Olvida al Brian Burtler de Vice. Este artista de múltiples facetas es el heredero de Aleister Crowley y Kenneth Anger. Javier calvo separa grano de paja.

HOLLYWOOD
BABALON:

EL ARTE
DE BRIAN BUTLER

TEXTO POR
JAVIER CALVO

1.
BARTZABEL
EN HOLLYWOOD

Brian Butler
es un artista de la literalidad.


No hay manifestación de su arte -cinematográfica, teatral o musical- que no parezca basarse en la cita textual. Una de sus obras más conocidas, BARTZABEL WORKING, consistió en representar al pie de la letra, y en un museo de arte, una operación mágica escrita por Aleister Crowley para ser ejecutada en secreto. Como traslación literal fue interesante en muchos niveles. Para empezar, problematizaba la relación entre performance artística y ritual mágico. Si toda dramaturgia deriva históricamente del ritual mágico a través de un proceso de secularización, entonces lo que hace Butler parece un acto maravillosamente tosco de vindicación. ¿Pero cómo de subversiva es realmente la actitud de Butler?

Examinemos los Ritos de Eleusis de Crowley: la piedra fundacional de esta inversión ocultista de la jerarquía entre el espectáculo dramático y lo religioso. Al tomar el nombre de los Misterios de Eleusis, Crowley reivindica obviamente la teatralidad previa a la tragedia griega y la Poética de Aristóteles. La teatralidad de la magia simpática, del rito de iniciación y del rito admonitorio. Osiris, Dionisio y Ceres. El Drama Menfita y la Pasión de Abidos. Igual que Nietzsche, que Jung y que una de las corrientes centrales del modernismo, Crowley pone de vuelta en el escenario lo órfico y lo hermético y destierra lo aristotélico. Y siendo fiel a la naturaleza de los misterios epónimos, los Ritos de Eleusis son públicos. Esto introduce un cambio conceptual en las órdenes ocultas modernas, que aunque no renuncian del todo al secretismo, se vuelven semipúblicas. Las puertas de los ‘secret & the few’ se abren (ocasionalmente) a los ‘many and known’.

Bartzabel Working no es, en este sentido, una operación tan revolucionaria. Muchas de las logias de la OTO representan los Ritos de Eleusis, y desde hace quince años existe una compañía teatral que triunfa en Estados Unidos adaptándolos al formato de la ópera rock. El cine de Kenneth Anger y Alejandro Jodorowsky ha familiarizado al público con la imaginería del ritual oculto y con las formas iniciáticas. Se han convertido en una especie de rituales mágicos de masas.

Lo que convierte Bartzabel en una obra extraña y difícil de comprender es su literalidad. Su condición de ‘objeto encontrado’, de ready-made artístico. Su dramaturgia es una trasposición paso a paso del Liber 325 de Crowley. Y como todo ready-made, su sentido mismo es el hecho de estar escandalosamente fuera de lugar.

En su única representación hasta la fecha, el 4 de diciembre de 2012 en el L&M Arts Centre de Venice, California, el Rito de Bartzabel fue ejecutado delante de más de mil personas, celebridades menores del mundo del arte y del cine, periodistas de tendencias, modernos y un “aforo repleto de mirones de famosos, fans de Crepúsculo, amantes de las emociones fuertes y turistas de la magia”, como escribió un periodista. Junto al propio Butler, participaron en la performance la actriz y modelo Noot Seear (de la saga Crepúsculo) y el actor Henry Hopper, hijo de Dennis Hopper. Igual que su padre artístico Kenneth Anger, Brian Butler sufre una compulsión incontrolable por rodearse de gente guapa y famosa; una compulsión que ha determinado completamente la recepción de su obra. En la grabación del evento, puede verse a los cuatro participantes del ritual ejecutando hieráticamente sus operaciones sobre un fondo de rumores, conversaciones distraídas y risas del público. La pesadilla más oscura de un thelemita ortodoxo.

2.
LOS HERMANOS
LUCIFER

Si por algo es conocido Butler, es por ser apóstol y continuador irredento de la obra de Kenneth Anger. La colaboración artística entre ambos se remonta a 2008, cuando se estrenó en el Donaufestival de Austria su espectáculo multimedia conjunto, TECHNICOLOR SKULL. Se puede decir que este inicio de su “pupilaje” fue también el salto a la fama de Butler. Bastante más simple que las operaciones mágicas posteriores de Butler, Technicolor Skull consiste en un montaje de veinte minutos de planos y escenas de varias películas de Anger, que se proyecta mientras el propio Anger y Butler tocan en directo una banda sonora improvisada, el primero con un theremin y el segundo con su guitarra y una consola de instrumentos electrónicos.

Según sus autores, Technicolor Skull es “un experimento de luz y sonido que explora el impacto psíquico del ritual mágic(k)o en el contexto de una actuación improvisada”. La colaboración entre ambos artistas es “una performance contenida dentro de un ritual de origen desconocido, que apela a historias ocultas que extienden el idioma musical a la iniciación. Los mensajes ocultos se escapan a través del gesto y de la luz, manifestándose como acontecimiento único”. Aunque ambos músicos interpretan las imágenes a base de drones satisfactoriamente ominosos y pitidos apropiadamente ultraterrenos, como ritual mágico generador de estados de conciencia alterados o éxtasis mántrico, la eficacia de Technicolor Skull es inferior a la de, por ejemplo, un concierto de Sunn 0))). El atractivo parece estar en otra parte. Más concretamente en las dos figuras que tocan sus instrumentos a ambos lados de la pantalla gigante.

La leyenda viviente y el joven artista meteórico. Anger: con su tatuaje luciferino, sus movimientos de kabuki alrededor del theremin y su aspecto de adorador anciano del diablo. Y Butler: eternamente ausente, la mirada perdida en una niebla hipnagógica, un Jimmy Page abducido al nacer por las hadas. Se produce entonces un trampantojo inesperado: las imágenes y la música acompañan a la presencia escénica de los dos artistas, y no viceversa. Technicolor Skull triunfa primero en su gira europea y después en Estados Unidos. El público asiste para ver a esos dos hombres que, como Crowley, son famosos por ser famosos. La cultura oculta como sensacionalismo, fascinación mórbida, sugerencia de actos ominosos. El glamour-embrujo deja paso al glamour de la celebridad.

Mucho más interesante es la segunda colaboración de Butler con Anger, el cortometraje NIGHT OF PAN. Night of Pan podría considerarse un homenaje a LUCIFER RISING de Anger, si no fuera porque es casi literal en sus paráfrasis de la obra del maestro. Quizá no tanto como Technicolor Skull, que consiste simplemente en un videoclip de momentos estelares de las películas de Anger. Pero tampoco está lo bastante lejos como para poder decirse que desarrolla un discurso propio.

Night of Pan se abre con unas imágenes de LOCH NESS MAGICK, el debut fílmico de Butler, un recorrido lírico por la naturaleza alrededor de Boleskine House (la residencia de Aleister Crowley en Escocia y kiblá de todos los thelemitas). El eje de la película es una danza simbólica que ejecutan Vincent Gallo (Pan) y la modelo Zdenka Sutton, representando el concepto thelémico de la noche de Pan, una travesía por el abismo que conduce a la unión con el absoluto a través de la disolución del ego. La danza se alterna con imágenes de una ceremonia mágica que desarrollan el propio Butler (haciendo de Mago), Anger (Lucifer) y el músico de rock Jeordie White (ex Marilyn Manson, aquí en el papel de ‘demonio’).

Por mucho que no tenga la complejidad de Lucifer Rising, no hay duda de que Night of Pan replica sus elementos principales. El uso de la hermosa partitura de Rich Ragsdale. El festival de lentos fundidos, sobreimpresiones, sobreexposiciones, jump-cuts y asociaciones simbólicas. Puede decirse que Gallo y Sutton ejecutan una especie de equivalente de los roles de Osiris e Isis de la película de Anger, mientras que Butler, Anger y White son versiones de Anger, Page y el resto de celebrantes de Lucifer Rising. La aparición del maestro Anger (con la cara pintada como el famoso autorretrato de Crowley, MASTER THERION) añade una dimensión extraña a la película. En ciertos momentos, el arte de Butler no parece simplemente influido por Anger ni tampoco ser un homenaje a Anger. Parece ser arte sobre Anger.

Llegado este punto, hay que hablar de la relación personal entre ambos artistas. Butler siempre ha sido reacio a revelar nada de su vida anterior a la colaboración con su maestro. Según la leyenda, ambos se conocieron a finales de los noventa, cuando Butler estaba trabajando como productor de vídeo para el programa Disinformation de Channel 4. Butler pasó a trabajar entonces en Anger Management, la productora de Anger, donde terminaría siendo productor, mánager y mano derecha. En calidad de promotor incansable de la obra de su maestro (y patrón), Butler ha llegado a firmar trabajos tan extraños (y ligeramente embarazosos) como el vídeoclip KENETH ANGER by BRIAN BUTLER, para el canal de televisión de la revista de moda francesa Jalouse. En él, un Anger en batín se dedica a hacer posturitas rodeado de modelos ligeras de ropa y del propio Butler ataviado con su ya famosa túnica roja de adeptus major de la A.·.A.·.

Esta es una de las vertientes más desconcertantes de la obra de Butler. Se puede decir que el propio Crowley ya usaba con cierta pericia su propia celebridad y sabía manejar la publicidad y los medios. Sus ritos de Eleusis fueron en gran medida una maniobra publicitaria, así como tal vez su relación con gente como Leila Waddell o Victor Neuberg. Anger llevó esta obsesión por la gente guapa y famosa al paroxismo, como lo demuestra el reparto de cualquiera de sus películas. En su estela, Butler parece defender una variante de la filosofía de Crowley centrada en el ya mencionado doble sentido del glamour. Glamour como hechizo, pero también como deslumbramiento, como distancia y reverencia que se genera ante el ser hermoso y bendecido por la adoración pública. El espectáculo como ética. La fama como santidad.

Es a Butler a quien debemos la entrada masiva a partir de 2010 de la imaginería ocultista en el mundo de la moda y las tendencias gráficas y musicales. La expresión más rocambolesca de esa tendencia es quizás el reciente “cortometraje” LOVE IN THE OLD DAYS de James Franco, originalmente rodado como videoclip para su banda de rock Daddy. Amigo personal de los Lucifer Brothers, Franco se fotografía con Anger y Butler en las redes sociales y fue el actor que tenía que interpretar originalmente Bartzabel Working, aunque su participación se tuvo que suspender por problemas aéreos.

Love in the Old Days recrea supuestamente un ritual mágico thelémico, con la participación de Anger en el papel de sacerdote y Butler en el de diácono. Butler aparece acreditado como ‘director creativo’, lo cual es muy elocuente (el vídeo está rodado, si no por el mismo Butler, al menos copiando descaradamente su estilo). En cualquier caso, Love in the Old Days no tiene desperdicio. Su representación de la ceremonia ocultista hace que películas de la Hammer como The Devil Rides Out parezcan realistas por comparación. En el fondo, el vídeo es un simple catálogo de gente guapa ligera de ropa desfilando hieráticamente y haciendo símbolos místicos. Un verdadero Zoolander del mundo oculto. En la genealogía creativa de Kenneth Anger, puede que Butler sea el hermano menor luciferino, pero Franco es el sobrino tonto.

Pese a todo, hay dos ítems bastante interesantes que dan testimonio de la identificación completa del proyecto de Butler con el de Anger. Uno es el nuevo montaje de Inauguration of the Pleasure Dome, destinado a restaurar su proyección en tres pantallas. El otro es Raising Lucifer, el documental por entregas sobre Anger que Butler está filmando.

La restauración del formato “original” de Pleasure Dome ha consistido en coger el segmento final de la película, famoso por sus superposiciones horizontales de escenas paralelas, y restituir la forma que tenía en la mente de su director. Originalmente, la acción de la película tenía que empezar en una sola pantalla y luego repartirse por las tres para mostrar el clímax orgiástico. Esto no se pudo hacer por razones prácticas. Sesenta años más tarde, en 2014, Butler montó la película en su formato original para su proyección en la feria Art Basel. Esto suma una nueva versión a las ya existentes de la película de Anger, la legendaria versión ‘Sacred Mushroom’ de los años sesenta, la versión ‘Janacek’ y la versión ‘Electric Light Orchestra’, todas con diferencias de montaje apenas significativas. De momento, la versión restaurada se ha exhibido únicamente como instalación en salas de arte.

Raising Lucifer es, como su nombre indica, un documental sobre Lucifer Raising. No hay fechas establecidas para la conclusión del proyecto, pero de momento Butler ha publicado dos segmentos breves. El primero consiste en un montaje de entrevistas actuales con Anger y con Bobby Beausoleil, esta última filmada en la institución penitenciaria donde Beausoleil está encerrado a cadena perpetua. El segmento, de ocho minutos, cuenta el desencuentro entre Anger y el intérprete de Lucifer desde la perspectiva de ambos, hasta llegar a la célebre anécdota de la maldición que le lanzó el director a su actor fetiche. El segundo fragmento publicado, de tres minutos, se centra en las experiencias de Chris O’Dell y Myriam Gibril, los actores que interpretaron respectivamente a Osiris e Isis en la película.

Aunque es pronto para saber adónde va exactamente el documental de Butler, no hay duda de que la larga y tortuosa historia del rodaje de Lucifer Raising da para un documental fascinante. Para sus últimas apariciones juntos, como la creación de una galería de arte diseñada ad hoc para la Feria de Arte Contemporáneo de Los Ángeles en su edición de 2016, Anger y Butler han adoptado el seudónimo corporativo de Lucifer Brothers. En su galería “pop-up” venden obras de Marjorie Cameron y Rosaleen Norton, entre otros artistas asociadas con la escena oculta.

3.
HOLLYWOOD
BABALON

Es bastante preciso definir a Butler como cineasta y performer. Y es verdad que casi toda su obra cabe en estas dos categorías. Como cineasta, sus influencias siempre han estado bastante a la vista: Anger, Wormwood Star, el cine experimental de los sesenta, los ensamblajes de Wallace Berman o el arte multidisciplinar de Mike Kelley. Como performer,  la influencia de los rituales de Crowley y de Jack Parsons es avasalladora. Sin embargo, esta categorización deja fuera su faceta como publicista, realizador de vídeos musicales, productor y figura singular de la cultura de tendencias californiana. No hay una distinción clara entre ambas cosas: una es una extensión natural de la otra.

En los últimos cinco años, la producción de Butler se ha ido centrando en una serie de obras concebidas como eventos dobles. Existen en forma de versión fílmica y en versión performance. Lo que ambas versiones tienen en común es el contenido, que se adapta al evento único o bien a la versión fílmica para ser proyectada un número indefinido de veces.

Death Posture supone un primer alejamiento del estilo de Night of Pan. Aunque todavía podría ser un videoclip musical o un anuncio, en este cortometraje ya hay una transición hacia otros recursos y temas. Los lentos fundidos y los reflejos caleidoscópicos empiezan a construir un discurso visual más abstracto, basado inicialmente en el diálogo entre la figura humana y la naturaleza. Tanto figura como fondo empiezan a ser deconstruidas y “devueltas” a su condición geométrica. Se trata también de la primera colaboración de Butler con otra de sus “musas”, Annakim Violette, hija de Tom Petty y notoria diva alternativa de Los Angeles.

Esta corriente de geometría sagrada continúa en los cortos The Dove and the Serpent y Union of Opposites. Ambas películas surgen de sendas performances rituales y existen como complemento a ellas. La primera celebrada en Normandía y la segunda en el Ruskin Theater de Santa Monica, California, donde Butler ejecutó una variante del Ritual de la Marca de la Bestia de Crowley interpretado en vivo por la misma Annakim Violette. La culminación de esta serie de trabajos es Babalon Working, posiblemente el mejor trabajo de Butler hasta la fecha.

Babalon Working es puro Brian Butler. Todos los ingredientes están ahí. Por un lado, obviamente, el título convierte la pieza en una versión del famoso Babalon Working de Jack Parsons y L. Ron Hubbard, el ritual con que en los años cuarenta ambos invocaron a la Mujer Escarlata, la principal figura femenina no divina del sistema thelémico. Parece ser, por tanto, una culminación de sus exploraciones visuales previas del poder de la figura femenina.

Como en otros proyectos de Butler, la película usa como eje la alternancia entre una parte de danza, centrada en la plasticidad y las mutaciones del cuerpo, y la representación del ritual mágico en sí. La figura de la Madre de las Abominaciones aparece en la película con fuerza demoníaca, a veces con rasgos de súcubo, apoyándose en esas representaciones descarnadas y descoyuntadas del cuerpo femenino que tanto gustan a Butler. La actriz elegida esta vez es Paz de la Huerta, vista en Enter the Void y Boardwalk Empire, que se materializa como la Dama Babalon en el clímax frenético y comparte créditos con el propio Butler, ataviado con su sempiterna túnica de Adeptus Major. El rodaje tuvo lugar en el laboratorio en Praga del mago isabelino Edward Kelley. El tono de peligro aumenta durante los cinco minutos que dura la película hasta hacerse casi insoportable. Luces estroboscópicas, montaje cada vez más fragmentado, desdoblamientos y refracciones de la imagen. Todo ello sumado a la apocalíptica banda sonora, que combina una amenazadora composición para sintetizador de Chris Stein, guitarrista de Blondie, con el Nicht hoch im Himmel de Popol Vuh.

El estreno de la película se hizo en el MOCA de Los Angeles, en septiembre de 2013, junto con la representación pública de Transmigration su performance “hermana”. Concebida como ritual multitudinario, experiencia alucinatoria y concierto de noise, Transmigration apuesta por la tecnología retrofuturista y la dramaturgia de las vanguardias. A fin de generar el trance en el público (y en su actriz, Paz de la Huerta), Butler usa generadores de orgones, luces estroboscópicas, bajas frecuencias sonoras, una máquina de rayos violetas (usada antiguamente en medicina) y proyecciones geométricas. El resultado es posiblemente su espectáculo más conseguido, donde la teúrgia crowleyana se combina con conceptos escénicos de Artaud o Michael Chekhov.

Es bastante fácil aborrecer a Brian Butler. A veces es inevitable. Su arte a menudo se acerca a un anuncio de colonia o a un videoclip. A su lado, Sofia Coppola parece Pasolini. No es raro que su principal promotora desde sus inicios haya sido la revista Vice, famosa por su combinación de ironía y sensacionalismo gratuito. Vice ama a Butler porque puede ser tomado al mismo tiempo en serio y en broma. Tiene aura de niño malo y al mismo tiempo es asimilable. Da al gran público la sensación de estar adentrándose en un mundo oculto y peligroso. Puede ser banal y hasta frívolo sin perder la apariencia de solemnidad. Su arte es tan hierático como su autor. Inescrutable y lánguido como las modelos escuálidas de un reportaje de moda. Su biografía es la de un ‘scenester’ desvergonzado: perpetuamente rodeado de mujeres espectaculares y de hijos e hijas descarriados de estrellas bohemias de los sesenta. Obsesionado hasta la muerte con el glamour de los ocultistas de antaño. Carente de originalidad y hasta despectivo de ella. Decidido a entronizarse a sí mismo como réplica silenciosa de sus ídolos oscuros.

Sin embargo, dejando todo esto de lado, su mejor arma parece ser su indiferencia a todas estas consideraciones. Sus mejores obras, Night of Pan y Babalon Working, consiguen realmente esa alteración de conciencia que está en la base del ritual hermético. Un vislumbre de esas ‘fuerzas oscuras’ (citando a Dennis Wheatley) que resucitan periódicamente en nuestra cultura, desde la época victoriana hasta el revival esotérico hippy. Sean cuales sean sus referentes inmediatos, su obra tiene las raíces bastante bien plantadas en la tradición surrealista, el cine experimental, el rock ácido, la psicodelia y el noise. Sus dotes como productor, montador y director artístico son exquisitas, y prácticamente no ha hecho nada que no sea terriblemente hermoso. En sus mejores momentos, por fugaces que sean, es como una especie de compendio de las virtudes de sus referentes. Es muy difícil resistirse a su hechizo, y en última instancia no parece haber muy buena razón para ello.