Tinder.

Las infinitas caras
a la venta.
Part 2, VR edition


Dice el pensador Mark Rowlands que la filosofía surge del choque entre dentro y fuera: lo que yo veo y lo que ves tú, mis ideas y las tuyas, la consciencia frente al cuerpo. Tinder y la Realidad Virtual (dos novedades de la era digital que aún están a examen) nos hacen revaluar estas distancias: dentro, un catálogo infinito de romances posibles, fuera, un panoli como el de este GIF agitando los brazos. Fuera, una legión de guardianes hablándonos de lo auténtico, como oyentes de Rock FM o adolescentes que leen a Heidegger. Dentro, adoradores de ese solucionismo tecnológico contra el que nos advierte Evgeny Morozov: la tecnología salvará el mundo entero, hasta el amor.

Si en un GIF anterior veíamos este supermercado de la seducción desde dentro, aquí tenemos el contraplano: no sabemos qué está viendo él pero lo encontramos embobado en una búsqueda infinita. Con GIFs como este, los apocalípticos digitales (los mismos que llenan Facebook con fotos de niños mirando el móvil) tienen la prueba clave contra el humano moderno: ¿Podría el romance ser más impersonal y menos romántico? ¿Nos convertiremos todos en idiotas que ligan haciendo aspavientos?

El GIF es obra de Tom Galle, un premiado creativo belga y “artista de internet” afincado en Nueva York. Apareció primero en su cuenta de Instagram, que, de tan irónica y delirante, podría ser la de cualquier solucionista. Pero no: este GIF es un gag, en el que Galle fuerza la parodia acercándola al referente real, como si el sexo virtual de Demolition Man fuera una profecía autocumplida.

Yo, que soy poco de ironía, voy a ponerme por un momento del lado de ese hipotético Tinder virtual. Sí, Galle está haciendo el idiota, pero esa cara de entrega que imita (la misma que ponemos todos en nuestro primer encuentro con la RV, hasta el neoludita más convencido) también nos dice que nos queda capacidad para el asombro. Hace dieciséis años, George Ritzer escribía sobre el encanto de un mundo desencantado: un encanto hastiado, tecnófilo, centrado más en la tramoya que en la escena. Con la RV recuperamos ese primer impacto que nos desarma, un encanto sin desconfianza, sin making of. ¿Acaso no nos pasa eso cuando nos enamoramos?

Galle se chotea del exterior de lo virtual, pero dime tú si el amor o el sexo son diferentes en el mundo real: desde dentro, todos somos los últimos románticos y amantes apasionados; desde fuera… sospecho que no habría tecnología que nos salvase del ridículo.

Por Víctor Navarro Remesal