Éxtasis y arrebato. Entrevista a María Cañas – O Productora Audiovisual

Éxtasis y arrebato.
Entrevista a María Cañas

POR

Pau Atienza,
Morrosko Vila-San-Juan

Dice que es una mujer hecha de fragmentos y que añora su cerebro predigital. Reivindica a Borges y la lectura, y dice que a lo mejor evolucionamos hacia una patata con un dedo dándole todo el rato. Añade que hace vídeomaquia, que lidia con todo el paisaje y el detritus audiovisual, saltándose los derechos de autor a la torera y dando cornadas audiovisuales que generan retratos a contracorriente. Puro delirio y contradicción o, lo que es lo mismo, puro arte. Esta vídeoartista andaluza, coleccionista, archivera y remezcladora, ha generado una obra torrencial y provocadora, reconocida con un buen número de premios, exposiciones y muestras diversas.

  • Tu trabajo es muy visual, ¿qué tal te manejas con las palabras?

Yo pienso en imágenes pero hablo mucho… Imagino que mi cerebro neurótico, diogénico y ciberquijotesco me impele a hablar mucho. La magia está en sentir y vivir algo… Las palabras están de más. Dices algo y te lo cargas. Yo estoy llena de palabras, de ruido, de imaginario y de imagen. Y cuantas más me vienen a la cabeza, más me parece escuchar el silencio. Todo este detritus audiovisual, toda esta ruina… En las ruinas de mi fragmento, por un lado, yo me encuentro, pero por otro no hay imágenes más allá del sol. No sé. Estoy muy perdida, por mucha vídeomaquia y vídeoguerrilla que haga.

  • En tu trabajo parece que hay un intento de dejar de lado las palabras y llegar a un éxtasis y un arrebato a través de las imágenes… ¿Fue importante para ti Arrebato, de Zulueta?

Claro. Lo que pasa es que yo soy yonqui de farmacia más que de heroína. A mí las imágenes me han devorado. Esa imagen mágica, como una teta gigante echando todas las imágenes del mundo… Pensar en imágenes me reconforta, aunque por otro lado me agota. En mi piso ya no tengo ni abrigos porque no me caben en el armario… Todo son pilas y pilas de discos duros, betacam, vhs, dvd, que además están infectados por los hongos… Mi montador José Carricarte me decía: “este arte digital vuestro es todo perecedero, no va a quedar nada…”. A lo mejor tiene razón. Tengo cintas de mini dv de las que ya no me funciona la cámara ni la puedo conectar al ordenador. Y si a eso le sumas la obsolescencia programada… Queda un archiverismo del que no se sabe qué sobrevivirá. El montador insiste: “lo que quedan son las piedras, las ruinas romanas… Pero lo vuestro todo va a desaparecer”. Y en cierta medida sería liberador. Que internet petara sería liberador. Estamos todos metidos en Fachabook, echando toda la rabia y todo el arte, en una aplicación que, al igual que Google o YouTube, no es nada horizontal ni libre, que tiene unos intereses completamente capitalistas y dirigidos, donde prima la venta de nuestros datos… Me inquieta dejarme las pestañas y la vida delante de un ordenador. La vida no está ahí. Es todo muy contradictorio… Yo, como Orson Welles, soy muy contradictoria. Y lo que me da la vida a la vez me la quita. Soy como una zombi eléctrica, yonqui digital apasionada…

  • ¿Tienes necesidad de volver a lo físico, al collage, por ejemplo?

Desde pequeña estoy fascinada por el collage, por su capacidad de crear monstruos y por encontrarme en esas ruinas de los fragmentos… Para mí los monstruos son evolución. El hombre elefante es de mis películas favoritas. Con el collage rindo homenaje a todos los monstruos y todos los enfermos. Mi abuelo, que era de un pueblo cercano a Las Hurdes, Valdelacasa, iba por los pueblos curando a los enfermos de lepra. Ese tipo de enfermedades eran tabú, el que tenía un leproso lo tenía que encerrar en un sótano… Y heredé de mi abuelo un gran archivo de imágenes de enfermos de ictiosis, elefantiasis… Admiro y me solidarizo con la gente que vive con esas enfermedades. Los monstruos me han dado mucha fuerza para vivir. De hecho, mis películas son vídeo-engendros, pequeños frankesteins… Son homenajes a los monstruos, que no tienen nada que ver con el mainstream, ni con la ortodoxia ni la esencia ni los purismos y que nos hacen crecer y evolucionar. Pero, vamos, monstruos son todos los sirios que están intentando venir aquí… Lo podemos vivir como una amenaza o lo podemos ver como algo positivo que, gracias a la mezcla y el cruce de culturas, nos hará evolucionar y mejorar. A mí lo que me interesa es hacer vídeoguerrilla, y relatos trans-nacionales y glocales a contracorriente. Generando relatos lowcost de cultura crítica. Vídeo-guerrilla y vídeo-remezcla política.

  • ¿Cómo empezaste de pequeña a hacer collages?

Fui una niña muy complicada y tuve unos traumas muy grandes. Siempre me he sentido una extraterrestre. Mi madre, de pequeña, me llevaba a ver Encuentros en la tercera fase y yo tenía claro que era el extraterrestre. Me llevaba al parque y me quedaba allí en medio, mirando a la luz, implorando a los ufos para que me llevaran. Y esa sensación, sobre todo en mi tierra, tan barroca, tan purista, tan rancia, tan pacata… con esa religión de la culpa y el golpe en el pecho, pero con la hipocresía por detrás… Me busqué un territorio en el arte y el collage donde liberarme, explayarme, descansar. Un refugio.

  • ¿También hay algo de rabia?

Rabia total. Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, como decía Jeanette. Con el vídeo-terrorismo soy una mosca cojonera y me cago en todo y me vengo de todo… Hago apocalipsis y hecatombes digitales y cinéfagas y me quedo la mar de a gusto. Es una necesidad vital. Si hubiera hecho caso a mi padre, que quería que estudiara derecho, estaría loca y con pastillas.

  • ¿El cine es tu gran referente?

Sí, yo soy de Tiburón, Piraña, Con la muerte en los talones y todas las películas de Hitchcock… De la magia de ver películas y creerte que son verdad. Cuando vi La semilla del diablo tuve que dormir varios meses con ajos y cruces en la cama porque no quería tener un hijo del diablo. Ese poder y esos imaginarios del cine te traspasan, te influyen y te condicionan la vida… También soy hija de La bola de cristal y La clave. Con La bola de cristal no era consciente porque era muy pequeña, pero mi gran ilusión era que llegara el sábado para sentarme con mi hermano frente a la tele a ver esas historias tan punk de Lolo Rico, que luego me he dado cuenta de que me han influido mucho. La Bruja Avería yo la veo como un alter-ego… Y películas como Fahrenheit 451, de Truffaut, El hombre con rayos X en los ojos o La Familia Monster… Yo quería esa familia para mí. Y con La clave y Balbín flipaba mucho… Era como una niña vieja. Me siento marrana, marciana, postmariana y ahistórica. Y así desde niña… Yo creo que me aislé y me quedé como si fuera una vieja.

  • ¿Eso se debe a tu avidez de querer verlo todo?

Completamente. Me pasa como al Quijote con las novelas de caballería. Yo quería ser pintora y, de hecho, dejé Comunicación Audiovisual para pintar. Pero sufría muchísimo, porque tenía un torrente de ideas en la cabeza y un día quería ser Francis Bacon, otro día Basquiat, al día siguiente Caravaggio… Y pintaba mucho y lo tiraba todo, porque nunca estaba satisfecha. Pero con Internet y la digitalización vi que podía empezar a canalizar todo ese torrente de ideas. Y así empecé a tropezar con todo ese imaginario… Yo soy una artivista y una defensora de la cultura libre y de nuestra memoria histórica. No podemos consentir que el NO-DO esté secuestrado… Creo en la remezcla y en el intercambio. El arte es un juego de todos los hombres con todas las épocas. Mi misión en la vida es ser como una virgen vestal, apasionar, encender, educar a la gente para que sean seres más libres, más salvajes y más creativos. Educar, para mí, es formar a personas para que sean aptas para gobernarse a sí mismas… Si todos somos accionistas de la industria del cine, ya que pagamos por ir al cine y por comprar DVDs, por qué no vamos a tener derecho a hackear todos estos discursos y a generar relatos a contracorriente, dinamitando tópicos, símbolos, mitos… Por eso tengo esa ansiedad por acapararlo todo… Como no lo encontraba en la filmo y no tenía nada, descubrí la que puede liar una moza en su casa con el ojete popular que es YouTube e Internet. Empecé a descargarlo todo de forma compulsiva y quería llegar hasta el final de Internet. Me volví medio loca… Ya no tengo melatonina en el cuerpo. Soy eléctrica. La virgen terrorista del archivo… La archivera de Sevilla eléctrica. Fui a un psiquiatra y, por prescripción facultativa, ya no tengo Internet en mi casa, tengo que ir a casa de mi madre… Hoy cualquiera puede hacer cine y, como decía Val del Omar, el cine sin fin… Nuestros imaginarios se multiplican hasta el infinito y podrías seguir y seguir y hacer películas sin fin, eternas, reload total, es como la intrahistoria de Unamuno pero a nivel digital y online. Me interesa el cine sin cámara, ya no hay que coger la cámara, para qué, si todo el mundo graba lo mismo… Si se fueran a la luna… Para qué voy a gastarme dinero en una grabación si está todo hecho y se puede reciclar, en plan ecológico, serie B… Si a mí me dan dinero para hacer una película, no podría, me agobiaría… Lo que me pone es crear estos cortocircuitos, reciclando y remezclando todo yo sola.

  • ¿No te interesaría hacer una película de ficción?

Sí, pero lo que más me cuesta son los actores… El archivo, la memoria, te crea una distancia. No estás directamente con las personas, estás con sus espíritus, con la magia de la fotografía, del cine, de lo que ya está registrado… De hecho ahora estoy colaborando en un proyecto con gente con estados alterados de conciencia, locos visionarios, y me siento incapaz de grabarlos. Eso de grabarles y luego no ayudarles en nada ni arreglarles la vida no lo acabo de ver claro… Y de la industria del cine y los actores actuales me interesan cosas muy contadas. Hay que irse lejos para no perderse en la distracción. Como decía papá Pasolini: “La cultura es una resistencia a la distracción”. Estamos todo el día con el móvil, dándole al Fachabook… Nos tienen atontados. La cultura es una resistencia a la distracción y la risa es un orgasmo de la inteligencia. Y ahí surge la risastencia, que es mi frente… El humor de todos los colores, esperpéntico, buñuelesco, carnavalesco, naíf, la risa de hiena, el posthumor… como forma de resistencia popular. Me han dicho también “tarantina” de la era YouTube.

  • Utilizas la risa para enfrentar opuestos y crear choques, ¿cómo funcionan esos mecanismos?

Como decía William Blake, los caminos del exceso conducen a la sabiduría. A mí lo que me excita son los cortocircuitos, juntar lo injuntable, Camarón y Michael Jackson bailando por bulerías. Lo que la ortodoxia y los discursos oficiales dicen que no se puede hacer es la base de mi trabajo. Es una necesidad y se manifiesta en la vídeo-remezcla política y en el montaje de atracciones, un montaje de contrastes y contradicciones. Soy muy contradictoria, soy como un acertijo dentro de un enigma. Por un lado estoy hasta el coño de María Cañas y me gustaría ser “María Coñas”, por eso tiro del humor… A lo mejor me lo monto un poco mal y tendría que hacer cosas anónimas y buscarme un alter ego. Lo que me interesa es el salvajismo mediático. Ya estamos muy “gran hermano” y muy controlados por el FBI, la CIA, Facebook, Google… Y me puedo tomar la libertad de hacer terrorismo mediático con tres perras gordas y la vídeo-remezcla. Ocio terrorífico que nos haga rugir… La revolución para mí no será televisada, estará en las pequeñas televisiones que nos hacemos por Internet. Es un existencialismo vitalista. El escepticismo es con el sistema político, la política ya no es un arte sino una horterada, pero creo en la risastencia. Y la cultura como intercambio… Yo hago homenajes porque no podría pagar todos esos derechos de autor. Hago uso del Fair Use, esa ley americana que aquí no llega ni “pa’ Dios” y hay que pagar por todo. ¿Por qué vamos a tener que pagar por el NO-DO, que es nuestra memoria histórica? Tengo amigos haciendo documentales que les quedan como un churro porque no tienen ni para pagar tres minutos de NO-DO… ¿Por qué tengo que utilizar cochinos de Ohio para hacer una película en la que necesitaría cerdos de aquí? Nada es original, como dice Jim Jarmusch. Ya que los creadores estamos como estamos, como mínimo hay que tomarse la libertad de hacer lo que nos dé la gana. Y hay fisuras en el sistema y se puede hacer.

  • ¿Has tenido algún problema legal?

Por ahora no. Pero desgraciadamente no soy libre, me hago una autocensura brutal… Con las imágenes religiosas, con caras de toreros, con marcas registradas, me he tenido que autocensurar para que no me metan un pedazo de multa. Pero como todo lo que hago es sin afán de lucro no he tenido problemas. Bueno, una vez hice una instalación y me denunció la Falange Española. Hicimos una fábula pop en clave de humor sobre la nación y la bandera española y se lo tomaron muy a mal. Luego la traje a Barcelona y les encantó. Anda que si lo llego a hacer con la bandera de aquí… Pero bueno, creo en el poder transformador y social del arte. Lo que realmente me gustaría es liarla. Pero no lo he llegado a conseguir. Todo se queda en el arte y en encender almas… Habría que resetearlo todo y volver a hacerlo de nuevo desde el anarquismo, la austeridad real y la igualdad social.