Grabando el silencio.

—Por Marcos Gendre

Ya lo dijo en su día Tony Wilson: “La habitación que visualizo cuando escucho Unknown Pleasures y Closer no está muy lejos de un espacio roto; medio vacío, medio interno. Una habitación que apenas ha sobrevivido a los sonidos que ha generado”. Tal percepción del sonido de Joy Division a nivel arquitectónico surgió de la mente perturbada de Martin Hannett que, en un momento del film 24 Hour Party People, es recordado en lo alto de una campiña, solo, sin nadie más que él y “su” silencio. De la boca le cuelga el final de un canuto. Las pupilas, adormiladas, anidan bajo unas gafas oscuras que parecen haber sido birladas a Ian Hunter. Su oronda figura, embutida en chaqueta de cuero largo, responde a la del típico chulo puertorriqueño a pie de calle de El precio del poder. En una mano, sostiene un micrófono de ambiente. Lleva una grabadora. Los cascos aprisionan la escarola rebelde que tiene por pelo. Martin está aliviando su obsesión: moldear los sonidos que habitan su cabeza. Es un momento de paz, sublime, inspirador; al menos, hasta que Tony Wilson aparece a lo lejos…

— ¡Martin!, ¿qué estás haciendo?
— ¡Estoy grabando el silencio!
— ¿Grabando el silencio?
— ¡¡No, grabando al jodido Tony Wilson!!

De la introspección total de un tipo ensimismado en su visión, pasamos a la rotura humorística provocada por su encuentro inesperado con el capo de Factory Records. En esta escena, el GIF sirve como meticuloso retrato descriptivo, el de Martin Hannett. En no más de tres planos, sabemos que se trata de un solitario obsesivo, adicto a toda evasión tóxica que haga sobrevolar los límites de su misión. También podemos discernir que se trata de un genio excéntrico con el ego tan inflamado como el de Joe Meek. El “menos es más del punk” aplicado a la expresión cinematográfica, pero con la profundidad semántica del post-punk.