Viernes, 10 febrero 2017

WEEKLY GIF

Alexandre Serrano, colaborador de O.

Una de las cosas que más me entusiasman del GIF es el modo en que continúa formas precedentes de folklore. Como aquellas, se apropia sin melindres de materiales ya existentes y los resignifica de formas incisivas e inesperadas. Es el caso de la imagen animada que nos ocupa, tomada de un sketch del músico y cómico norteamericano Weird Al Yankovic. Y es que lo él describió como un “truco estúpido” para divertir a sus amigos se ha convertido en una secuencia inmejorable -y así utilizada en hilos virtuales- para poner en evidencia a charlatanes.

“Patrañas
hasta en la sopa”

Patrañas hasta en la sopa – O Productora Audiovisual

No es para menos, pues enseña la tramoya de incontables áreas de la actividad humana. Las añagazas con las que tantas disciplinas y razonamientos se hacen pasar por mucho más de lo que son. El oropel con el que se recubren lugares comunes para presentarlos como innovadores y contranormativos. Ideas peregrinas o más viejas que la tos con pátina de sabiduría y revelación. Quien haya estado en la presentación corporativa de un departamento de recursos humanos o esté familiarizado con cierta jerga urbanística sabe perfectamente de lo que hablamos. Pero no solo eso: la palabrería y el simulacro han hecho metástasis en todas partes. Chácharas políticas -viejas y nuevas-, engañabobos nutricionales, psicología de baratillo, paraciencia sobre casi todo… El naufragio del periodismo en la escollera del clickbait preferiría dejarlo para otro día, porque el símil es hasta doloroso. ¿Y queda algo por decir de las imposturas en la alta cocina o en el arte contemporáneo? ¿Y del gran tocomocho de la economía digital? Son ya tantos los vulgares cucharones soperos que nos quieren colar como orbes flotantes, tantos los candidatos a La Contra de La Vanguardia, que a poco que siguiéramos no quedaría profesión o ideología por ofender.

Ahora bien, si la metáfora es perfecta es porque lleva incorporadas instrucciones de uso. Hay algo claramente histriónico, aparatoso y falso en el ilusionista del GIF. Un despliegue en exceso caricaturesco que nos pone sobre aviso y nos advierte de que hay gato encerrado desde el primer momento. Es algo que identificamos sin problemas porque conocemos la tradición paródica a la que está citando. Pero lo mágico de verdad es que ese método para detectar fraudulencias funciona con cualquier cosa: cuando se nos exige la suspensión del sentido crítico, lo emocional se adueña de la escena y la gesticulación es el discurso…¡marramiau! Al otro lado hay, poco menos que siempre,  alguien con intención de meterla doblada. En su olla o, mucho más a menudo, en la nuestra.