Mama, quiero ese chaleco.

Entrevista a Deborah Lynn Scott.

por Joan Pons

Mama, quiero ese chaleco. Entrevista a Deborah Lynn Scott. – O Productora Audiovisual

Marty McFly y el chaleco rojo que quería todo niño.

A Deborah Lynn Scott no sabía que la quería entrevistar hasta casi cinco minutos antes de empezar a hacerlo. Sucede que cuando te toca cubrir la noticia de un rodaje de un film, te toca también vagabundear durante muchas horas por un set,  a menudo aislado del mundo real, esperando a tener los diez minutos de turno (compartidos con otros periodistas, claro) con la estrella protagonista o el director de la película. Ahí es cuando debes activar el detector de pintoresquismo y/o dejarte llevar por la curiosidad. No es tanto tomar apuntes del natural o elevar a categoría cualquier anécdota que surja durante esa jornada de filmación abierta a la prensa (además, no todos somos cronistas tan agudos y divertidos como David Foster Wallace en su mítico reportaje sobre el rodaje de Carretera perdida). Más bien se trata de decir que sí a cualquier entrevista posible que te ofrezcan con algún miembro de la crew, por insignificante que a priori te parezca. A ver qué se puede rascar porque… siempre hay algo que rascar.

“Oye, ya que llevamos un retraso de más de dos horas, ¿te interesaría entrevistar a Deborah?. Esta es su roulotte. Si quieres…”,  te suelta el responsable de atender a los medios cuando ya no sabe có mo entretenerte. ¿Deborah? ¿Quién es Deborah? “Deborah Lynn Scott . Es la diseñadora de vestuario. Tiene un O scar”. A ver… Google me corrobora que sí, que tiene un O scar por el diseño de vestuario de Titanic. Ah, muy bien. Pero también me chiva el IMDB que mi posible entrevistada ha sido la responsable del guardarropía de más de cuarenta películas de Hollywood desde 1980. Entre ellas: Avatar, Transformers, The Amazing Spiderman 2: el poder de Electro, Minority Report, Looking For Richard, Calles de fuego, Heat, Wild Wild West, Sliver (Acosada), El patriota, La isla, Dos policías rebeldes II, Dolor y dinero y unos cuantos titul azos más. De entre  todos ellos, me llaman especialmente la atención dos películas en las que participó en sus inicios: E.T, el extraterrestre y Regreso al futuro. ¿Cómo? ¿Esta mujer es la que decidió que el personaje de Elliott llevara aquella sudadera con capucha roja y que Marty McFly vistiera aquel chaleco acolchado como un anorak que tanto quería tener en mis años púberes? Esto tengo que comprobarlo. Así que, sí, vale, acepto los diez  minutos que pueda tener con esta diseñadora de vestuario, no ya encantado, sino encantadísimo.

Mama, quiero ese chaleco. Entrevista a Deborah Lynn Scott. – O Productora Audiovisual

Deborah Lynn Scott

La roulotte de Deborah Lynn Scott es una mezcla de tienda de disfraces take away, taller de costura ambulante y armario de Narnia agitanado. Ella me recibe predispuesta y sonriente, aunque sin dejar en ningún momento sus labores: me responde mientras plancha las puñetas de un blusón blanco. No parece darse ningún aire por el hecho de que algunas de sus elecciones de vestuario hayan sido imputs creativos que completaban la expresividad y la iconicidad de una película, pasando, en algunos casos, al subconsciente colectivo. Ella asegura que siempre se ha sentido, únicamente, como parte de un equipo y si aprovecha la parcela de creatividad que incluye su trabajo, intenta hacerlo siempre de la manera más profesional posible, sin ínfulas artísticas. Le pagan por tomar estas decisiones; así que las toma.

¿La decisión de que Marty McFly llevara ese chaleco rojo en Regreso al futuro fue tuya, pues?
Sí, claro.

Vale, entonces, para mi madre, tú eres la culpable de que le diera el latazo durante medio año para que me comprara uno igual.
(Ríe). ¡Me lo dice mucha gente! La verdad es que cuando lo escogimos, no pensábamos que iba a convertirse en una pieza de ropa tan popular, tan cool. Simplemente necesitábamos un ítem que pareciera inusual en los cincuenta y que, además, pudiera dar pie a algún chiste.

Pero, ¿por qué ese chaleco en concreto?
Supongo que porque en los ochenta estaban muy de moda y treinta años atrás les parecería extraño, pero no marciano. O no del futuro. Ya hay otro momento de Regreso al futuro en el que Marty debe parecer alguien llegado de otro planeta; cuando asusta a su padre con un walkman y un traje como de laboratorio. Pero  el chaleco tenía otra función: a las personas de los cincuenta les debía parecer una pieza de ropa reconocible, pero no algo que la gente usara en su día a día. Por eso, lo confunden con un marinero o un trabajador  del puerto que aún lleva puesto su chaleco salvavidas. Por otro lado, había que escoger una prenda que fuera muy visible, muy evidente. No bastaba con una gorra o con unas zapatillas. Hubieran pasado inadvertida s. Y una chaqueta que pareciera fuera de contexto habría tenido que ser muy exagerada, que en los ochenta había muchas , y eso no encajaría con el personaje. Así que un chaleco de ese estilo era la opción más realista. 

¿Y la sudadera roja con capucha de E.T? ¿De esa prenda también te sientes responsable por todos los niños que le pidieron una igual a sus madres?
(Ríe) En ese caso, no tanto. Supongo que era más fácil de encontrar una sudadera igual o muy parecida en muchas tiendas. En ese caso, tampoco creo que la decisión fuera tan creativa por mi parte. Simplemente fue lógica: querían una pieza de abrigo que resaltara mucho en plano general, incluso en tomas nocturnas, y sirviera para identificar al personaje principal del resto de sus compañeros. Escoger el color rojo era casi inevitable.

El rojo también significa muchas cosas, ¿no? Peligro, drama… También marca al personaje como un objetivo…
Bueno, yo lo veo de otra manera. Podría haber sido una sudadera amarilla o de un verde muy vistoso, pero… habría sido menos verosímil. En aquella época los niños de los suburbios, al menos en Estados Unidos, no llevaban prendas de esos colores. El rojo (un rojo muy básico) era más habitual y más realista.

Ya es la segunda vez en esta entrevista que justificas una de tus decisiones en base al “realismo”. ¿Tan importante es para ti?
Mi misión en una película es, en un período de tiempo que siempre suele ser corto y con un presupuesto distinto al que desearías, realizar un diseño de vestuario lo más auté ntico posible. Quisiera aclarar una cosa: entiendo auténtico no como realista, sino como ajustado a la idea genuina que los responsables de la película tienen en la cabeza. Se trata pues de coordenadas de credibilidad dentro de la ficción y de acuerdo con los personajes. Es importante que el vestuario sea creíble y no que esté exagerado o se quede corto.

¿Qué pasa cuando se trata de películas muy fantasiosas o de ciencia ficción ?
Es exactamente igual. Incluso más fácil. En los films sobre el futuro es donde las coordenadas de vestuario están más rigurosamente marcadas: todas parten de un diseño artístico previo. Así que, en eso casos, mi papel suele ser más de patronista. Es mucho más interesante el diseño de vestuario de películas históricas. A menudo, hay periodos del pasado de los que no hay fotos, sino cuadros. Y los cuadros son muy interpretativos. Son la visión de un artista. Así que para ese tipo de trabajo haces un esfuerzo de documentación mayor: vas a museos, hablas mucho con historiadores o con especialistas en arte. Una foto te da una versión de la vida y de las proporciones de esa vida más ajustada, aunque también se note el ojo del artista detrás. Con un cuadro, necesitas a alguien que te señale que esos personajes seguramente eran más altos o más bajos de lo que tú crees, a qué clase social pertenecían, si ese vestuario era del día a día o de una ocasión especial, qué ocasión era e sa… 



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No resulta fácil deducir qué tipo de película estás haciendo ahora mismo por el vestuario que veo en tu roulotte.
Es una especie de estilo inspirado en estrellas del rock de los setenta. No tanto en modas muy claras estéticamente, como el glam o el punk, sino en músicos de la época de los que nadie diría que tenían un look muy específico. Y no es verdad. Incluso los mánagers de los setenta tenían un look muy reconocible, si te fijas. Es un estilo un poco post-hippie, un poco Lauren Canyon. En el rock actual, hay mucho diseño de vestuario aburrido, escogido por la compañía para que no moleste o sea extravagante de una manera artificial. En los setenta, todo era más libre. James Taylor, Leonard Cohen, George Harrison o Lindsey Buckingham tenían cada uno de ellos un estilo muy concreto, entre serio y espiritual. Pero nunca aburrido.

Cuando eliges el vestuario, ¿piensas más en los personajes o en los actores que los interpretarán?
Siempre manda el personaje. En los proyectos, a veces hay complicaciones inesperadas con el casting y puede cambiar el intérprete. Pero el personaje va a seguir siendo el mismo. En un segundo paso, ya lo intentas ajustar al físico del actor. Lo que le queda bien a Bill Murray es posible que no le quede bien a Ben Stiller, por ejemplo. Pongo estos dos ejemplos porque, si se trata de una comedia, entonces las tallas son expresivas: un traje que le queda pequeño o que  le va grande al personaje siempre va a ser más cómico que uno bien entallado.

¿Cuánto espacio sueles tener para la creatividad?
Mucho. Sí confían en ti, es tu trabajo ser creativa. Al principio, yo necesito unas guías por parte del equipo de dirección. Pero después me toca a mí ser  la que los guie a ellos en el apartado del que soy responsable. Así que es un trabajo de darnos direcciones mutuamente o alternadamente según la parte del proceso en la que estemos.

¡Corten! Entrevistus interruptus. El mismo responsable de los medios que ha ofrecido esta entrevista ahora me la quita. Necesitan a Deborah para no sé qué pruebas de vestuario en el set. Me quedo con cara de Cenicienta y con la sensación de que he dejado escapar un millón de anécdotas y reflexiones sobre los oficios del cine que esta mujer escondía en su guardarropa. También me queda otra impresión: ya nunca más voy a pensar que el director es el único responsable creativo de una película que es interesante entrevistar (ni voy a hacer excepciones magnánimas so lo con directores de foto, guionistas o intérpretes). De cualquier nombre que aparece en los créditos finales de una película, incluso en la letra pequeña, se puede sacar (mucho) jugo. Aunque te den so lo diez  minutos. Así que, cuando un rato después me preguntan “¿Te gustaría hablar con el experto en armas del film?”,  mi respuesta ya es absolutamente entusiasta: ¡Sí!

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