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O Magazine
2015-2017

Retrato de una retratista:
Andrea Btoy, el arte contra
las ruinas

Por Ingrid Guardiola

Retrato de una retratista: Andrea Btoy, el arte contra las ruinas – O Productora Audiovisual

Andrea Btoy, spray y pinceles (Foto de Aline Deschamps)

No es casual que el tema musical que abre el falso documental de Banksy Exit Through the Gift Shop sea Tonight the Streets Are Ours de Richard Hawley. Los street-artistas son una especie de gate keepers o de rastreadores de la topografía de la ciudad. Y sí, las calles son suyas.

La Street-artista Andrea Btoy ha hendido las paredes de Barcelona desde 2002. Empezó en un Raval lleno de solares abandonados, sin un marco regulador del espacio público específico y aún poco gentrificado. Allí conoció a los que entonces se autodenominaban “grafiteros”, pero que, al cabo de poco tiempo, se pasaron al lado del arte urbano y el street art. Al principio, Btoy solo tomaba fotografías de las obras, pero cuando empezó con el stencil ya no lo abandonaría nunca más.

Durante aquellos años, Barcelona empezaba a dar prueba de grandes transformaciones urbanísticas que culminarían con el Fòrum Universal de les Cultures en 2004 y la Ordenanza de Medidas para Fomentar y Garantizar la Convivencia Ciudadana en el Espacio Público de Barcelona aprobada en enero de 2006 por PSC, ERC y CIU. En enero de 2015 se estrenó el documental BCN Rise & Fall, de Aleix Gordo y Gustavo López, que retrata el auge y caída del street art a raíz de la implementación de dicha ley. Diez años después de su aprobación, el resultado es un espacio público cuyos usos están puestos en bandeja a las empresas privadas, donde se anula toda lógica de convivencia posible con bancos que parecen celdas de aislamiento con vistas a la calle y donde tres son multitud, manifestación o una reunión de elementos susceptibles de ser disuadidos por “ocupar intensivamente la vía pública”.

“Esta ordenanza fue un repelente para la práctica de los street artistas: se prohibió pintar en la calle”, cuenta Btoy, “y las pintadas eran repintadas de gris por las brigadas municipales”, cual Oompa Loompas obedientes e implacables; lo que hizo que tuvieran que buscar espacios periféricos en ruinas, fábricas abandonadas… “La ciudad cambió radicalmente”, sentencia Btoy sin ira ni nostalgia. Se empezó a hablar en términos de “contaminación visual” (y lo llamaban “convivencia”), mientras iban levantando Fòrums, torres Agbars y demás dinosaurios obra de arquitectos endiosados que vaciaban las arcas municipales a golpe de pillaje a las arcas públicas. La práctica de los Street-artistas, según Btoy, “se volvió algo más reivindicativa. Pintar tenía algo de ‘ocupar’. Te pasabas horas pintando en un mismo sitio rodeado de mucha gente, como en una fiesta, pero ilegal”. Una fiesta que los organizadores no habían bautizado, aunque pronto llegarían las galerías para poner nombre a lo que las instituciones habían arrinconado y marginalizado.

La obra de Btoy la gestiona la Itinerrance Galerie de París, situada en el Distrito 13 (uno de las zonas urbanas que han hecho del arte bandera). Ella se siente tan a gusto con las galerías como con los encargos de festivales, pintando en la calle a su libre albedrío o con proyectos educativos. Para ella, simplemente, “son diferentes formas de trabajar”. Btoy saltó a nivel internacional de la mano de Banksy, que la introdujo en el circuito inglés. Pero “el street art es un movimiento muy globalizado y todas las grandes ciudades como Nueva York, Londres, París o Berlín están alertadas de lo que pasa dentro de ellas”.

Desde los festivales hasta los artistas, pasando por las galerías, el mundo del street art, como dice Btoy, “es muy competitivo”, como en cualquier otro sector donde hay un interés económico y un valor simbólico-cultural. Por eso Btoy busca una sintonía personal, no artística, con sus compañeros de profesión y le gusta colaborar con figuras poco conocidas o gente joven porque así, desde la tranquilidad del anonimato, desde la energía positiva del  hecho de pintar por el simple placer de pintar, puede hacer mejor su trabajo.

Andrea viene de estar en el festival de street art Memorie Urbanne en Gaeta, Italia, donde han participado varios street artistas o fotógrafas como Martha Cooper, la cronista visual de toda la escena del graffiti neoyorquino en las décadas de los setenta y ochenta. También estuvo en el proyecto Gare du Nord del colectivo Quai 36, en el que, junto a otros artistas, se dedicó a pintar en la mítica estación ferroviaria del mismo nombre, la más importante de Francia. Allí dibujó una serie de retratos de mujeres africanas, básicamente porque “prácticamente toda la gente que pasaba por allí eran africanos; había pocos caucásicos”: es el sistema nervioso central del aparato migratorio. También estuvo en el Street Art Festival de Mostar, una ciudad masacrada durante la Guerra de Bosnia. Btoy, cuando el lugar está tan connotado, trabaja dialogando con el espacio, con la memoria del lugar. Por eso, ese encargo fue complicado, por no decir inviable: los muros no se dejaban pintar, la gente mayor no dejaba olvidar. ¿Cómo conciliar el pasado con los nuevos relatos de la ciudad?

Btoy tiene sus referencias que casi nunca abandona: sus homenajes recurrentes son a las mujeres; en concreto, retratos de actrices, cantantes y activistas. Btoy pinta actrices que, según ella, rompieron con los cánones y los estereotipos como Katharine Hepburn, Bette Davies o las flappers como Clara Bow o Joan Crawford, que también empezó en el universo flapper. Pero también recurre a mujeres que fueron víctimas de sus propios personajes y del aura del espectáculo como Judy Garland, la preciosa e inocente Dorothy convertida años más tarde en una alcohólica anoréxica, o cantantes como Amy Winehouse que, como dice Btoy, “a pesar de su enorme talento acabó siendo una caricatura de sí misma hasta que esta caricatura se la comió”. La segunda vez que trabajé con Andrea Btoy (*) fue a raíz del proyecto que hicimos con Marta Sureda La dimensió poc coneguda: Pioneres del Cinema. Andrea pintó cuatro retratos, los de las actrices Lillian Gish y Clara Bow, el de la cineasta Alice Guy y el de la guionista Anita Loos.

Pero los iconos femeninos de Andrea no se limitan al cine. También pinta cantantes políticamente comprometidas como Nina Simone, artistas como Ana Mendieta o Frida Kahlo, activistas como Simone de Beauvoir, las Pussy Riot, Angela Davis o Petra Kelly, así como mujeres aviadoras y visionarias como Madame Blavatsky, reina del ocultismo, ahora tan de moda. También ha llegado a pintar fotografías de Lewis Hine y Dorothea Lange que muestran la otra cara del “estrellato” a través de imágenes de la depresión social y de las asfixiantes condiciones laborales de la industrialización de principios de siglo XX en Estados Unidos. El mundo del street art, como el nuestro, “es un mundo eminentemente masculino” y Btoy no duda en subrayarlo, por eso nunca está de más devolver todas estas mujeres a un espacio público que han tenido que conquistar y reconquistar permanentemente a lo largo de la historia (aunque hay que decir que también ha retratado a hombres-icono como Malcolm X, Martin Luther King o Nikola Tesla).

Entre galerías y festivales, a Btoy aún le queda tiempo para los proyectos educativos: empezó en centros como el Pati Llimona, continuó en escuelas como la Escuela de Arte de Tarragona y Elisava y acabó en escuelas públicas de educación libre en pueblos periféricos de Andalucía. Ahora, precisamente, está trabajando en una iniciativa de la Junta de Andalucía que intenta recuperar los pueblos que están siendo abandonados, con el objetivo de descentralizar la cultura y utilizarla desde una perspectiva social o, mejor dicho, socializante. Btoy trabaja-juega con noventa estudiantes de doce años de una escuela obrera de periferia, cerca de Málaga; han hecho un mural en homenaje a dos pedagogas y una jurista para hablar de los derechos de los menores y de la igualdad de género. Así que el arte (callejero o no) no siempre está al servicio de la gentrificación: también sirve como puente hacia los lugares que han quedado abandonados por la memoria o por la economía.

(*):

Con Andrea Btoy nos conocimos en 2008 a raíz del Festival SURPAS (Cultura Libre y Popular) que montamos hasta 2011 en Portbou. Mientras ella pintaba en los muros y hacía un taller con niños para enseñarles la técnica del stencil mapeando las paredes de su pueblo, Raquel Sakristan trabajaba un mural africano hecho con retazos de telas con las mujeres de Portbou, sentadas al fresco, haciendo ganchillo mientras los hombres animan el bar. Niños y mujeres se hermanaron en el pueblo con más fantasmas de todos los pueblos, quizá por su condición fronteriza; no solo sobrevuela Portbou el espectro de Walter Benjamin, sino también el de todos los republicanos que tuvieron que huir de Franco y los suyos que aún están cerca de las azules estancias del poder.

Retrato de una retratista: Andrea Btoy, el arte contra las ruinas – O Productora Audiovisual
Retrato de una retratista: Andrea Btoy, el arte contra las ruinas – O Productora Audiovisual

Mientras tanto, el partido político local de la oposición, CiU, nos usaba como arma electoral, como contra-ejemplo de lo que tenía que ser la cultura local. ¡Qué tiempo aquel en el que estábamos en el punto de mira, en el que existían las subvenciones a proyectos poco convencionales y en el que la Ministra Sinde iba sacando pecho con sus leyes bochornosas! El alcalde de Portbou ahora es de CiU y nuestro festival es un cadáver sin huesos, pero las pinturas de Btoy aún brillan entre las ruinas de un Portbou que hace de frontera entre veteranas y horneadas comunidades de turistas.