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Por Eulàlia Iglesias

Los fashion film son la alta costura de los spots publicitarios de moda. En lugar de diseñarse para su continua emisión en la parrilla televisiva entre tantos otros anuncios prêt-à-porter, se idean como un producto exclusivo, de mayor duración y presupuesto, reservado para ocasiones especiales. Por eso hablar de fashion films de autor tiene algo de redundancia. Desde siempre, las grandes marcas de moda han confiado puntualmente su publicidad audiovisual a prestigiosos directores provenientes del mundo del cine, de Martin Scorsese a David Lynch. El concepto fashion film solo ha puesto nombre y ha acabado de moldear esta tendencia. Estos spots llevan al extremo una concepción postmoderna de la publicidad en que el anuncio ya no ofrece información sobre la marca sino que la asocia a un imaginario atractivo y deseable. Incluso al estilo concreto de un director. En los fashion films, la propia película es el mensaje. Eso sí, vestida de marca.

No son pocos los directores conocidos que han firmado fashion films: Roman Polanski para Prada; la serie de John Cameron Mitchell para Dior con Marion Cotillard como protagonista; el ciclo #Tales de Miu Miu dirigido por cineastas mujeres como Ada DuVernay, Agnès Varda, Alice Rohrwacher, Lucrecia Martel o Miranda July; las películas de Karl Lagerfeld para su propia firma, Chanel, donde cada año brilla una actriz diferente (este 2016 es el año de Kristen Stewart); la aportación de Harmony Korine para Proenza Schouler, rompiendo uno de los principales tabúes de los fashion film, el imaginario socioeconómico…
Queda pendiente ver si desde el fashion film aparece una hornada de cineastas equivalente a la generación del videoclip de autor, es decir realizadores de nuevo cuño que se hagan un nombre a partir de darle al formato una estética diferenciada y a la vez personal. La alemana Monica Menez apuntaba a convertirse en la Michel Gondry del género, aunque lleva un par de años sin dar noticias en este campo…

Kenzo World
un film dirigido por Spike Jonze, protagonizado por Margaret Qualley

Las dinámicas del cuerpo atravesando un espacio protagonizan la filmografía de metraje corto de Spike Jonze desde que se inició en el cine skate. Algunos de sus vídeos posteriores mantienen ese espíritu skate de experimentar la ciudad a base de deslizarse por ella: los Beastie Boys corriendo, saltando y conduciendo en Sabotage o los Dinosaur Jr. moviéndose por la metrópolis a través de una partida de golf en Feel the Pain. Y cuando despliega una coreografía en una localización única, Jonze no suele seguir las rutinas de baile tipificadas en los clips mainstream: apuesta por la subversión amateur como en el Praise You de Fatboy Slim o produce maridajes inesperados como ese ejercicio de gimnasia rítmica de Sofia Coppola al ritmo de Elektrobank de The Chemical Brothers.

El spot para Kenzo funciona como remake en femenino de Weapon of Choice, ese homenaje al musical postclásico donde Christopher Walken tomaba posesión a través del baile del interior solitario de un hotel de Los Ángeles. Rodado en el Dorothy Chandler Pavillion, cuyas majestuosas líneas racionalistas recuerdan la localización de esa pieza para Fatboy Slim, en este fashion film para la marca japonesa es la asistente a una gala (la actriz Margaret Qualley) la que de repente se siente invadida por Mutant Brain, el tema de Sam Spiegel & Ape Drums interpretado por el MC jamaicano Assassin, y arranca a bailar por el amplio edificio. En el vídeo Drop para The Pharcyde, la banda ya parecía descuajaringarse mientras avanzaba por el barrio, a través de un truco tan simple como reproducir marcha atrás unos movimientos que también se habían realizado de la misma manera.

Y el spot de Jonze también recuerda a otro clip de Fatboy Slim, Ya Mama, en este caso firmado por Traktor, en que los cuerpos de los personajes entran en un súbito estado de descontrol, como si sus huesos los agitara una coctelera, en cuanto escuchan el casete entonando aquello de Push the tempo. Este clip estaba rodado en el Caribe donde filmó también sus últimas imágenes Maya Deren, la pionera en parte de todo esto. Deren concibió el cine como un arte cuya especificidad se encontraba en captar la transfiguración de los cuerpos a través de rituales ligados al movimiento. Si el videoclip de Weapon of Choice sugería una relación armoniosa entre la música y el bailarín, el spot de Kenzo firmado por Spike Jonze ofrece la versión hiperestilizada de la transformación de una mujer en pleno trance vudú; el baile como forma de expresar la posesión del cuerpo por una fuerza transfiguradora.

Come Together
un film dirigido por Wes Anderson, protagonizado por Adrien Brody

Por su parte, Wes Anderson encapsula su estilo y regresa a uno de sus temas recurrentes, la familia, en su miniatura navideña para H&M. El director de Los Tenenbaum recurre a uno de sus tropos preferidos, el ferrocarril, en tanto le permite concentrar uno de sus estilemas más reconocibles, lo que Kristin Thompson y David Bordwell bautizaron como encuadre planimétrico: la composición a base de planos frontales sin apenas profundidad de campo en que el espacio se despliega volumétricamente a través de líneas horizontales o verticales. La película muestra las reacciones de los diferentes pasajeros a medida que se enteran de que el tren va con retraso y no llegarán a tiempo a su destino el día de Navidad. El seguimiento del revisor a través de los diferentes vagones nos lo sitúa de repente en una suerte de piso superior. No nos queda claro si se trata de un ferrocarril de dos pisos o es la manera en que Anderson recorre una única línea horizontal, doblándola sobre sí misma en un trazado rectangular. La voz del encargado del tren al que da vida Adrien Brody no solo acompaña en off el recorrido por cada uno de los vagones mientras anuncia el percance. Un altavoz en cada uno de los compartimentos subraya esta presencia sonora del personaje. La elipsis temporal de un relato que apenas llega a los cuatro minutos se sitúa justo durante el paso por un túnel, como si a través de su oscuridad lleváramos a cabo este salto en el tiempo. Y es que buena parte del anuncio se narra a través de pequeños detalles visuales casi imperceptibles. Cada pasajero del tren aparece acompañado de un regalo con la foto de la(s) persona(s) (o ser) a quien va destinado. Con apenas media docena de personajes, Anderson traza un panorama multicultural donde el concepto ‘familia’ se declina de las más diversas formas: el ejecutivo en edad madura y la señora que lee una novela de Agatha Christie (no, no es Asesinato en el Orient Express) han pensado en sus hijos, la chica en el baño vive con su mascota, mientras que el esquiador tiene al menos novia, y el menor sin acompañante contempla el paisaje melancólico a la espera de reencontrarse con su madre. Tras la presentación, la cámara se sitúa en el interior del tren para seguir los preparativos misteriosos del personaje de Brody. Al final todos estos desconocidos confluyen para formar otra familia momentánea y felicitar así las fiestas al pequeño que viaja solo. Eso es el espíritu de la Navidad, según Anderson y H&M. Un lujo de felicitación.