O Magazine

2015-2017

Glam Jurásico.

Tuneadas ruinas
de un futuro pasado

Por Jaime Gonzalo

Rock’n’roll de la vieja escuela, el que reformulaba el glam con su estrambótico retrofuturismo a principios de los años setenta y bisexualizaba una subcultura hasta entonces acaparada por lo hetero, anclada al machismo de paquete prominente y groupies sumisas. Como el coñac Soberano, también podían ser cosa de hombres la cosmética, el lamé y las lentejuelas, las boas y los plumajes, los zapatos de tacón y plataforma, el esmalte de uñas. Mal asunto, ser mujer en esa afeminada galaxia: de las pocas que en ella se inscribieron –Bobbie McGee, Zenda Jacks– solo Suzi Quatro, la menos femenina de todas, ha pervivido en la olvidadiza conciencia colectiva.

Era el glam, como decía la canción de James Brown, “un mundo de hombres / que no sería nada sin una mujer o una chica”. La solución para cumplir con esa paridad que tanto repelía a la virilidad rockista no fue otra que fabricar un faux hermafroditismo, salvo excepciones –Jobriath– postizo cual bisoñé. Esa ambigüedad glam las transformaba a ellas en rudas rockeras de ramalazo lésbico, las Runaways y Quatro, y a ellos en emperifollados travelos de barba lijosa.

Entre 1972 y 1973, unas y otros polucionaron salones deportivos y autos de choque con retumbantes cánticos generacionales, que dinamitarían las listas de éxitos y la esfera de la moda al completo, procurando licencia a toda suerte de aberraciones estéticas, volando por los aires los tabúes sexuales de la época. Si la hirsutez beatle primero y la seráfica androginia hippie después habían confundido a la comunidad adulta de los sesenta, una perplejidad plasmada en canciones como Are You a Boy or Are You a Girl de los Barbarians, el grosero transformismo glam fundía los fusibles bienpensantes de los setenta.

Era Marc Bolan con T. Rex quien echaba a rodar la bola, pero se coronaba icono por excelencia de ese negociado otro excantautor folkie sin suerte que en busca de hits mutaba en reinona extraterrestre, David Bowie, con el primero de sus heterónimos, Ziggy Stardust. The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars sacaba del armario al nuevo personaje haciendo de Bowie un artista masivo y elevando al glam rock del sustrato obrero a una categoría poética, distinguida, como hacía Roxy Music sorbiendo del glamour hollywoodiense de los cuarenta.

La versión vulgar del glam sería el glitter, basta baratija explotada por advenedizos como Gary Glitter, Slade, The Sweet y otros ídolos proletarios que podían ser pederastas encubiertos o skinheads acogidos a la reconversión laboral. Mientras ese mercado se expandía, atrayendo momentáneamente a figuras con la carrera en crisis como Mott the Hoople o Lou Reed, ambos apadrinados por Bowie, era Ziggy Stardust con su receta de ciencia ficción arty quien trascendía y universalizaba una mercancía también comercializada como gay rock.

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Jackie Curtis

Aullantes sodomitas negros

A semejanza de su descendiente el punk, aquella cage aux folles del glam que canibalizaría a sus criaturas se presentaba en calidad de rabiosa novedad, fruto de inmaculada concepción. A lo sumo, se mencionaban antecedentes periféricos como Oscar Wilde y las drag queens punteras de la Factory warholita, Jackie Curtis y Candy Darling, protagonistas de Walk on the Wild Side, madres putativas de los New York Dolls e indudable inspiración del esponjoso Bowie, que copiaría el pelo rojizo y ultraista maquillaje de Curtis.

Para construir a Ziggy, incurría también el astro en otra sustracción, birlándole el patronímico al Legendary Stardust Cowboy, un chalado profeta psychobilly tejano con el que coincidía en su discográfica americana, autor también de un single que en 1969 ya aludía al imaginario sci-fi, I Took a Trip on a Gemini Spaceship, con el tiempo versioneada por Bowie.

Más allá de esos manidos referentes, a años luz en el pasado se agolpa todavía lujurioso el bagaje de una tradición, cadena genética proto-glam que hay que empezar a excavar en los fundamentos del rock’n’roll. A partir de 1855, se derogaba en EE.UU. la ley que impedía a los negros acceder al minstrel show, la primera forma de teatro de variedades genuinamente americana, entonces fuerza motora de la industria musical de ese país.

Un género que en la década de los cuarenta del pasado siglo todavía segrebaba también a las mujeres, suplantándolas por hombres mejor o peor caracterizados, drag queens avant la lettre que en el ámbito del minstrel negro abastecían mancebos adolescentes, homosexualmente iniciados por la multitud de expertos en la materia que porfiaban en el negocio, tradicional lobby gay. Little Richard sería uno de ellos antes de hacerse famoso.

Su número consistía en aparecer vestido y maquillado de señora, con un largo traje de noche rojo, encarnado en la Princesa Lavonia, andrógino malabarista cuyas piruetas deslumbraban a Esquerita, uno de los más señalados gays del rock and roll negro. Como Richard, hacía de su imagen arma arrojadiza: profuso maquillaje, voluptuosas galas y una doble peluca superpuesta con la que elevaba su rutilante tupé hasta estratosféricas alturas.

“En aquellos espectáculos”, recordaba Richard en su biografía, “había muchos tíos vestidos de mujer. Todos iban maquillados y con sombra de ojos”. Billy Wright era otro de esos artistas, el mejor transformista de Atlanta y segunda gran influencia de Richard. A este le impresionó su vestuario de colores eléctricos y chillones, su cabellera permanentada, su aparatoso pintarrajeado facial.

Plagado de engendros como Patsy, un transformista que indignaba a Richard porque “ni siquiera se afeitaba el mostacho y parecía una mujer que acaba de ser vapuleada con un tablón”, el R&B gay daba chanza a una horda de aullantes y sicalípticos travestidos negros profetizando la ambigüedad moral y sexual que se impondrá en los sesenta.

Glam Jurásico. Tuneadas ruinas de un futuro pasado – O Productora Audiovisual

Candy Darling

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Jackie Curtis y Candy Darling

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Legendary Stardust Cowboy

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Little Richard

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Esquerita

Criaturas ardientes

Aunque oficialmente negaba su homosexualidad y contraía matrimonios de conveniencia, Liberace sería otro antepasado de Ziggy, amanerado decano del glam mainstream. Un exuberante, multimediático pianista y cantante cuyo fastuoso estilo de vida y delirante guardarropa –con plumas de avestruz y capas de armiño– influía asimismo a Elton John. Inmensamente popular entre los cincuenta y los setenta, asiduo de los escenarios de Las Vegas con espectaculares shows, neutralizaba todas las insinuaciones que sobre su orientación sexual vertía la prensa sensacionalista, demandando con éxito a varias publicaciones. Su fallecimiento por SIDA en 1987 despejaba las incógnitas.

Flaming Creatures, de Jack Smith

Cineasta y performer underground de culto, Jack Smith solo finalizaría una película, la legendaria Flaming Creatures, de 1963, homoerótico homenaje a María Montez plagado de penes explícitos y actitudes bisexuales que resultaría prohibido. Antecesor de Warhol, con el que colaboró en varias ocasiones, así como con otros miembros de la Factory, muchas de sus ideas se las apropiaba el divino albino, especialmente el concepto de superstar que Smith ponía en marcha creando a Mario Montez, futura estrella warholiana. En 1953 sus filmaciones avantgarde ya rezumaban travestismo, drag queens, fantasías homo y tremebundos maquillajes que eran puro glam rock. ¡Ah, que grandes videoclips podría haber realizado con Ziggy!

En 1969, las revueltas de Stonewall, un bar gay de Nueva York cuya clientela de drag queens se enfrentaba a la policía durante una redada, causaban graves algaradas populares y daban lugar al nacimiento del gay power. Uno de los belicosos travelos era Wayne County, al que poco después Jackie Curtis invitaba a participar en una obra teatral. Tras escribir y protagonizar otra pieza basada en la castración masculina, Warhol requería sus servicios para Pork. En 1972 County formaba una banda pre-punk y Bowie lo fichaba para su compañía de representación MainMan. Allí permanecería congelado durante un año, mientras su mentor le vampirizaba hasta el tuétano. Finalmente, en 1974 accedía a producirle un espectáculo musical drag-punk, Wayne at the Trucks, que inspiraba la puesta en escena de la gira de Diamond Dogs, sirviéndole también a Ziggy en bandeja Queenage Baby, la semilla de Rebel Rebel.

George Harris, mas conocido por Hibiscus, un joven actor procedente del off-Broadway que se había sumado al jolgorio hippie de San Francisco, patentaba en 1968 el glamour psicodélico con una extravagante imagen y actitud, en las que se superponían transformismo, LSD y liberación gay. Protegido del escritor beat Irving Rosenthal, este le pondría sobre la pista de su amigo Jack Smith, cuya película Flaming Creatures impresionaba a Hibiscus. Bajo ese influjo fundaba la comuna The Cockettes, Las Pollitas, una desmadrada pandilla de drag queens hippies que, enamoradas del viejo Hollywood, parodiaban revistas musicales. Su vestuario parecía salido de un mal trip. Purpurina a espuertas, otro resabio a Jack Smith, el maquillaje era genuino avant-glam. Ya sin Hibiscus y su componente de happening anárquico, The Cockettes debutaban en Nueva York. Entre el público que acudió al estreno estuvieron John y Yoko, Gore Vidal, Andy Warhol –que les plagiaría casi tanto como a Jack Smith– y otras celebridades. Por Cockettes pasaron Divine; el disco astro Sylvester; Miss Harlow, de las Plasters Casters; y Tomata DuPlenty, luego en Screamers, la banda punk de Los Angeles.

No podemos olvidar, ya para finalizar este recorrido, al Iggy Pop de los Psychedelic Stooges, que en 1968 salía a escena con vestido premamá, la cara enharinada y peluca metálica. Ni a las GTO‘s, banda de groupies producida por Zappa-travestido a su vez en la portada del álbum de los Mothers of Invention We´re Only In it for the Money, como habían hecho previamente los Rolling Stones en el single Have You Seen Your Mother, Baby– que suministraban trapitos y maquillaje a otro fichaje de Zappa, la Alice Cooper Band.

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Jack Smith

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Liberace

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Andy Warhol y Mario Montez

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Wayne County

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Hibiscus

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The Cockettes