Cierra los ojos

Historias de una vida minúscula. Parcelas de tiempo con referencias cruzadas o espejos en los que mirarse, dentro y a pie de página.

HH:MM:SS

En pijama

Es una mesa de abedul. Es una mesa mucho más grande que en la que escribo habitualmente. Podría ser una mesa de comedor. Una mesa de comedor de una casa en Noruega, al borde de un fiordo. Es una mesa preciosa e inmensa. Quizá sean su belleza y sus dimensiones las que al principio me impidieron concentrarme en la novela. Porque lo demás era como siempre: el mismo pantalón azul de pijama, la misma camiseta de propaganda, las mismas zapatillas sin cordones. Es absurdo: sigo creyendo que la repetición sistemática de vestimenta o de rutinas son el motor de mi escritura.

La casa es como aparecía en las fotos. También es preciosa e inmensa. Ahora estoy al otro lado del patio, en un cuarto que es un despacho. Suenan las campanas de la iglesia. Son las ocho de la mañana. La ventana está abierta. Entran bocanadas frías de humedad. Reconozco el mismo olor que en el camping, al amanecer, con mi padre, hace muchos años, nada más salir de la caravana.

Mallorca

Estar aquí, ahora, frente a esta mesa, fue una decisión precipitada. Necesitaba salir del ruido, de la ciudad, del Whatsapp, de Andrea y de la prisa inexplicable. Huir de todos y centrarme en mí y en mi novela. Así que un día me desperté, abrí el ordenador y tecleé. Primero encontré la isla. Después, la casa y el pueblo. Amplié las fotos y leí opiniones de otros. Me levanté, busqué la cartera en el abrigo y extraje la tarjeta de crédito. A los pocos segundos me llegó un mensaje al móvil con el cargo del banco. Tuve una sensación de vértigo extraña y me culpé por dejarme seducir por la ansiedad. Al rato, me acordé de Corralejo, de José Bocanegra, y me sentí algo mejor. Me imaginé en una isla escribiendo, haciendo surf, leyendo, paseando sin rumbo, bebiendo en tascas y montando en Jeep. Salvo por lo del surf, el resto podría replicarlo.

El juramento

En mayo de 1986 mi padre compró una caravana. Durante los años siguientes aquella caravana se convirtió en nuestra residencia de verano. Los dos solos, mano a mano, visitamos más de catorce países. La dinámica de aquellos viajes era sencilla: llegábamos a una ciudad o a un pueblo, buscábamos un camping, nos instalábamos y mi padre me mostraba una lista con los lugares y monumentos que teníamos que visitar. Los días siguientes nos atiborrábamos de piedras, de personajes y de historias que nunca recordaríamos. Cuando ya lo habíamos visto todo, mi padre señalaba otro punto en el mapa. Recogíamos y volvíamos a remolcar la caravana hasta el nuevo destino. Así, durante más de un mes, once veranos seguidos.

Mi padre es una persona a la que le cuesta relacionarse. Sobre todo tiene tendencia a desaparecer de imprevisto y a no mostrar afecto. Creo que aquellos veranos fueron un intento de hacerlo bien con su único hijo. Sin embargo, nuestra relación siempre fue distante. Nunca nos reíamos, ni nos emocionábamos, ni siquiera discutíamos. Él ordenaba y yo obedecía. Años después leí descrito por primera vez aquel clima inexplicable en el que convivíamos. Fue en la novela Los jugadores. En ella, DeLillo presentaba a dos personajes que parecían tenerlo todo para ser felices, pero a los que rodeaba un tedio persistente y una desesperación contenida. Esos éramos mi padre y yo. Me juré que nunca sería como él.

Un rebaño imaginario

Llevo en este pueblo veinte días. Veinte días completamente desconectado. Nadie sabe dónde estoy exactamente, ni siquiera Andrea. No he respondido a sus mensajes ni a sus llamadas. Durante todo este tiempo sólo he hablado con Miguel y con Willy. Miguel vive en la casa de al lado. Willy es su perro. Ambos tienen una sincronía asombrosa el uno con el otro. A veces los contemplo e imagino que los rodea un rebaño de ovejas. Muchas noches cenamos los tres en el patio. Miguel es paisajista. Habla mucho de la isla. Dice que esto es mucho más que un destino turístico de masas. Yo le doy la razón. También le hablo de libros. Ayer le dije que me dedicaba a escribir y que había terminado mi novela. Que hoy regresaría a la península.

En 1919, en una carta a su amiga Lady Robert Cecil, Virginia Wolf le insistía: “describe tu infancia y tu escritura se abrirá a infinitas posibilidades”. En la última parte de la novela que he escrito durante estos días, el protagonista describe un viaje en furgoneta con su padre. Es el final de una historia que termina con un reencuentro inesperado entre ambos, después de haber vivido distanciados durante años.

Decirlo

Termino de corregir ahora las últimas páginas. Apago el ordenador. Un calor seco se ha comido la humedad de hace un rato. Pese a estar en otoño ahora huele a verano. Subo a la azotea. Frente a mí se abre un campo llano e infinito. Al fondo veo la silueta de las montañas de la Tramontana. El cielo es muy alto y azul. Recuerdo el juramento que me hice de niño. No lo estoy cumpliendo. Si miro dentro de mí, solo lo veo a él, junto a la caravana, sin nadie alrededor y con el rostro serio. Ethan, uno de los protagonistas de Los jugadores, decía: “Si tienes la necesidad de sentir que estás en puertas de un cambio maravilloso, lo que hay que hacer es decirlo a los cuatro vientos. Decirlo con las palabras adecuadas equivale a ver cómo brota la posibilidad. En qué consista el cambio, es lo de menos”.

Saco mi móvil del bolsillo del pijama y escribo un mensaje a Andrea. Le digo que lo siento, que la echo de menos, que necesito verla, que hoy mismo estaremos juntos. Después busco el número de mi padre. “Estoy en un pueblo que se llama Pina. En mitad de Mallorca. Es precioso. Podríamos venir la primavera que viene. Juntos. Un mes. Sin caravana. Me gustaría. Llevo una vida echándote de menos”. Cierro los ojos, hincho mis pulmones y pulso ‘enviar’.

José Bocanegra (2015). Corralejo. Murcia: La Marca Negra Ediciones.
Don DeLillo (1977). Jugadores. Barcelona: Austral/Editorial Planeta.
Virgina Wolf (2014). Sobre la escritura. Barcelona: Alba Editorial.
Cooper (2004). Cierra los ojos (Retrovisor). Madrid: Elefant Records.
La casa: https://www.homelidays.es/alojamiento/p6609202