TETAS

Y

Por

Alexandre
Serrano

GATITOS

Cuenta Elizabeth L. Eisenstein en The Printing Revolution in Early Modern Europe que la difusión de la imprenta no sirvió principalmente para la irradiación de los grandes textos del humanismo europeo, la divulgación del saber científico, la propagación del espíritu enciclopedista o la circulación de cualquier otro efluvio de la alta cultura. Entre los siglos XVI y XVIII lo que menudeó de verdad bajo las prensas fue la literatura sicalíptica y pastoril, los novelones de caballerías, los almanaques campesinos bien surtidos de adivinanzas, refranes y cuentecillos, los libelos políticos de baja estofa y, sobre todo, una profusión extraordinaria de misales, vidas de santos, gozos, sermones y biblias. Si escamoteamos este hecho solo obtendremos una visión muy parcial de las sociedades de aquel tiempo y de sus modos de producir discursos y sentido.

Esta editorial ha tenido desde el principio la perspicacia de entender que las imágenes animadas pueden ilustrarnos sobre la época que nos ha tocado vivir. Fragmentarias, anónimas o de autoría difusa, hijas del reciclaje y de transmisión viral, son los pliegues de cordel del siglo XXI. Y como tales, un indicador relevante de los humores, referentes, expectativas y demonios de quienes lo habitamos. Pero su agudeza quedaría en entredicho si solo atendiera a sus manifestaciones más sobresalientes y originales; a aquello que resaltase en la gran escombrera digital. Porque el grueso de lo que corre por la red apela a instintos elementales y procede por un lenguaje directo, satisface los anhelos del bajo vientre o se regodea en el sentimentalismo y la ñoñería. Consiste, en otras palabras, en tetas y gatitos. Que como nos revela Eisenstein, es más o menos lo que ha nutrido a la comunicación popular desde sus orígenes.

La imagen titular de este Weekly GIF tiene la gracia de articular esos elementos y a la vez ridiculizarlos un poco. Hay un minino monísimo y un escote generoso, pero su disposición y uso crea el chiste. No es una sátira sangrante, sino más bien un apunte perverso. Una viñeta emparentada con cierto humor clásico de tira gráfica, que aboga por la crítica social ácida y chispeante más que por la diatriba frontal. Se divierte a costa de la vulgaridad de los gustos comunes sin dejar de apoyarse en ellos. Toma los dos recursos más sudados que haya en la red y los subvierte con gesto grácil de ilusionista. Y es posible que ese ponernos delante del espejo, con leve ironía y relativizando la gravedad del asunto, sea más lúcido que el milenarismo agorero que advierte de la catástrofe cultural cibernética, de la degradación final de la sensibilidad y del ocaso del mundo ilustrado que ha representado Internet. ¿O acaso pensaban que hubo un tiempo en el que los tratados de Kepler y las botánicas de Linneo pasaban de mano en mano?