Obama tiene flow – O Productora Audiovisual

Obama tiene flow

por Begoña Gómez Urzaiz

Igual ni siquiera los lectores de O, avezados como están en la lectura crítica del GIF, saben que están viendo ahora mismo en loop el Spotlight de las imágenes en movimiento. El minivideo trucado de Obama, en el que aparece llegando a la Cumbre Nuclear de Seúl en 2012 en skate para saludar al presidente surcoreano Lee Myung-bak, ganó este año el Oscar de los GIF, el Gify, que tiene una legitimidad similar a los premios de la Academia de Hollywood. Los concede la agencia de publicidad CP+B de Los Ángeles, con un jurado formado por redactores de Buzzfeed, Gawker y el gato Lil Bub. Hay que reconocer que el montaje del GIF resulta perfecto, sin costuras, pero si funciona especialmente bien es por a) la cara de Obama y b) se apoya en el paradigma da-risa-porque-es-verdad.

Quedan apenas meses para despedirle y la red ya llora al que será para siempre el primer presidente genuinamente cool de Estados Unidos. Bill Clinton pudo tener una campechanía casi tóxica y George W. Bush el encanto del tonto que ríe dos veces (entre otras cosas, porque le ha ido mucho mejor que siendo listo), pero solo Obama tiene flow, tumbao, swing y hasta swag. Y él, que lo sabe, lo ha explotado de manera progresiva. Cuando aún era candidato y al principio de su legislatura, a pesar de que vivía entonces envuelto en un aura de infalibilidad que le valió incluso un premio Nobel de la Paz preventivo (“porque pinta que lo va a hacer bien el chaval” fue, básicamente, la justificación), aún había en su entorno cierto miedo a explotar las supremas posibilidades de un presidente que cazaba moscas como un maldito ninja. Quizá porque dejaba en evidencia que, bueno, también era el primer presidente negro. Preferían entonces hacer humor explotando la idea de un Obama “padre”, con “jeans de padre”, algo castrado por una mujer que era a todas luces una fuerza de la naturaleza. Esa era una mina cómica efectiva pero poco arriesgada que confiaba en buscar la empatía, como si el americano medio pudiera empatizar con un tipo huérfano de padre que fue a Harvard y se convirtió en líder mundial tras apenas cuatro años como senador anónimo.

Pero en cuanto dejaron suelto al presidente, empezó a construirse una persona cómica que le pega mucho más: el del tío que mola y no quiere esconderlo. Obama, que se considera un connaisseur del humor, se ha declarado fan de Louis C.K., de Jerry Seinfeld (también grabó su programa, Comedians in Cars Getting Coffee), Richard Pryor y Dick Gregory, pero como humorista en jefe tiene más en común con alguien como Joel McHale, a quien escogió por cierto para presentar su Cena de Corresponsales de 2014, esa cita en la que se espera que el presidente se comporte como un monologuista y que para otros líderes ha sido un duro trance, pero no para Obama. Ahí y en sus muchísimas apariciones en los late shows (fue el primer presidente electo en aparecer en uno, con Jay Leno, y después no ha parado: salió hasta ocho veces en el programa de su amigo Jon Stewart y sus cameos con Jimmy Fallon son néctar viral) ejerce un humor moderno y con toques meta, pero ciertamente poco self-deprecating, o lo justo para una cultura que exige una cucharada de humildad por cada dos de arrogancia. En su Cena de Corresponsales de 2015, hizo una broma obligada sobre que ya no le quedaban elecciones a las que presentarse. Los republicanos de la sala rieron. Y entonces Obama añadió una broma fuera de guión: “lo sé porque he ganado las dos”. Mic drop.

En esas ocasiones, el presidente sale ileso incluso del pecado cardinal de los cómicos de stand-up, reírse de sus propias bromas. “Le sale esa media sonrisa. Sabe al 100% lo que está haciendo”, dijo al respecto el cómico Brian Alger, que ha contribuido con chistes a algunos de sus discursos.

En su segunda legislatura, el presidente ha paseado su chill por escenarios más alternativos. Acudió a vender su reforma sanitaria a Between Two Ferns, el programa online de Zach Galifianakis, donde volvió a ejercer ese humor un poco abusón del que hablábamos – “un tercer mandato sería tan malo como hacer Resacón en Las Vegas 3” – y hasta grabó un episodio del podcast de Marc Maron, como un cómico más, donde se permitió decir la palabra ‘nigger’. Esta semana, cuando se pase por España en los minutos de descuento de su presidencia, se encontrará cara a cara con otros dos jedis del cool: el jefe del Estado, un hombre que escribe “ahí va” en sus whatsapps (que avisa cuando entra en un grupo) y el presidente en funciones. Pero si eso ya tal.