InstaMum.

Texto por
Estefanía Guilarte

Es un hecho: todos estamos empezando a utilizar Instagram por encima de nuestras posibilidades. Nadie tiene una relación de pareja tan perfecta ni una casa tan feng shui, la cadena Los Tigres ya no puede sacar más paletas de colores pastel, los problemas de las aerolíneas low cost nos lo están poniendo cada vez más difícil para hacer el IG de nuestros viajes y ya no hay filtro valencia que mate las patas de gallo.

La única manera de sobrevivir en la jungla del postureo parece ser que es tener un hijo y sobreexponerlo en las redes sociales. Utilizarlo como una extensión de ti mismo y convertir lo que hasta ahora era tu perfil personal en un InstaMum.

Y es que el tema mamis de Instagram es el infierno por muchos motivos. Las pioneras fueron “La liga de la Leche”, una “hermandad” que quizá tuviera mucho sentido en ciertos países, pero no tanto en España, donde no hay un problema real con el hecho de dar el pecho a tu hijo donde te plazca. ¡Eh, tranquilos!, que ya sé lo que estáis pensando y todos hemos leído mil posts por Facebook de “me han llamado la atención en un restaurante o me han echado de un museo”. Mal, muy mal. Chalados retrógrados los hay en todas partes, ya lo sabemos. Pero de ahí al #BreastfeedingInPublic en los lugares más inverosímiles hay un trecho. La gente amamanta a sus bebés, los gatos también, y no hace falta que documentemos fotográficamente cada toma. Si llevaras un burka, pues sí, sería interesante (sobre todo a nivel logístico). Si lo hicieras en Qatar, pues también. Que lo hagas en un chiringuito de la Barceloneta o en la boda de tu prima como si hubieras conquistado el voto femenino, pues ni fu ni fa, qué quieres que te diga.

Otro prelado de las InstaMum son las talibanes del porteo y las radicales de la crianza con apego. No tienes por qué pertenecer a las dos facciones, pero suelen ir bastante de la mano. Ahora resulta que llevar a los niños en una mochila que no sea “ergo” les puede destrozar las caderas de por vida, y mucho ojo con llevarlos mirando al frente ya que eso les puede causar un estrés emocional que les va costar años de Gestalt superarlo. Os juro por mi madre, que nunca me llevó en mochila sino en brazos, que he leído comentarios muy agresivos sobre este tema en IG, de una violencia verbal que lo que hace plantearme es qué tipo de educación le van a dar a esos niños, estupendamente porteados, respecto a la tolerancia a las opiniones de los demás.

Pero si hay un tema que realmente me preocupa, es la utilización comercial de la imagen de los menores en Instagram. No estoy hablando de niños que ejercen la profesión de modelos o actores infantiles, eso es otra historia y aunque podamos estar más o menos de acuerdo, forma parte de una industria regulada y se puede hacer de una manera totalmente profesional y respetuosa con los derechos del menor. Tampoco me refiero a las mamis que cuelgan fotos de sus hijos en las redes sociales para compartirlas con sus amigos o seguidores, fotos normales de niños que juegan, que hacen cosas graciosas o que celebran su cumple.

El problema reside en esas chicas que han pasado de colgar sus outfits y sus ultimas adquisiciones en Tiger a colgar los looks de sus hijos y explicarnos hasta el ultimo detalle de cómo es el cubre pañal de sus bebes para así intentar que las marcas les regalen cosas y convertirse en una mami influencer a costa de la imagen de sus hijos.

El patrón se repite: bebés acostados sobre una cama, un post aparentemente cuqui donde la mami cuenta lo gratificantes que han sido las dos primeras semanas de la vida del crío, y a continuación una retahíla de menciones a marcas. Desde el color de la pintura de la pared, al body, a la mantita, al osito que le acompaña, los patucos y chupete que le cuelga. Luego haces “tap” en la foto y la cara del bebé queda escondida entre tantas etiquetas que lleva la imagen. ¡Ah! sin olvidar un montón de hashtags para que la foto tenga más visualizaciones, del tipo #Instakids #Coolkids #Kidsfashion #Kidsofinstagram.

Recomiendo encarecidamente a estas mamis que se tomen unos minutos y lean los comentarios de este tipo de #. No hace falta trabajar en la división de delitos cibernéticos de la policía nacional para ver que están llenos de likes y comentarios de pervertidos con perfiles privados que se etiquetan los unos a los otros en estas publicaciones. Ya os digo yo que no están interesados en la marca del babero crafty que llevan. #AscoInfinito

Pero no solo es grave exponer la imagen de tus hijos en perfiles sociales abiertos por el tema de los pedófilos, sino por el hecho en sí de utilizar a tus propios hijos para obtener relevancia en las redes sociales. ¿Se os ha ido la olla a todos? Modas absurdas como ponerle un hashtag a tu hijo (como si no fuera ya suficientemente difícil escoger un nombre real) incluso antes de que haya nacido y es que incluso los nonatos tienen presencia en las redes con #PequeñoPandita #Bolita DeFelicidad.

Amigas de la crianza con apego, sabemos que la baja de maternidad en España es de una duración del todo insuficiente (e injusta por el hecho de que no es obligatoria e intransferible para el hombre) y que la maternidad, tal y como se entiende en una sociedad patriarcal, como una responsabilidad casi exclusivamente femenina, supone una barrera infranqueable para nuestro desarrollo profesional. Como lo sabemos, no perdamos tanto tiempo buscando el encuadre y la foto perfecta para Instagram, ni buscando la aceptación como madres a golpe de like, porque solo tienes, con suerte, cuatro meses para disfrutar de tu bebé. Así que si lo disfrutas en directo seguro que será más gratificante que rememorarlo en los recuerdos de Facebook.

PD: Cuando empecé a pensar este artículo, el editor de O me advirtió que no podíamos utilizar fotografías reales ni los nombres de los IG que había estado siguiendo para documentarme porque podríamos incurrir en un delito al utilizar la imagen sin derechos de los menores. Denunciar una realidad sin poder documentarla por miedo a ser denunciada es un poco un trabalenguas paradójico, pero nosotros sí creemos en la defensa de los derechos del menor y en la no utilización comercial de su imagen, incluso sin ser nuestros hijos, porque que sean tuyos no quiere decir que sean de tu propiedad.