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O Magazine
2015-2017

Hoy, 8 de junio de 2016, O cumple un año.
Así lo celebramos nosotros: contándote como hemos vivido desde dentro estos doce meses de ilusión, trabajo y locura.

O, AÑO UNO

GIFs animados
por David Domingo

Emília Fort

Hace poco un amigo me regaló The Random Series, el libro que recoge el proyecto de Miguel Ángel Tornero basado en sus ejercicios fotográficos en tres ciudades distintas: Berlín, Roma y Madrid. Desconocía el proyecto y me flipó. Las fotografías que lo componen son collages creados a partir del error de corte y unión de un software, siendo por lo tanto el resultado tan aleatorio como imprevisto. Analizando –e incluso tan solo mirando– las fotografías, una se da cuenta de que lo aleatorio es por naturaleza cautivador. Imagino que el interés y la tendencia por aquello azaroso es un rasgo característico de determinado tipo de personalidad. Y digamos que la certeza es un valor incompatible con la anterior hipótesis si la asumimos como razonable.

Cuando hace justo un año (el 8 de junio de 2015), gracias al esfuerzo y trabajo de una larga lista de amigos y colaboradores, inauguramos nuestra página web, no teníamos claro donde nos llevaría ese totum revolutum. Su elaboración no fue aleatoria, pero sí su concepción. Hicimos oídos sordos al sentido común de algunos de los implicados y el caos y la confusión reinaron desde entonces. Recuerdo claramente que en el lanzamiento hubo quien se pensó que habíamos producido el videoclip de Taylor Swift a raíz del primer artículo de Ben que publicamos y que lo tomaba por objeto de estudio.

Siendo O, ya de entrada y por decirlo de alguna manera, un nombre complicado; teniendo el abecedario entero salvo la letra O como dominio y con una página que huye de la fácil comprensión a primera vista que requiere la vida digital, fueron varios los que nos decían que estábamos chalados. El otro día vi a un tipo por la calle con una camiseta que llevaba el escrito ‘excuses suck’: era muy fea pero me pareció muy clarividente y automáticamente decidí tomar su contenido como lema vital. Ahora que lo acabo de googlear veo que es un eslogan de Nike Running, pero no me es posible echarme atrás con mis normas, así que no voy a justificar las decisiones tomadas un año atrás.

Es altamente probable que todo lo que ocurre sea fruto de una especie de error de software a escala mundial, el azar, de hecho podría ilustrar esto con muchos ejemplos dentro de nuestra propia casa, pero no me quiero poner demasiado mística. En cualquier caso, estamos en este mundo para abrazarlo y combatirlo (el azar). Pasado este año nos ha parecido que ahora nos tocaba ordenar un poco nuestros asuntos. El caos resulta sexy pero al fin y al cabo hay que procurar cierta usabilidad y comprensión diferenciando o clasificando más claramente los diferentes contenidos que elaboramos: los editoriales, los visuales, etc. Ya veis, hemos necesitado un año para llegar a esta complicadísima conclusión.

Así que, nada, estrenamos esta nueva home. Cuando le propusimos a Stanley Sunday que hiciera un GIF para la ¿portada? de este compendio de escritos, Pep, Pol (Affaire) y yo le dimos un par de pistas de los motivos e intenciones del cambio. Ayer por la noche nos mandó un work in progress maravilloso en el que la web estaba representada por un caballo desbocado y todos nosotros por un jinete persiguiéndole e intentando domarle. No tengo la menor idea de en qué acabará su libre interpretación de nuestra situación (tengo que entregar este texto antes de poder ver el GIF acabado) pero la realidad es que me cuesta imaginar cualquier forma seria de doma instaurada cerca de aquí. Y me parece bastante bien que no la haya, la carrera entre estos dos caballos es lo que nos hace seguir discutiendo y trabajando.

Luis Cerveró

Bueno, pues ha pasado un año. ¿Y qué es un año? Si lo quieres ver en el espacio, es una vuelta completa de nuestra órbita solar, que supone una distancia recorrida de unos novecientos cuarenta millones de kilómetros. Si lo quieres ver en el tiempo, son más de treinta y un millones de segundos. Y un segundo, para quién no haya tenido la curiosidad de mirarlo nunca, es la duración de nueve mil ciento noventa y dos millones seiscientas treinta y una mil setecientas setenta oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo ciento treinta y tres del átomo de cesio a una temperatura de cero grados Kelvin. Vamos, que yo personalmente no tengo ni puta idea de lo que es un año, pero parece que para la ciencia, así a nivel cuantitativo es algo muy bestia. Gracias a Dios, o a lo que sea, alguien inventó la medida ‘año’ y así los millones de kilómetros o de oscilaciones subatómicas se quedan en eso. En uno. Un año. Qué poquito. Qué joven. Si no hace nada. Ya ves, un año. Parece que fue ayer, y ya vuelve a ser primavera. Primavera Sound. DJ Coco. Este año no tengo pase. Yo sí. Pues yo no. Y quién viene. Pues radiohead. Y LCD Soundsystem. Pero si estos se habían separado. Pues han vuelto. Ostia, lo que ha vuelto son los noventa. Pues no. Han pasado veinte años. Y qué es un año, pues mira, yo te lo explico.

Ha pasado un año, solo uno, desde que Emilia, Rafa y yo hicimos público este invento indescriptible llamado O. Y este primer año ha sido como suele ser el primer año de casi todo: torpe, apasionado, caótico, intenso, vertiginoso, divertido, arriesgado, y fugaz. Lo bueno de los primeros años es que están llenos de imprevistos y novedades, que aprendes todo el rato, conoces a mucha gente, haces cosas que no habías hecho nunca, y que tienes siempre la sensación de una mañana de sol al aire libre. Lo malo de los primeros años es que empiezas de cero, que cada día es una lucha, que no paras de darte ostiazos, que todo cuesta veinte veces más, y que tienes siempre la sensación de ser uno de esos barcos que van avanzando muy lentamente abriendo brecha en el hielo. De noche. En el casco polar ártico. Donde no hay apenas vida y hace un frío de cagarse. El equilibrio entre lo bueno y lo malo de un primer año, como todo en esta vida, depende del peso que le des a las cosas buenas y las cosas malas en la balanza de tu coco. DJ Coco. Pues yo tengo pase. Pues yo no.

Nos hemos equivocado muchísimo en este primer año. Vamos, yo el que menos. Pero Rafa y Emi sin parar. Y nos hemos sentado a hacer balance y ver qué podemos mejorar y qué podemos hacer para que las cosas salgan un poquito mejor. Y no solo mejor, sino distinto. Porque lo que nos da pánico es acomodarnos, poner algo en marcha y sentarnos a mirar, autocomplacientes. Este nuevo diseño de la web, con una actualización diaria de contenidos en lugar de semanal, es solo el primero de unos cuantos cambios, y errores, y ostiazos, y cosas molonas que pensamos lanzar en los próximos meses. Nos gustaría que salierais de detrás de las focas y debajo del hielo, y os subierais al barco para ir todos juntos, y hacer una hoguera para estar calentitos y vernos las caras y que se incendie la nave, y no haya botes salvavidas y tengamos que saltar por la borda como buenos piratas. Igual nos morimos, o igual encontramos una isla preciosa en la que tumbarse al sol de una buena mañana bajo un cocotero. DJ Coco. Pues yo tengo pase. Pues yo, este año, también.

Rafa Montilla

La complejidad.
Es ahí donde nacimos y tal vez por eso nos llamamos O.
Dificultad de darle sentido práctico a nuestro hacer.
Nos agarres por donde nos agarres seguimos siendo un elemento singular, difícil de definir, complejo, mutante.
Sinfín. Nos mires por delante o por detrás, seguimos siendo la misma cosa, elemento circular, principio y fin en sí mismo.
Contradictorios entre nosotros mismos, llevamos un año y seguimos intentando saber todavía quiénes somos. Prueba versus certeza.
La causa no nos lleva al efecto, sino que el efecto se ha convertido en causa.
Intentar crear. Ejercicio diario de lucha permanente.
Disentir es una prueba de ello, no conformarse ante la conformidad. Una forma de vida.
Voy en el AVE camino de Madrid, mi vecino de asiento acaba de adjudicar veinte likes a otras tantas fotografías. Tiempo; menos de treinta segundos. Mecánica de pensamiento libre de compromiso.
¿Es Isabelle Huppert? No, habla en castellano, siempre hay tiempo para soñar.
Alguien con cara de asustado se ha hecho un selfie con Bertín Osborne en la cola del AVE.
Y el viaje sigue, aunque nadie dispone el recorrido, pero avanzamos.
Solo es un año. Lugar donde todo tiene cabida. Lo nuestro también.
Muchos nombres, buena gente, sacrificada, ilusión del recién nacido, allá vamos.
Algo te mantiene, y no es la inercia.
Búsqueda. Muchos locos andan sueltos, la sinrazón.
¿Con qué te quedas? Con todo. Lo bueno y lo malo, y la sensación de que cada día se encuentra lejos del anterior.

Joan Pons

…y unos trescientos posts después, me sigo divirtiendo como editor de O. No está de más recordarlo. De hecho, es casi un imperativo. Por dos razones: 1) No todo el mundo puede decir que se lo pasa bien en su trabajo, con lo cual me considero un privilegiado, por mucho que me aturullen los deadlines, la caza y captura de colaboradores y demás responsabilidades asociadas a la labor de gestionar la vertiente editorial de O. Y 2) Cuando llevaba un par de meses en esto, ya hice público (bueno, lo dije en redes, que igual es lo mismo o igual no) que nunca antes me había divertido tanto en mi vida profesional. Me habían dado un juguete. Y, lo que todavía es más asombroso, me habían dado la libertad y la confianza para hacer con él lo que quisiera. De hecho, recuerdo ahora con media sonrisa mis descreídos reparos iniciales cuando le pregunté a Luis, precisamente, “Pero, ¿no querréis que esto se convierta en mi juguete, no?”. “Sí, sí, queremos exactamente eso”.

Así que un año después, sigo jugando a editar y sigo maravillado de que me dejen hacerlo. Porque este es un juguete caro (ojo, que esto lo financiamos de nuestros bolsillos). Su retorno no es precisamente material, que eso, en los tiempos que corren, tiene algo tan suicida como romántico. Es casi un gesto poético. Si O tiene una proyecto editorial es, simplemente, por el placer de tenerlo. Bueno, y también porque es una manera de llegar a los demás más elegante que no vendiéndonos a nosotros mismos con posts corporativos.

La jugada no es fácil de pillar a la primera. “No lo entiendo: ¿es una revista online pero en realidad es la home de una empresa?”. He recibido mucho feedback de este tipo. Pero también del inverso: “¡Wow! ¡Es la home de una empresa que en realidad es un revista online!”. Y eso es algo que no solo es cool: es desinteresado, es admirable y persigue (y creo que consigue directamente desde su concepción) ese intangible tan difícil de atesorar que es el prestigio.

En estos doce meses, he intentado, como editor, estar a la altura de un proyecto así de atípico, libre e ilusionante. Así que la única consigna que me autoimpuse (porque aquí nadie me ha puesto ningún peaje) fue “Que cada texto mole”. “Que cualquier post sea interesante”. He podido hablar de las temáticas que he querido, buscar el enfoque que más me ha apetecido y contar con los colaboradores que me han venido en gana. Un lujazo, vamos. Mi único consejo para escribir los posts siempre ha sido el mismo: “Habla de lo que quieras y como quieras. Pero que se note que tienes ganas de escribirlo”. 

No sé si habremos conseguido ser tan sorprendentes como Dangerous Minds, que cada día se sacan de la manga posts que no te esperas, pero siempre atraen. También ignoro si tenemos la misma personalidad fuerte (¡y loca!) como web que Visual 404, que no piden ni permiso ni perdón a nadie por postear tanto textos sesudos como punkis. Y desconozco si nuestros contenidos editoriales tiene la misma función correlativa y asociativa que los de la inabarcable página oficial del grupo Algiers, que son todo ventanas abiertas a otros paisajes que no son solo su música, pero cuyo objetivo es claro: “si a ti te gusta esto, también te vamos a gustar nosotros”. Esos fueron los tres espejos en los que me quise mirar al principio y que, a los pocos meses, dejé de usarlos como modelo porque O, como web, ya tenía vida propia.

El proyecto editorial de O ha crecido y se ha individualizado siguiendo únicamente su propio dictado. No somos actualidad. No somos tendencias. Tampoco somos, espero, un latazo. No desterramos la primera persona del texto (por citar a los dos colaboradores que más han publicado: leer lo que escribe Ben Tuthill sobre videoclips es leerle a él y descubrir lo que Jordi Costa piensa sobre una viñeta de un cómic es descubrirlo a él). No le hacemos ascos a ningún formato. No separamos alta de baja cultura. No nos importa publicar contenidos de dudosa vigencia (aunque nuestros tratamientos siempre son en presente). Y aunque todo este manifiesto improvisado esté formulado en negativo, ya os aseguro que no puede ser más positivo.

Vale, todo esto lo tenemos en el haber. ¿Y en el debe? Pues, conseguir que los miembros de nuestro roster se impliquen aún más, abrirnos a contenidos que no sean solo de texto, intentar cerrar entrevistas que nos encantaría realizar, fichar a más colaboradores internacionales y, por supuesto, tener más visibilidad (aunque sin que eso suponga abaratar nuestra identidad, claro).

Precisamente para esto último, hemos reformateado nuestra web. Ahora todo cambia y nada cambia. Porque el espíritu que va a seguir guiando a todos los implicados en el proyecto editorial (miembros de O, colaboradores externos asiduos y ocasionales, nuestra traductora, Patricia, nuestro corrector, Gerard, nuestros diseñadores, Pol y Pep de Affaire, etc…) ya os podemos asegurar que va a seguir siendo el mismo: have fun!

AFFAIRE (Pol Pérez)

Hace no sé cuantos años, yo tenía un blog –corrijo, un Fotolog– en el que me dedicaba a colgar pésimas fotos en blanco y negro, acompañadas de cuentos que escribía ad hoc sin ninguna relación con la imagen. Muy a menudo, esos cuentos empezaban describiendo una situación mundana, por ejemplo un personaje entrando en una casa, y a partir de ahí se sucedían una serie de eventos o de situaciones que daban un giro –un ‘twist’ a la historia, tratando de provocar perplejidad y un determinado retrogusto estético al lector. Si los leyera ahora se me caería la cara de vergüenza de lo malos que eran. El motivo por el que explico esto es que mi forma de escribirlos, idéntica al modo en que escribo este texto ahora mismo, consistía en empezar. Existiendo un universo de cosas sobre las que podía tratar el texto, mi única forma de avanzar era escoger algo sin siquiera pensar si me gustaba: un sujeto sentado en el autobús; y a partir de ahí, habiendo podado considerablemente el número de situaciones que podían resultar de esa primera escena, simplemente iba siguiendo un camino hasta llegar a algo.

Para mí O es como uno de esos cuentos, con la diferencia que aquí existe un equipo de personas que son excelentes en su trabajo, y que mi tarea ya no es escribir. Emi, Luis y Rafa (y luego el roster, y Joan, y todos los demás) se aventuraron en la oscuridad -cito a Joan Pons- sin saber qué hacían: solo que lo hacían en buena compañía. Y así, como quien no quiere la cosa, O ha publicado cuarenta y tantos editoriales magníficos, textos especializados, artículos de todo signo y condición, y hasta algún que otro listicle. Y, por encima de todo, O ha propulsado el trabajo de sus artistas, que solo ahora nos damos cuenta de que también hay que promocionar. Aquello que al principio era una masa amorfa de información poco a poco se ha convertido en un punto de reunión y en la lectura matutina de unos cuantos. Al principio O no sabía qué hacía, ni por qué, ni para quién; en algún momento el curso de las cosas fue iluminando el camino, y tras un año, ya parece que el cuento se escribe solo.

AFFAIRE (Pep Román)

El cliente

Las escuelas de diseño enseñan a ejecutar, a gestionar y a ser “creativo”. Pero en raras ocasiones se enseña a pensar, a ser crítico o a tener valores e ideas propias. Y aún menos se habla de las relaciones humanas, de antropología o de ética. Como estudiantes, nadie nos explica las relaciones laborales o el tipo de personas con las que vamos a encontrarnos y con las que vamos a tratar en nuestra carrera profesional. Se habla acerca de la gestión, de productos, de servicios y de empresas, pero nadie menciona la figura del editor, del comisario o del director creativo. Y lo más sorprendente de todo, ni tan siquiera se habla de la figura del cliente.

Touched by O

O, el cliente, nos encontró de alguna forma a nosotros. El azar, la curiosidad y el hecho de que ellos creyeron en nosotros nos sitúan hoy aquí. Resultaron ser un cliente especialmente provocador, capaz de llamar nuestra atención por la complejidad de sus propósitos y el desinterés de sus acciones. Esto que hacen es por amor al arte.

Un cliente capaz de sorprenderte, de formularte nuevas preguntas, de romperte los esquemas y de hacer crecer tus ideas. Se trata de ese tipo de cliente del que no vas a dejar de aprender. Y es que detrás de esta web, de toda esta iconografía y de esta identidad, comprensible o incomprensible, existen una pregunta y un reto constante, formulados por este cliente insaciable, inquieto y curioso. O nos ha acogido y se ha convertido en nuestra verdadera motivación, nuestro cliente perfecto, que resulta estar tanto o más motivado que nosotros.

Hoy no me apetecía hablar de diseño ni de por qué estamos reformando esta web. No voy a tratar de explicar cuál ha sido nuestra experiencia como diseñadores, ni por qué cambiamos de tipografía en cada post que diseñamos. Y es que hoy celebramos un año del inicio de todo esto, y ya no nos referimos a O como el cliente. Hoy formamos parte de todo esto, y ellos (el cliente) son los verdaderos culpables de esta aventura aún por definir. Mientras sigamos curiosos, esto no va a parar de cambiar. Este es uno de esos casos, y no una de esas verdades absolutas, en que un buen cliente hace un buen resultado (o al menos uno interesante).

Pol y Pep trabajando en la web,
por David Domingo