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O Magazine
2015-2017

Fotografiando
hadas

Por Javier Calvo

El año pasado, la aclamada The Witch abordó el tema de la brujería desde el revisionismo histórico del puritanismo, el estigma social y la opresión de las instituciones familiar y social. The Neon Demon de Nicolas Winding Refn, otra gran película sobre magia negra y brujas, adopta una perspectiva casi opuesta. En vez de Historia, ofrece mito y folklore. En vez de Cotton Mather y John Hale, evoca a los hermanos Grimm, Angela Carter y J.G. Ballard.

La historia de The Neon Demon no puede ser más antigua. Como La cámara sangrienta de Carter, trata de niñas inocentes que se apartan del camino mientras cruzan el bosque. Y el Los Ángeles que construye Refn es un bosque decididamente aterrador, hecho de fiestas deslumbrantes, vacías e incomprensibles; moteles fantasmagóricamente rondados por la agresión sexual; agencias dirigidas por cariátides despiadadas; siniestros fotógrafos ritualistas; depredadores y súcubos. Hombres y mujeres reducidos sin excepción a la condición de licántropos y brujas, en un mundo sin un solo rayo de luz, de donde el bien ha sido desterrado.

La inocencia de la protagonista, Jesse (Elle Fanning) y de su amigo Dean (Karl Glusman), no puede sobrevivir en un mundo así. Son Hansel y Gretel sin ingenio. Jesse llega a la gran y malvada ciudad y todo va bien mientras no se da cuenta de que es su pureza la que deslumbra a todos. Las puertas se le abren y los hierofantes de la moda se rinden a sus pies. En cuanto comprende esto, se produce su caída.

Pocas escenas me han impresionado tanto en los últimos años como la caída de Jesse. En un espacio virtual creado por la regresión abisal de la cámara que la capta, la niña salvaje y pura tiene una visión demoníaca. En la escena, filmada como una estroboscopia de Kenneth Anger o un ceremonial de Jodoroswky, a Jesse se le aparece un triángulo mágico de neón que es también un prisma desdoblado; una regresión infinita de la misma figura del triángulo, que ya no para de reflejarse a sí mismo y desdoblarse. Ella queda atrapada en la lógica reflectante. Su imagen se desdobla también y ella ya no puede dejar de verse a sí misma. Allá donde vaya, se desdoblará siempre entre la que es y la que se mira ser. A modo de rúbrica de este tormento narcisista, la vemos besarse a sí misma en los labios.

Refn sabe que el reportaje de moda es la moderna fotografía de hadas, una fantasmagoría angélica sin referente en la realidad mundana. De hecho, toda la película está filmada como si fuera un reportaje de moda, y eso es justamente lo que le da su cualidad de otro mundo. Por otro lado, las composiciones resultantes le permiten crear retablos daimónicos que evaden la lógica narrativa y le permiten hablarnos como un experimentalista puro. Es el caso de la escena sacrificial del diván que abre la película o de la sesión de fotos final en la piscina.

El trabajo conjunto en The Neon Demon de Refn y de la directora de fotografía Natasha Braier (Somers Town, The Rover y En la ciudad de Sylvia, que a su manera también era una película sobre hadas fotografiadas) va encaminado a construir un mapa de referentes cinematográficos que son justamente los que la moda de las últimas décadas se ha apropiado para construir un lenguaje a caballo entre el surrealismo y lo gótico. La semilla del diablo, Más allá del valle de las muñecas, Scorpio Rising, El resplandor y La naranja mecánica, Suspiria, Twin Peaks, Crash.

Igual que La semilla del diablo (o The Wicker Man o Kill List), The Neon Demon ocupa un lugar destacado en la tradición de películas sobre la irrupción de lo pagano, el sacrificio y lo atávico en la vida de unos personajes mundanos. Una corriente pagana que aquí está representada por la maravillosa triada de brujas, Ruby (Jena Malone), Gigi (Bella Heathcote) y Sarah (Abbey Lee Kershaw).

Jena Malone, actriz secundaria ubicua, versátil y a menudo discreta, tiene aquí su papel más interesante desde Puro vicio. Con toques claros de Elizabeth Bathóry, su personaje, Ruby, es una maquilladora metafísica, con el poder de transmutar a vivos y muertos para hacerles traspasar puertas secretas a otros mundos. Sarah, una de sus protegidas, es una muñeca vudú viviente construida a base de bisturí y autolesiones. Las tres constituyen el terrorífico corazón oscuro de la película.

The Neon Demon es sin duda la película más atrevida de Refn. El corte brusco que se produce a la hora justa de la película parece diseñado con toda la mala leche para alienar a los fans de Drive. La primera hora es thriller de línea fría, mesmérico y refinado; en ciertos momentos parece apuntar en una dirección parecida a El mapa de las estrellas de Cronenberg. La segunda mitad es pesadilla surrealista-gore, con rituales extraños y desbarres autoparódicos. Personalmente, creo que la ira del público y la crítica ante esta película fascinante y desafiante le añade un considerable placer extra.