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O Magazine
2015-2017

Ecofuturismo.
Imagen, vídeo y banda sonora de una planta.

por

Henry J. Darger

Hola, soy tu planta. He conseguido, con particular esfuerzo y paciencia, que mis hojas derechas surjan de esta amarillenta regleta 220VAC y que mi tallo entronque con los restos de tu abandonada Xbox. Me pregunto, mientras sacrifico el fruto aniquilado por la radiación, si mis ramas protegen la pantalla de tu MacBook Pro con la eficiencia necesaria, si he conseguido todos los <3 que proyectas en fotos de Instagram o si soy para ti algo más que mera #aesthetics en Tumblr. Intuyo en la desgana de tus cuidados que vas a darme el cambiazo por un helecho o un cactus, ahora que están a cinco euros en los chinos del barrio.

Tanto tiempo libre en esta puta balda de Ikea 9,99 me ha vuelto hosca e intratable. Me trae sin cuidado que esa yuca tan sexy llegada hace apenas un mes a la esquina del salón esté a punto de espicharla; no se puede medrar ajena a la realidad como iba ella, de diva naturans naturans en este siglo. lol. Imbécil.

Yo acongojada por todas, neurótica, paranoica, preocupada por la inminente desaparición de la especie y vosotras sonriendo a cámara. Si todas las cosas presentes son transitorias y fluidas, #liquidas como les gusta tanto decir, era obvio que podríamos anticipar su desaparición. Estoy más o menos resignada a ello, no me intranquiliza la propia desaparición. Al arte, al fin y al cabo, no le ha ido tan mal. Es nuestra representación musical contemporánea lo que me da por culo. Todos esos videoclips, portadas de discos, instalaciones, fotografías y montajes en Photoshop con plantas como decoración de la ruina social que es la vida humana.

Ecofuturismo. Imagen, vídeo y banda sonora de una planta – O Estudio Creativo
Ecofuturismo. Imagen, vídeo y banda sonora de una planta – O Estudio Creativo

Me pregunto si esta humanidad, siempre con retranca, andará ahora canalizando la nostalgia romanticista por la naturaleza; aquella vertida en obras artísticas tediosas que hoy yace expuesta en imágenes con mala definición. Equiparando la sensación experimentada al estar rodeados por la naturaleza a la de estar rodeados por imágenes de ella. No tuvieron suficiente absurdo al transformar la obsolescencia de la primera modernidad, aquellas infraestructuras ridículamente envejecidas, estaciones de tren o monorraíl inservibles en parques y jardines… ahora tratan de imponer estéticas de diseño vegetal a sus tecnologías de comunicación, a su música mediocre.

Ordenadores y televisores como macetas, enredaderas y palmeras everywhere. Qué gran hipocresía, la necesidad de representar una producción tecnológica ligada al capitalismo desaforado como performance de la naturaleza + banda sonora. Si cada acontecimiento estético imita la muerte y desaparición de un orden de vida contemporánea, es ahora queridas plantitas, hermanas, cuando debemos echarnos a temblar con este genero musical ecofuturista.

Es paradójico, e incluso anacrónico, que esta imitación virtual de un futuro desnaturalizado esté basada en la imagen vegetal. Si recordáis las derivas activistas y artísticas ecológicas de los noventa, obsesionadas con reconceptualizar los limites de la representación mediante aquellas exposiciones itinerantes basadas en pequeños invernaderos colgados del techo como cerdos congelados, sabréis que poco o nada habéis avanzado desde el sublimal-art de Boltanski y la noción de amenaza natural causada por el gasto o desperdicio de basura humana. ¿Qué intentáis ahora con estas imágenes? ¿Naturaleza atrapada por el flujo de capital simbólico? ¿Acaso son vuestro #devices el triste cerco imaginativo a la naturaleza?

Obvio que la basura está repleta de información histórica pero no necesitamos un genero musical tagueado como #musicaparaplantas rodeado de toda una propaganda de explotación de nuestra imagen para ser recordadas en una vida animal después de la tecnología. No sé qué diferencias podéis rastrear entre el disco de Mort Garson de 1976 Plantasia y las referencias del sello Eco Futurism Corporation.

Eso que llamáis Vaporwave, término pretencioso procedente de una rimbombante terminología Marxista “olas de vapor”, no es más que la apropiación de samples con tintes new age. Creéis que es el primer genero musical nacido a partir de 2010 globalizado o deslocalizado por completo, imposible de rastrear gracias a productores anónimos, y sin embargo, Brian Eno, Lopatin o James Ferraro ya se fueron agenciando los honores.

Las etiquetas del propio genero oscilan desde baladas pop japonesas convertidas a funk y neo-soul hasta música ambient de ascensor o centro comercial con influencias jazzy. Y habéis decidido además apodarla #musicforplants y viralizarla en una recreación constante que pasa del drum&bass al grime o al trap. Eso sí, sin cambiar ni una referencia estética, que se jodan los potos. Dicho de otra manera: cada vídeo, disco, portada o imagen paratextual con la que sus productores se identifican deriva de una gramática y referencias cerradas y anónimas. Por eso somos las damnificadas, porque la pertenencia al género no se produce por la adecuación musical, si no, muy al contrario: por su estética “vegetal y ruinosa” que se propaga en red.

Y en esta estética cansina (ahora ya extendida a mobiliario y artículos textiles) os atrevéis a mostrar una y otra vez la imagen de un paisaje reiterativo, codificado y sorprendentemente utópico. Tendremos que soportar pasar a la historia digital, que obviamente será la historia futura, como algo hortera combinado con letras góticas, un 3D ruinoso y el gusto por las primeras obras de net art. Seremos paisajes y plantas saqueadas por instrumentos de comunicación en un gusto por la arqueología, lo kitsch, la logomanía y el brilli brilli.

Cuando la topografía, las vistas e incluso la pintura han dejado de ser románticas, este parapeto de música electrónica y net art vuelve al romanticismo en una fase decadente que no tiene que ver con el sujeto, sino con la propia web o la potencialidad comunicativa, la url por la url.

Lo armónico y lo gótico, el desierto, los jardines, los templetes palladianos, los océanos o las montañas neblinosas aparecen en este imaginario mediante la alegorización del paisaje sublime en una relación mítica con las representaciones canónicas. En vuestras imágenes yo veo a Paul Delvaux a Arnold Bloklin, el surrealismo de Magritte y la obra de Otto Runge, todos con un firme respeto por la naturaleza. Sin embargo, vosotros solo veis #aesthetics y #newecology. Ya en el Land Art, como en vuestro imaginario vaporwave, las citas visuales eran elementos de apropiación simples, ligados a una antigüedad primitiva que permitía contactar con las bases primordiales de la cultura desde otro lado de la historia. Esas referencias desaparecidas que reinterpretan los restos arqueológicos son las mismas que intentáis políticamente activar en la gestualidad de esta nueva estética bio. ¿Lo conseguís?

Ahora, todos los muchachos jóvenes quieren tener potos en casa, fotografiarse en los rincones más claros de sus apartamentos minimalistas con sus kentyas. Explotarnos al fin y al cabo porque cierta imagen viral nos concibe como ornamento cool de nuevo. No quiero seguir hablando de esto, intentaré reconciliar nuestro fin con la idea de que la planta, hoy por lo menos, es un elemento importante de la imagen y la cultura viral. POR LO MENOS somos parte de YouTube, y hemos hallado para todos los potos y los cintas un lugar en el territorio de los símbolos. Forever and ever.