La rebelión de los robots colegas

Por Víctor Navarro Remesal

Peeqo es un robot enrollado, un trasto que quiere caerme majo, y lo que me molesta es que lo consigue. Lo veo respondiendo a todo con GIFs y quiero uno. Habla nuestro idioma, el de los memes, la fragmentación, la referencia y la intertextualidad. No solo entiende lo que dices sino que te entiende, y lo demuestra con un reaction GIF de Juego de Tronos. Su creador, Abhishek Singh, lo define como el hijo ilegítimo de Amazon Echo y Disney: imagino a Wall·E o BB8 poniéndome Spotify y cómo no iba a quererlos. “I’m Peeqo”, se presenta, “the first robot to interact through GIFs.. ‘nuf said”. Ay, Peeqo, cómo eres.

Sospecho de Peeqo. Parece buen tío y no lo veo liderando una rebelión de las máquinas, pero también es cierto que Skynet hubiera ganado de haber invitado a cañas. Las máquinas que nos dominarán no son las que calculen mejor que nosotros (lo hace ya cualquier móvil) sino las que nos ofrezcan y pidan muestras de amor: acuérdate de que hubo cementerios de Tamagotchi. Inventos como Peeqo apuntan a un futuro de amor artificial, de habitaciones chinas, de debates sobre su autonomía y bienestar, de investigaciones sobre su conciencia de sí mismos y de los otros, de deberes y derechos robóticos. Pero todavía no. Mis sospechas son más inmediatas. Mientras que los que saben temen que la IA nos finiquite o que la automatización acabe con puestos de trabajo, yo me planteo que Peeqo me hace bajar la guardia, pero ¿ante quién? ¿Quién se beneficiará de este colegueo virtual?

Los robots como Peeqo, Pepper o Paro no son (todavía) un Otro, pero funcionan tan bien que resulta más práctico actuar como si lo fueran. Sus caras son las del “momento robótico” que describe Sherry Turkle, experta en interacciones humano-ordenador: máquinas que nos parecen “lo suficientemente vivas”, simulaciones que, en un sentido pragmático, ya nos valen. Sé que sus reacciones están programadas y que Peeqo no se enfada realmente, pero el GIF de Ira estallando en Del revés deja claro que tengo que cerrar Facebook. Tienes razón, Peeqo, no te enfades.

Si el robot no es un Otro, el colegueo no será con él sino con aquellos con los que me conecta. Más aún: conmigo mismo a través de él, con el cíborg que formamos él y yo juntos. El filósofo y diseñador de videojuegos Chris Bateman nos recuerda que toda herramienta tiene un aspecto moral (una pistola, un algoritmo o un desfibrilador cambian el potencial de una situación) y propone hablar de “cibervirtud”, o los hábitos deseables de los sistemas robot-humano, tanto en nuestra relación íntima con la máquina como en la que tenemos con otros a través de ella. El buen diseño no solo es funcional, también estimula nuestras virtudes. Puede sonar moralista, pero recuerda la secta de Apple, los idiotas que miran el móvil en el cine o el troll de Twitter que preside Estados Unidos. Así que ¿qué cibervirtudes me propones, Peeqo?

En las novelas cyberpunk de Michael Marshall Smith los protagonistas suelen discutir con sus neveras o despertadores, a los que no les falta labia. Al usar el GIF como lenguaje único, Peeqo no solo demuestra la relevancia del formato sino también su capacidad para desarmarnos: con la palabra podemos discutir, pero a un GIF de Sherlock con cara de penusa cuesta más ponerle pegas. Y deberíamos, porque si el GIF es el idioma de Peeqo, su registro es la informalidad mona e inocente, el tonillo de ligereza e infantilismo de las redes sociales, y su discurso la impostura cool de Silicon Valley, el absolutismo del feedback positivo. Peeqo no conoce la tragedia. Su diseño rebaja el espesor de lo cotidiano a costa de convencernos de que todo ha de ser festivo, y no sé si quiero un GIF de Dr. Who en el cajero. Además, con su desparpajo Peeqo nos está colando otra cámara y otro micrófono en casa, recopilando nuestros datos, otro poco de azúcar para la píldora del Big Data y el Always Online. Pienso en Meitu escondiendo código espía y la ternura de Peeqo toma otro color: el del hipercapitalismo kawaii.

Algún día tendremos robots enrollados que nos exterminarán o salvarán, pero por ahora detrás de los GIFs de Peeqo solamente estamos nosotros, con nuestras cibervirtudes y nuestros ciberdefectos, espiándonos, explotándonos, riéndonos las gracias, sobándonos el ego. Lo siento, Peeqo, pero tengo que desconfiar de tu buen rollo; no me pongas el GIF de Sad Affleck.