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Make TV
Great Again

Por Begoña Gómez Urzaiz

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El capítulo 4 de la tercera temporada de Black-ish, titulado Who’s Afraid of the Big Black Man, se emitió en Estados Unidos a mediados de octubre –unos veinte  días antes de las elecciones que lo cambiaron todo– y aquí, en el canal TNT, la semana pasada. En los tres meses que han transcurrido desde entonces, ha quedado completamente obsoleto y, como tantas cosas que pertenecen a la era pre-Trump, verlo ahora provoca altas dosis de melancolía.

En él, el protagonista, Dre, un creativo publicitario afroamericano que, como dice el título de la serie, a menudo se siente “negro a medias” porque gana demasiado dinero y vive en un barrio demasiado cómodo, quiere demostrarle a su hijo que los blancos todavía tienen miedo del “Gran Hombre Negro” pero sus teorías se desmontan constantemente. Estando en el ascensor con su cuñado, un poeta fumado de  spoken word y su amigo, ambos negros, se sube una mujer blanca. Primero se agarra el bolso. “¿Veis?  Nos teme” les dice Dre con la mirada a los otros dos. Pero resulta que lo cogía para sacar el iPhone y después deja bien visible un fajo de billetes y empieza a dar por el móvil todos sus detalles bancarios. Punto para los otros dos, que defienden lo mucho que se ha avanzado en la  armonía social.

En realidad, para cuando se rodó y se emitió ese capítulo, ya nadie creía en la promesa postracial de Obama, desmentida por la cruda evidencia de la violencia policial y cuestionada por el movimiento Black Lives Matter. Pero toda la premisa de la serie solo se sostiene en el marco que hizo posible el ex presidente y que ahora parece tan lejano. De hecho, el episodio justamente anterior, titulado Hope, giró en torno a un caso ficticio de brutalidad policial. El padre quiere que los niños lo vean por la tele (pero no deja al mayor ir a manifestarse) y la madre, interpretada por Tracee Ellis Ross , no, porque quiere que tengan una visión más esperanzadora de la sociedad. En la escena más aplaudida, Dre le pregunta si no se murió de miedo cuando vio salir a Barack y Michelle Obama de la limusina en su primera investidura, pensando que llegaría un racista armado y se los cargaría allí mismo “y nos arrebatarían esa esperanza igual que siempre han hecho” .

Black-ish fue una de las series que llegaron a la parrilla hace poco más de dos años en un momento en el que la industria se daba colectivamente palmadas en la espalda por sus avances en diversidad -una palabra que, como señala Donald Glover, se ha quedado tan rancia como la noventera “tolerancia”-. Llegó más o menos al tiempo que Fresh Off the Boat (asiáticos), Jane the Virgin (latinos), con una Shonda Rhimes empoderada e imponiendo elencos multirraciales en sus series (Anatomía de Grey, Scandal, How To Get Away With Murder) y justo después de la oleada de feminización de las series que se hizo visible gracias a producciones muy distintas que tenían también mujeres en la sala de guionistas y en los despachos: Orange is the New Black, The New Girl, The Mindy Project y Girls.

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La tele en muchas ocasiones refleja no cómo es una sociedad sino como quiere verse, y durante los años de Obama este retrato tuvo mucho que ver con la nueva normalidad de Modern Family. Los Pritchett-Delgado-Dunphy son un 10% más latinos y un 15% más LGTBQ que los Huxtable o los Seabert pero comparten aspiraciones parecidas. Por otro lado, la pandilla de Cómo conocí a vuestra madre fue tan blanca y heteronormativa como la de Friends y mucho menos cínica que la de Seinfeld.

Las ficciones rodadas ya con Trump electo empezarán a emitirse pronto, y lo más probable, dado el clima actual de total politización, es que la überpresidencia lo alcance todo, de Juego de tronos a Dora la exploradora. Porque los guionistas y showrunners viven en el mundo real y tienen feeds en redes sociales tan saturadas de Trump como todos los demás y porque cada vez se transparenta más que neutralidad es complicidad. De momento, lo más parecido que hemos visto es el webisode que anuncia la cuarta temporada de Broad City, la única serie en la que hizo un cameo Hillary Clinton. Ilana Glazer y Abbi Jacobson habían escrito toda la cuarta temporada bajo el supuesto de que esta sería la presidenta y las cómicas se vieron obligadas a reescribirla a toda prisa. Será interesante (y poco consuelo) ver cómo abordan la nueva realidad series como Atlanta, Master of None o The Mindy Project –imaginamos a su protagonista sumándose en el último minuto al gorrito rosa de la Women’s March porque la cosa está hot en Instagram-.