Entrevista a
Morabel.

“Soy
CHANEL
del mundo
gitano”

Por Aïda
Camprubí

Fotografías de
Alba Yruela

Que el talento, esa capacidad para entender y desempeñar un oficio, pueda considerarse innato -¡o no!- es una discusión larguísima para plantar sobre la mesa. Lo que sin duda se lleva desde la cuna es el genio y de esto, Morabel Morales Berbel, tiene un rato: sea por sus aptitudes pioneras en la moda del espectáculo como por su carácter, apto para lidiar en situaciones extremas: en los albaranes que entrega a sus clientes pone “No se devuelve el dinero bajo ningún concepto: anulación de bodas, fallecimientos u otros”. Y es que se ha visto en situaciones que cumplirían con toda la gama de Pantone ®. Precursora de la moda de striptease en nuestro país, estilista en Lluvia de Estrellas y primera diseñadora de Club Matinee, desde hace veinte años Morabel se dedica a los más sonados diseños de haute couture para bodas gitanas de ámbito internacional.

Cuando te interesas por su vocación, ella habla de otras vidas, de una ātman expertísima que le viene de lejos. Aunque para una persona tan pragmática, quedarse en el mundo espiritual es una irreverencia. Su moda de fantasía viene de un ámbito casi industrial, con colas de vestidos que llevan ruedas para soportar el peso; lidia con coronas y volúmenes propios de la arquitectura modernista trasladada al brilli brilli de los ochenta. Es ver sus diseños y darse cuenta de que calibró el seapunk antes de que se acuñara el término. Revolucionó a las novias gitanas y escandalizó a sus sacerdotes, que no han tenido más remedio que acostumbrarse a sus cada vez más extremados diseños. No sorprendería encontrarla en un ático de TriBeCa, preparándole los vestidos de gira a sus vecinas Beyoncé y Taylor Swift, pero en realidad no se ha movido de su ciudad natal. Nos recibe en su tienda-taller de Sant Adrià de Besòs, donde vive desde que nació, en 1969.

¿Cuándo empezaste a interesarte por la moda?
Desde siempre. Creo que en otra vida era cosedora, modista o lo que tu quieras llamarle. Mi madre no sabía coser ni un botón, pero yo empecé a los ocho años. Le hacía disfraces a mi sobrina, que tiene dos años menos que yo. Me acuerdo que cogía periódicos y se los iba ajustando al cuerpo. Le hacía pinzas, le cortaba el escote… El primer disfraz que hice fue de La Bella y la Bestia. Un disfraz de princesa con papel de diario. Yo sabía coser, sin saber por qué.

Y cuando empezaste a confeccionar, ¿era todo intuición? ¿no buscabas patrones?
No. Me acuerdo de que compré la revista Burda -de patrones- y no la entendí, pero sí que me dio una idea general. Fue cuando empecé a hacerle los vestidos entallados a mi sobrina. Veía que tenían rayas, pinzas, relieves y cosas así, que intentaba imitar. A lo mejor la pinza no estaba en su sitio, pero yo ya la ponía intuitivamente, para marcar el cuerpo. 

Luego empecé a estudiar en la escuela Felicidad Duce, cuando estaba en calle Madrazo. Tenía catorce años y no me querían admitir, porque era menor de edad y no había acabado el colegio; pero mis padres firmaron la autorización y me cogieron. No había nadie de mi edad. Cursé a la vez la carrera de moda, la de escalado industrial y la de patronaje.

¿Tus padres siempre te han respaldado?
Me ha apoyado mi familia entera. Aunque si hubiese sido al contrario, me daría igual, habría hecho lo mismo [sonríe]. Mi madre quería que estudiara cualquier otra cosa, pensaba que una modista siempre iba a ser una modista, y que no podía llegar a más.

¡Tú podías con todo!
No es que pudiese, es que me gustaba. Creo que en Felicidad Duce me cogieron por la época que era, ahora ni se lo plantearían. Fue gracias a la insistencia de mis padres. Piensa que era una carrera de tres o cuatro años y la acabé en uno y medio. Yo ya trabajaba en mi casa, hacía faldas para las vecinas, camisas…

Recuerdo que, en la escuela, lo primero que te enseñaban era la falda base. Es de donde salen todas las demás, y no es que fuese superdotada, pero ya me la sabía. Hice todas las tallas el mismo día. A lo mejor te estabas todo el mes haciendo faldas, y yo en una semana ya me hice las diferentes transformaciones que podía haber: la de tablas, la de vuelo, la de canesú, etcétera. Son la misma cosa, solo hay que ir cortando patrones.

Mi desfile de final de carrera fue de novias, porque me gusta mucho la fantasía. No estudié, como se hace ahora, ropa de espectáculos. Allí te enseñaban las prendas habituales, y dentro de lo que era más fantasía había o novia o vestidos de noche, ¡y me dio por novia!

Parece una premonición, ¿hiciste vestidos de novia tradicional?
Bueno, a mi manera. Aunque, según mi opinión, la novia tiene que ir siempre de blanco. Si no, que no se case.

¿Cuál era tu diseñador de cabecera en aquel entonces?
Karl Lagerfeld. Soy una gran amante del blanco y negro, y él sigue trabajando con estos colores hoy en día.

Es la idea primigenia de Chanel, reformular la ropa de las criadas y convertirla en un outfit elegante. ¿Y de la calle había algún estilo que te llamase la atención?
No, siempre he sido de diseñadores ya consagrados.

¿Sigues la prensa especializada en moda?
La primera revista que compré era el ¡Hola! Especial Moda, pero de eso hace más de veinte años. Ahora no hay ninguna que me guste, no veo nada nuevo. La última que tuve fue Collezioni, una revista de moda italiana, pasarela y tendencias. Los dos últimos números ya no me dijeron nada y ya no volví a comprar.

¿Cómo comenzó tu carrera?
Cuando empezó el striptease en España, la hermana de mi cuñada estaba en el oficio y como lo tenían mal visto, no sabían dónde comprar la ropa. Era el estilo de fantasía que a mí me gustaba, así que le hice su primer traje. Era un chaqueta-pantalón negro con un sujetador dorado, mucho antes de que lo pusiera de moda Madonna. Desde entonces me vinieron strippers de todo el país para que les confeccionara la ropa. Allí empecé con el espectáculo. Ganaba muy bien, porque eran las primeras y podían cobrar entre cincuenta mil y cien mil pesetas por striptease. Pagaban lo que les pedías, pero cuando el auge comenzó a bajar, ellas pidieron pagar menos y yo no acepté.

Entonces me dediqué a diseñar ropa para baile de salón. Fue del mismo modo, hice uno y vinieron más. Una de las bailarinas quiso que me asociara con ella, pero como soy muy de ir por libre le dije que no. Aquello me dejó un poco apartada, pero yo siempre me he espabilado.

De ahí, estudié maquillaje y salte al cine, a la tele y a la publicidad. En televisión trabajé en Lluvia de Estrellas, alrededor de 1995. Entré como maquilladora, pero hacía de estilista cada vez que veía que algo salía mal. Les gustó y entonces empecé a hacerlo yo. Rodábamos tres días a la semana y luego volvía a Barcelona, siempre he preferido vivir aquí.     

Mi trabajo se ha movido por el boca oreja. He hecho de todo en esta vida, desde concursos de camisetas mojadas en las discotecas a los primeros desfiles de ropa interior masculina. He trabajado en Amnesia a lo largo de nueve años, en la temporada de verano. Hacía las colecciones durante el invierno, siempre a mi gusto. Hay que confiar en uno mismo y en lo mio soy buena. También fui la primera diseñadora de Club Matinee y hacía trabajos para Blanco & Negro o Ibiza Mix, para los videoclips de la Veneno, etc.

¿Recuerdas alguna colección que te gustara especialmente?
En su momento me gustaron todas. Pero soy muy perfeccionista y luego siempre les veo fallos. No me podría quedar con ninguna.

¿Y cómo llegaste a la moda gitana?
Soy de Sant Adrià y aquí hay muchos gitanos, como tú sabes. Una vecina me pidió que le hiciera la boda de su nieta. Ese domingo ya tenía a tres familias gitanas en mi casa para que les diseñara vestidos. Tuve que dejarlo todo, porque me exigen mucho y es el público que más ha valorado mi trabajo. Se ponen a llorar y han llegado a besar mis manos. De todos los oficios que tengo, es el que más satisfacciones me da. Si no, estaría haciendo otra cosa.

Me visitan familias de todas las partes del mundo. Donde más vendo es en Francia y Portugal, pero han venido desde China, Australia… Diseñé vestidos para los Gipsy Kings, que están ahora en North Carolina. La boda del año, en Mallorca, la hice yo: el vestido de la novia, el de la madre… Puedo hacer todos los trajes de una misma boda.

Para que lo entiendas, soy Chanel del mundo gitano. No lo digo yo, me lo dicen ellos. Se sacan fotos con el cartel, en la puerta, conmigo… Y cuando les pregunto sobre el estilo del vestido me dan mucha libertad, me dicen: “a tu gusto”.

¿Cuáles son las pautas para hacer un vestido de novia gitana?
Depende de donde vengan. Son todos gitanos, pero tienen distintas costumbres. Sobre todo, se diferencian de una novia convencional por la pedrería y el volumen. Primero se ponen un vestido blanco, con el que van a la iglesia o al culto. Luego toca el traje de noche, que es el que va cargadísimo de detalles y pedrería.

¿Como esos bodies de cuerpo entero que haces tú? Me parecen espectaculares.
Estos bodies solo se los ponen las catalanas, son a las que se les permite enseñar más. Aunque ahora todos los estilos se están mezclando. ¡En Madrid era impensable hace años! Son más del clásico blanco. En Francia cambia que el primer vestido de novia no lleva cola, prefieren o mucho volumen o entallados. En España entallados ninguno, como mucho corte sirena. Por ejemplo, si te piden estilo princesa es que quieren mucho vuelo y si quieren sofisticación, significa más entallado. Aunque todos sean gitanos, y tengan fijación con la pedrería, tienen estilos muy distintos dependiendo de la zona geográfica.

¿Hay un sello Morabel que distinga tus vestidos?
Son muy sexis y me gusta que se peguen al cuerpo. Muchos pastores me dicen que van así por mi culpa, porque las he modernizado muchísimo. Cada vez los hago más exagerados, ellas me piden un punto extra y al final puede acabar pareciéndose a los carnavales de Rio de Janeiro. También les aconsejo el maquillaje y el peinado, para que les quede bien la corona.

¿Y durante el momento de probar el vestido viene toda la familia?
No les dejo, no me da la gana. Cuando empecé a hacerles vestidos venían los abuelos, los tíos abuelos, etcétera, y te marcaban muchísimo cómo tenía que ser el vestido y hasta dónde podía llegar el escote. La novia tenía que callar, pero hoy en día mandan más ellas. Ahora es raro que venga toda la familia, aunque las suegras vienen siempre y las novios a veces.

¿Quién tiene más influencia sobre el vestido, la madre o la suegra?
La que paga.

¡Que curioso que venga el novio a ver el vestido!
No lo hacen con actitudes machistas, sino porque son muy presumidos y quieren ir igual que ellas. Les suelo hacer el vestido a los dos.

¿Qué buscan ellos en su outfit?
Son muy parecidos, suelen ir blancos como ellas. Y normalmente, cuando hacen los cambios de traje intentan ir combinados del mismo color que la novia. A veces, si ellas escogen un segundo vestido rosa los hay de machistas que no quieren. No van a dejar de ser hombres por vestirse de rosa, pero eligen ponerse, por ejemplo, un color dorado con alguna piedra rosa. Piensa que de cada cien hay uno machista, están evolucionando mucho. Del mismo modo que se acepta más a los homosexuales. De hecho, hice la ropa de la polémica boda de Sant Adrià donde uno de los chicos se hizo la prueba del pañuelo. No lo hicieron para reírse, pero fue un error. Esto hace cinco años no hubiese sido posible.

¿Vas el día de la boda a vestirlos?
No.

¿Y te invitan luego a la ceremonia?
A todas, pero no he ido a ninguna. Bastante trabajo tengo aquí.

¿Te ha venido alguna novia que no sea gitana? ¿y le haces el vestido?
Sí, mientras me lo pague. Vienen muchas quinquilleras, que son payas criadas como gitanas.

¿Cuánto puedes tardar en fabricar un traje?
De un día a tres meses. Tengo un equipo de seis o siete modistas al cargo y yo me dedico a diseñar los patrones, los presupuestos, etc. Ellas hacen lo que yo les mando. Pido un mínimo de cuatro meses para fabricar un encargo y cuando hay menos faena preparamos volantes y colas para la temporada alta.

De marzo hasta noviembre es temporada alta. Pero ahora mismo ya tengo unas treinta bodas programadas. No es que todas se celebren en primavera, porque muchas veces me engañan con la fecha. A veces te la adelantan. Intento tenerlo a tiempo y que luego se casen cuando les dé la gana. Antes me fiaba, pero me encontraba con días que nos teníamos que quedar hasta treinta y seis horas sin dormir, trabajando. Yo cojo el dinero y me pongo manos a la obra, por si alguna vez me engañan -porque me engañarán- así ya lo tengo medio hecho. No es lo mismo tener que acabarlo entero con las prisas, que tenerlo por la mitad.

Además de los encargos de nuestro taller (en los que es indispensable pedir cita previa), tengo una tienda con los vestidos para los invitados, los que hacemos cuando no tenemos faena. Aquí sí que nos guiamos un poco por las tendencias, siempre busco la más sexy. Por ejemplo, me inspira Elie Saab, que es un diseñador iraní que vive en Nueva York y juega mucho con las transparencias. También sigo mucho los desfiles de Victoria’s Secret.

Actualmente, ¿cuáles son tus diseñadores de cabecera?
De fantasía, Thierry Mugler es mi favorito. Para mi ropa me encanta Roberto Cavalli y Versace, aunque últimamente me estoy poniendo mucho Tom Ford. Antes iba más atrevida que ahora. He ido con la cabeza afeitada, pelo lila… Se asustaban y me decían de todo. He sido revolucionaria. Piensa que una transexual que esté frente al público gitano es delicado, pero me aceptan. Para mí no ha sido duro.

Me han llamado de todos los programas de televisión, pero nunca he ido a ninguno. Esta es la segunda vez que me hacen una entrevista. No me fio de las preguntas que me puedan hacer, no me interesa de dónde sacan el dinero ni que me pregunten por costumbres gitanas, porque no lo soy y es un tema donde no me meto. Que traigan a un especialista. ¿Por que hacen el pañuelo? Pregúntale a una gitana y no a mí.

¡Olé tú! Pues no te preguntamos más, muchas gracias Morabel.

 

Cuando entramos en el taller, la pared de detrás del mostrador está empapelada de carteles:

* Normas de la tienda:

Los encargos solo se guardan un año,
pasado este tiempo se anulan.
Solo ponemos piedras a las prendas
confeccionadas por nosotras.
No se hace ningún tipo de arreglo.
No se fía ni un céntimo.
Para empezar el traje, se tiene que
abonar el 50% por adelantado.
No se devuelve el dinero
si se suspende la boda.
Máximo tres personas por cliente.
No se permite fumar.
Pasado un mes no se cambia el modelo.