Spot

Por Joan Pons

Hubo un tiempo en el que más de tres millones de personas jugaban a Spot the ball, un pasatiempo remunerado de la sección de deportes de los periódicos británicos en el que semanalmente se tenía que especular sobre la posición del balón, convenientemente borrado, en una fotografía de un partido de fútbol.

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Pero, a pesar de que gracias a las ediciones online ahora este concurso es mucho más accesible y sencillo (ya no hay que recortar ni mandar ningún cupón), Spot the ball vive una época de extraña y muy peculiar decadencia: apenas catorce mil lectores participan a día de hoy en este concurso y nadie se ha llevado el jackpot desde 2004.

No obstante, el pasatiempo de la pelotita no solo se sigue alentando desde las diferentes cabeceras tradicionales británicas, sino que webs tan populares como Buzzfeed (en una estrategia de reciclaje de entretenimientos vintage) incluso lo amplían, aunque no son ni mucho menos los primeros en hacerlo, a otras disciplinas deportivas.

La clave del carácter perenne de Spot the ball, pues, no puede ser solo encontrar la pelotita. Tiene que haber algo más. My guess is: que se trata de un juego en el que el elemento de competición es lo de menos. Es decir, ya no es un juego. Encontrar el balón eliminado es solo un macguffin para cuestionar nuestros apriorismos de mirada. Tendemos a pensar que una foto realizada en el trascurso de un partido de fútbol gravita alrededor de lo que gravita el juego en sí. O sea: del balón que se disputa. Y no es así. El reglamento fotográfico es, lógicamente, otro. Importa más el punto de fuga, el número de Fibonacci o la belleza detenida en el tiempo de una composición entre formas, colores y volúmenes en movimiento que no la relevancia del lance del juego en concreto que se captura en la imagen (de la que, seguramente, nos informaría el balón si no hubiera sido borrado).

Ball

Quizá me esté pasando de frenada en el análisis y el público, sencillamente, ha dejado de jugar a Spot the ball porque se ha vuelto demasiado complicado o ya cansa. Aún así, si el pasatiempo sigue manteniéndose es porque la contemplación de estas imágenes en las que se ha ocultado el elemento capital que las explica es placentera. Hay un je ne sais quoi casi poético en estas elipsis photoshoperas. Será por el componente de intriga que late en cada imagen, por haberse convertido en todo punctum sin studium o porque el cuerpo y el rostro de un deportista en acción siempre son altamente expresivos.

Todo esto me lleva a pensar que cualquier instantánea de la familia Spot the ball, en realidad, desciende de esta célebre imagen de Theodore Lux Feininger, Sports in Bauhaus (también conocida como Jump Over The Bauhaus):

Feininger_T._Lux-Sport_at_the_Bauhaus-c.1928-m

En esta fotografía de 1927, Xanti Schawinsky y Erich Consemüller, dos alumnos de la prestigiosa escuela de Walter Gropius, chocan el uno contra el otro en el aire. “Colapso entre saltador de altura y portero de fútbol con el edificio de la Bauhaus de fondo”, podría titularse. Apenas se percibe, pero aquí también hay un balón semi-oculto en la imagen (por si alguien está ya muy metido en la dinámica “spot the ball” y quiere jugar a encontrarlo). Aunque, de nuevo, lo fundamental es otra cosa: es el insospechado juego de equilibrios estéticos que la práctica deportiva propone ante el ojo del fotógrafo; es el subtexto sobre la belleza del deporte por el deporte, aunque no se trate siquiera de la misma disciplina; es la seguridad de que el ser humano tiene la necesidad de chocar con sus semejantes y siempre va a ser preferible que la excusa sea que hay un balón de por medio. Aunque no se vea.

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