TARTAS, FOBIAS
Y
BLOQUEOS CREATIVOS

Una entrevista
(demasiado personal)
con Adrian Tomine

Por Víctor Parkas

—Tengo una solución para el bloqueo: ¡Adrian Tomine!

Estamos en una de las aulas de la escuela de cine y la frase la dice nuestro profesor de prácticas. Uno de mis compañeros ha llegado a un punto muerto en el que, a una semana vista de salir a rodar, no es capaz de escribir un guion lo suficientemente satisfactorio para ello. Es entonces cuando el profesor, con un movimiento ensayado, saca de su carpeta tantas fotocopias como alumnos ocupamos la clase; las reparte. Es el cómic Glaseado de fresa, donde el protagonista termina, en las escasas dos páginas que dura la historia, con la cabeza aplastada contra un bordillo. Su autor es Adrian Tomine.

Nuestro lado oscuro es una de mis obsesiones”, me cuenta el propio Tomine, cinco años después de este episodio universitario. “Las actitudes deplorables que adoptamos en nuestro día a día me resultan útiles como materia prima para mi trabajo, pero me interesa todavía más tratar de comprender por qué actuamos así. Sin embargo, no creo que en mis cómics esté dando una visión injustamente negativa del ser humano. Quizá sí una realista”.

Glaseado de fresa, nos dice el tutor, será la historia que mi compañero tendrá que adaptar para su primera práctica de formato corto. El trabajo a partir de este encargo académico es, claro, convertir una historia de Tomine en algo profílmico; en un borrador de guion que pueda ser traducido a lenguaje audiovisual.

“¿Que a qué director de cine escogería para adaptar mis trabajos? Es como si en el instituto me hubieras preguntado con qué chica de clase me gustaría tener una cita: algo demasiado embarazoso como para responderte”, me contesta Tomine, que más tarde se declara fan de Yasujiro Ozu, Michael Haneke y Mike Leigh. También me gustan mucho series como Louie o la versión británica de The Office, pero no sé si como profesional me gustaría dar el salto a esa industria. Para mí, que trabajo con el mismo editor desde que soy adolescente, sería desalentador no poder disfrutar de una libertad creativa como la que tengo dibujando cómics”.

El alumno al que le ha sido encomendada la empresa de convertir Glaseado de fresa en película de corta duración no acaba de conectar con este material, lo que suscita un nuevo bloqueo creativo. Con la intención de ofrecerle otros relatos en los que inspirarse, le prestamos Rubia de verano, la primera compilación de historias firmadas por este autor que contó con el respaldo de la prensa generalista.

“Puede que ahora tenga más lectores y más repercusión mediática que cuando me autopublicaba, pero para mí el proceso de hacer un cómic sigue siendo el mismo: trabajar día a día, completamente solo, en una esquina de mi habitación. Tener reconocimiento en un mundo como este, al contrario de lo que pasa en la industria cinematográfica o en la musical, te permite seguir siendo un freak solitario que no se mueve de su mesa de dibujo”, reflexiona el autor cuando se le pregunta por su salto del underground a las estanterías que acogen sus laureadas novelas gráficas.

Ni siquiera Rubia de verano es capaz de inspirar –al protodirector, por lo menos– un guion con la suficiente enjundia. Pensamos que, si Tomine es bueno para nuestro profesor, también deben serlo otros popes del independiente americano como Daniel Clowes o Charles Burns. Intentamos que el aspirante a director, aún in albis, saque ideas de Bola Ocho; de El Borbah; de cómics de Peter Bagge.

Peter Bagge fue uno de los primeros en apoyarme cuando estaba abriéndome camino en el mundo del cómic”, dice Tomine sobre el profeta hater creador de Odio, con el que además firmó el divertidísimo Trébol Calamar. No solo es un buen amigo, sino que es de mis dibujantes favoritos desde que publicaba Mundo Idiota. Sigue sorprendiéndome, a día de hoy, la cantidad y diversidad de material que es capaz de producir”.

No es negociable: golpe de mano del tutor y hay que rodar sí o sí Glaseado de fresa. La historia original –minimalista, sugerente, abiertamente hostil– resulta vacua para nuestro compañero, al que se le viene el tiempo encima: necesita tener un guion cerrado sobre el que poder planificar el inminente rodaje. Finalmente, opta por usar Glaseado de fresa únicamente como clímax, dentro de un libreto más extenso sobre paternidad fracasada, pasteleras convertidas en buenas samaritanas, y otros giros artísticos que emparentarían a este estudiante de cine con el personaje principal de Una breve historia del arte conocido como hortiescultura.

Cada vez que me pongo delante de mi mesa de dibujo me siento como el protagonista de Una breve historia del arte conocido como hortiescultura”, confiesa Tomine sobre el cómic protagonizado por un artista incomprendido y su quijotesca cruzada por conectar con un público que no existe. Cuando salió publicado, la gente pensó que era mi elucubración sobre qué habría ocurrido en el caso de haber fracasado como dibujante. Creían que era una historia especulativa sobre mi vida en un universo alternativo, pero para mí es puramente autobiográfica”, nos revela. Fue el primer cómic que escribí cuando nació mi primogénita. Ser padre hace que te vuelvas más autoconsciente en todos los sentidos”.

Glaseado de fresa, rebautizado para su flamante puesta de largo cinematográfica como Tarta Sacher, fue rodado, presentado en clase, juzgado sin severidad por un profesor que se sabía ante la primera práctica del curso, y posteriormente olvidado por sus marginales –a nivel numérico y por el aforo de nuestra aula– espectadores. Por supuesto, acto seguido, su autor lo subió a Internet.

En líneas generales, creo que el impacto cultural que Internet ha tenido en nuestras vidas ha sido nefasto. Me encantaría poder criar a mis hijos en una época preiPhone. Como es imposible embotellar de nuevo al genio, intento enfocar mi energía no en despotricar sobre Internet, sino en plantearme cómo puedo lidiar con ello, con los smartphones, con las tablets, para no caer en la adicción a la que ha sucumbido todo el mundo”. Pocas historias de Tomine giran en torno de la cultura de Internet, pero Amber Sweet lo hace por completo: en este relato, la protagonista descubre, gracias a las nuevas tecnologías, que el acoso al que está siendo sometida lo causa su similitud con una famosa pornstar. Es interesante que tu lectura de esa historia sea que le tengo miedo a la fama, pero sí: me horroriza la fama”.

Cuando era joven, fantaseaba con que me reconociesen; es una fantasía típica de alguien que pasa la mayor parte del tiempo aislado de los demás. Sin embargo, cuando experimenté en mis propias carnes la versión más insignificante de ser famoso (como, por ejemplo, que alguien me reconociera por la calle) me sentí aterrorizado por completo. Creo sinceramente que la gente que lucha por ser famosa, la gente que lucha por un reconocimiento público a gran escala, está mentalmente enferma”.

No me cabe en la cabeza que, por elección propia, alguien decida sacrificar su intimidad a cambio de alimentar su ego”.

Miro las respuestas que me dio Tomine y pienso en cómo elaborar un artículo a partir de ellas. Su última obra publicada en España, Intrusos, apareció hace demasiadas semanas, por lo que ya no puede considerarse una novedad editorial alrededor de la cuál hacer orbitar un texto. ¿Le dedico un perfil? Qué pretencioso, ¿a estas alturas? He encontrado un enfoque que me gusta, pero no sé hasta qué punto puede resultar invasivo o altanero para con los implicados. No sé. Supongo que a esto se le llama estar bloqueado.

Aunque por historias como Triunfo y Tragedia te pueda parecer que normalmente me avergüenzo de la gente que me es cercana, es todo lo contrario: una preocupación constante por si alguna de mis obras podría avergonzarles a ellos”, termina Adrian. He dejado guardadas en el cajón algunas de mis ideas por miedo a que gente que conozco las considerase demasiado intrusivas. Pero no: nunca he dejado de publicar una historia por considerarla demasiado personal”.

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA

Glaseado de fresa se incluye en Sonámbulo y otras historias (La Cúpula)
Trébol Calamar se incluye en Gilipolleces (La Cúpula)
Una breve historia del arte conocido… se incluye en Intrusos (Sapristi)
Amber Sweet se incluye en Intrusos (Sapristi)
Triunfo y Tragedia se incluye en Intrusos (Sapristi)

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