apurando caladas tranquilamente y disfrutando de la compañía. Yo imaginándome en Nueva Orleans y ella, seguramente, en modo fastforward pensando en el pedazo de concierto que luego daría esa noche. Una épica compartida, porque después de tan extensa explicación -tampoco os quejéis, que el artículo de Foster Wallace de referencia ocupaba más de cincuenta páginas- entendéis un poco mejor por qué le organizamos una recepción real a Queen Diva, ¡trajo toda su cultura a nuestro país y nos colocó el culo en su sitio!

[Podéis ver todos los vídeos de la noche aquí]