Contra

la

autenticidad

Por Joan Pons

Sí, yo también veo que hace ver que toca los botones y no los toca, que no estoy ciego. Pero, ¿sabéis qué?, me da igual. Si realmente estos DJs (que ignoro quién son) se pasan las sesión trasteando la mesa en serio o simplemente protagonizando una pantomima me es indiferente. Lo importante es el resultado de su presencia en el escenario, más que el de sus acciones. Es decir, que en el contraplano de este GIF es donde realmente se apreciaría si su set impostado es efectivo o no. Tendríamos que ver la pista. ¿El público baila? Ahí está la verdad. Pero, claro, todos atesoramos un sedimento de educación rock que nos empuja a valorar más la autenticidad que la representación. Como si lo que pasa sobre un escenario (en este caso una cabina) fuera carne de documental, no de ficción. Preferimos jornaleros a comediantes. Por eso, cuando explotó el boom de la electrónica nos resistíamos a la reconversión con una mueca cínica que delataba nuestras sospechas de que Orbital o The Chemical Brothers en sus primeros (y fabulosos) conciertos, en realidad, solo habían pulsado el play del cd. O pegábamos la nariz a la cabina del DJ (I was a teenage windowlicker!) examinando si aquello era una pamema o no. Y aún hay quien todavía hoy se inflama cuando va a ver a Sleaford Mods y comprueba que Andrew Robert Lindsay Fearn no disimula que solo está allí para beber cervezas y hacerse selfies delante del portátil. Porque la electrónica no tiene calor humano, ¿verdad? Y la EDM es el demonio. Y sí, este GIF da risa. Y hasta activa alguna punzada de indignación. Es comprensible. Preferimos sentirnos como aquellos catetos que querían brear a Fangoria cuando daban un concierto pregrabado (¡con lo divertidos y liberadores que son los playbacks!) en las fiestas de su pueblo, que no simplemente dejarnos llevar por la música y ya. Porque el engaño, el maquillaje, el plumero y la farsa son parte de la actitud en el escenario. Por eso, el plano detalle de este GIF es muy injusto, muy chivato y muy cabrón. Porque descubrir el truco es gasolina para haters (el problema no es la trampa, sino su revelación). Nada de lo que pasa sobre un escenario debería someterse a luz y taquígrafos. Es preferible el humo y los espejos. Hay que representar la verdad, no ser la verdad. Porque hay cierto placer en sentirse felizmente estafado, como en el rock’n’roll (ya lo dijo Johnny Rotten).