Girl Gangs

Girl Gangs – O Productora Audiovisual

 

Spring Breakers:
bikini girls with machine guns

Buena parte de la nueva generación de intérpretes masculinos que marcó el cine estadounidense de los ochenta  coincidió en una misma película: Rebeldes de Francis Ford Coppola. Matt Dillon, Patrick Swayze, Emilio Estevez, C. Thomas Howell, Rob Lowe, Tom Cruise, Ralph Macchio… amasaron su imagen de jóvenes y rebeldes en la adaptación de esta novela de Susan E. Hinton sobre dos pandas de adolescentes en la Tulsa de los años sesenta  que se enfrentan en una clara manifestación juvenil de la lucha de clases. Hinton escribió su novela, pionera de la literatura young adult, cuando todavía iba al instituto con la intención de  plasmar negro sobre blanco un universo que no había visto reflejado en ningún libro de la biblioteca pública.

Para quienes crecimos en los ochenta no hubo un equivalente femenino a Rebeldes. No existió una película que llevara a cabo una aproximación a la juventud a través de una banda de chicas que por circunstancias socioeconómicas bordea los límites de la criminalidad. Un film  que, además, sirviera de carta de presentación para un nutrido grupo de nuevas actrices.

A pesar de ser mujer, las novelas juveniles de Hinton dibujan imaginarios mayoritariamente masculinos. Joyce Carol Oates, en cambio, sí planteó cómo se articulaba una rebeldía adolescente que aunaba conciencia  de clase con feminismo en Puro fuego: confesión de una banda de chicas, adaptada  recientemente al cine por Laurent Cantet. Foxfire, la película (existe una versión de los noventa con una joven y poco creíble Angelina Jolie en el papel protagonista), evita tanto la tentación expl oit como la glamouriza ción de la imagen de chica rebelde para subrayar el componente político que subyace en este colectivo de muchachas de los años cincuenta que se organizan para combatir el machismo y el clasismo intrínsecos al  sueño americano. Al contrario de las cuadrillas de chicos, que se enfrentan en las calles por el control del espacio público, las protagonistas de Foxfire se repliegan en los márgenes de la sociedad en una ginarquía utópica de la que Cantet también muestra las grietas.

 Mientras los chicos marcan territorio en el exterior, las chicas siguen ligadas a lo que las teóricas Angela McRobbie y Jenny Garber apodaron la “cultura del dormitorio”, un espacio para el desarrollo de una identidad juvenil en femenino que nos habla tanto del logro de esa habitación propia que reclamaba Virginia Woolf como de la todavía vigente  circunscripción de lo femenino a los límites del hogar y de  lo privado. McRobbie y Garber alzaron su voz crítica cuando la mayoría de estudiosos de las subculturas juveniles pasaban por alto la participación de las mujeres en los movimientos punk, mod o skinhead, o ni siquiera se planteaban una posible acepción femenina de subcultura que se articulara a partir de unos códigos propios.

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The Outsiders poster

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Foxfire: delicuencia femenina fifties

En el arranque de GirlhoodGirlhood, la directora Céline Sciamma sigue a la protagonista, Marieme, desde que se despide del grupo de compañeras con quienes  juega a fútbol americano hasta que llega a casa. Durante el trayecto vemos cómo cambian las dinámicas sociales. Cuando entra en su barrio, Marie me se encuentra a un grupo de muchachos apostados en una esquina ejerciendo el control del territorio. En su casa, también mandan los hombres. Marieme y sus amigas forman una banda de apenas cuatro chicas que en el exterior se comporta puntualmente  siguiendo los rituales de los grupos masculinos: visten de forma parecida, marcan territorio y se enfrentan a otros grupos de muchachas. Sin apenas espacios de libertad ni fuera ni dentro de sus hogares, la habitación propia de las protagonistas acaba siendo la de un hotel donde trabajan puntualmente. Allí tiene lugar la escena cumbre del film, cuando, aisladas del mundo exterior, las cuatro cantan y bailan al ritmo de Rihanna en uno de esos momentos de perfecta felicidad compartida.

Más que por la cultura del dormitorio, las protagonistas de The Bling Ring de Sofia Coppola se decantan por la cultura del guardarropa. Estas jóvenes  de clase media de Los Ángeles asaltan las mansiones de famosos para apropiarse de sus ropas, calzados y complementos. Sus acciones poco tienen que ver con la necesidad socieconómica o la rebeldía política. Responden a un simple capricho de fashion victims . La igualdad de clase pasaría en su caso por calzar la misma marca de zapatos que las celebrities  del momento.

En Spring Breakers, Harmony Korine traza el itinerario de un grupo de muchachas que trascienden los límites de la ética teenybopper  sin abandonar su estética. Las protagonistas se adecuan a priori a los rituales de un viaje de iniciación cuyos excesos vienen previstos de antemano y cuyo imaginario hegemónico sirve la MTV. Hasta que deciden desviarse del camino marcado en la búsqueda imposible de unas vacaciones de primavera eternas…

Durante décadas, las bandas de chicas armadas y peligrosas fueron patrimonio casi exclusivo del cine exploit, de las bailarinas go-gos que se lanzan a la carretera en Faster, Pussycat! Kill! Kill!  de Russ Meyer a las quinquis dispuestas a dar el palo en una discoteca en Perras callejeras de José Antonio de la Loma. Referentes, unos más que otros, que Quentin Tarantino tenía en mente al rodar Death Proof, su film más conceptual (y no solo por el homenaje al cine de repertorio). Película sobre la venganza de género en más de un sentido, Death Proof se estructura como un díptico conformado por dos historias protagonizadas  cada una por un grupo de amigas que salen a divertirse. Las primeras son asesinadas por un psicópata, las segundas las acaban vengando sin ser conscientes de ello. En una sola película, Tarantino rinde homenaje y ajusta cuentas al mismo tiempo con ese cine de género donde a las mujeres solo les quedaba el papel de víctimas. El segundo grupo de amigas de Death Proof termina  actuando sin proponérselo como una peligrosa banda motorizada de chicas vengadoras cuya victoria final tiene mucho de desquite metacinematográfico. Aunque ellas solo querían divertirse.

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Girlhood: camaradería en la banlieue de París

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Spring Breakers film poster

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The Bling Ring: fashion criminals