Promises
of Joy

por Jordi Duró

El nombre de Sister Mary Corita Kent no aparece a menudo en los libros sobre diseño gráfico, pero recientemente parece estar recuperando el lugar que merece. Monografías como Come Alive! The Spirited Art of Sister Corita y la retrospectiva de este mismo año en el Andy Warhol Museum empiezan a hacerle justicia. Su impacto se sintió en el arte religioso durante generaciones y hoy en día su uso informal de la tipografía nos sigue pareciendo fresco.

Corita fue una de las figuras que predijo el pop. Fue portada de revistas y autora de obras tan visibles como sellos de correos. Sus brillantes serigrafías evolucionaron desde un expresionismo con simbología bíblica a composiciones tipográficas con eslóganes extraídos directamente de vallas publicitarias, envases de supermercado o marquesinas de gasolinera. Encontró su propia voz al combinar el uso del lenguaje publicitario –tanto el verbal como el visual– con un medio de reproducción económico. Ella disfrutaba en autodenominarse “Printmaker”: “(la serigrafía es) un medio muy democrático… me gusta la distribución de estas láminas a lugares cotidianos de trabajo y espero que den energía a la gente…más alegría en sus vidas”.

Corita daba clases e incluso dirigió el Departamento de Arte del Immaculate Heart College de Los Angeles, donde ella misma había estudiado. Estaba inmersa en la California de principios de los sesenta: de las Case Study Houses, del Hollywood más ácido, de los coches Kustomizados de Barris y de lo que Tom Wolfe denominó Boomerang Modern: los neones y los rótulos gigantescos. En ese contexto de modernidad, una religiosa con el habito tradicional consiguió atraer a nombres como Buckminster Fuller, Saul Bass, los Eames, Billy Wilder, Hitchcock o Jean Renoir a sus clases para dar charlas. El contraste entre los dos mundos desconcertaba a los que recibían sus invitaciones. Un ejemplo de la complicidad y la sintonía que se producía con los invitados es que durante años se han atribuido a John Cage las normas de trabajo para sus clases (Corita’s Rules). La lista era el resultado de un ejercicio con sus alumnos en el que se incluyeron ideas del propio Cage. Él, como todos los testimonios que tenemos de visitantes, hablan de una monja que no temía a nada y que Newsweek describía como “de una vitalidad infecciosa”.

Promises of Joy – O Productora Audiovisual

Pese a ello, los críticos de arte despreciaban lo que estaba pasando llamándolo “Dadá en el convento”. Si se lee atentamente la publicación que editaban las religiosas, The Irregular Bulletin, uno se da cuenta de que el espíritu que respira es de irreverencia y DIY pero justamente con un mensaje alejado del absurdo. Como ejemplo, en una esquina aparece el recorte, desconectado del resto: “If all else fails FOLLOW DIRECTIONS”. Esta instrucción podía haber dado pie a una serigrafía de Corita, ya que las marcas y los eslóganes sacados de contexto cobraban un significado completamente nuevo colocados en un entorno religioso. Sirva como ejemplo el mural que hizo con el eslogan de gasolinera Power up y que colocó sobre un altar. Corita daba además un nivel de información adicional copiando párrafos de Walt Whitman o letras de los Beatles en las esquinas de sus láminas.

El espectador se hacía cómplice de la mirada que veía signos ocultos en mensajes comerciales: releído, el nombre del pan de molde Wonderbread adquiere una mística profunda. Las frutas Sunkist (“sun kissed”) resuenan a salmos. Corita nos hace repasar las imágenes y dotarlas de nuevo contenido. Como en Open Wide, donde carga de un nuevo significado a la señalización y nos deja esa puerta abierta para seguir mirando el mundo con otros ojos, buscando segundas interpretaciones. Esa es la fuerza de su obra más pop.

Su trabajo se fue politizando más y más. Empezó a manifestarse contra la guerra de Vietnam y a molestar dentro de la estructura eclesiástica. Se retiró de la docencia por sentir un exceso de protagonismo de su persona pública frente a su alumnado. Al final dejó la orden y al poco tiempo se casó. Siguió trabajando… pero su obra nunca volvió a ser tan potente como cuando su trabajo y su persona presentaban esos contrastes casi irreconciliables. Esas serigrafías siguen vibrando, siguen frescas en su contradicción.