Víctor Navarro Remesal

Cazar el ojo

con estilo

Nos vamos a publicidad y volvemos en cinco minutos, y para compensarte te ponemos este grafismo feo y genérico. Mientras tanto en Japón también se van a publicidad, pero no solo tienen unos spots más coloridos y locos que los nuestros (aunque no tanto como nos hicieron creer Los Simpson) sino que además nos despiden con cortinillas únicas y tan creativas que bien merecen ser analizadas por separado (como, en su día, los legendarios bumpers de MTV, para entendernos). El nombre con el que se conocen estos separadores deja claras sus aspiraciones: eyecatch, captura de ojo.

El eyecatch es desde hace décadas una pieza indispensable del anime serializado, hasta el punto de que Miyazaki lo utilizó en su debut, la serie Conan, el niño del futuro, pese a que esta se emitía en la cadena pública (sin publicidad) NHK. No solo es un elemento industrial o de estructura: sirve de espacio creativo para la filigrana formal, el guiño, el subrayado de la identidad de la serie y hasta la relectura lúdica de esta. Es, a menudo, un desmadre formal en el que los creadores y los espectadores nos entregamos durante unos segundos al gesto por el gesto, en el que la creación es puro juego. Pese a ello, y pese a estar tan institucionalizado como otros marcadores de serialidad (el opening, el ending), el eyecatch se destaca y discute mucho menos. Y eso que es, de todos los envoltorios del anime, el que mejor se adapta a nuestras lógicas contemporáneas: el eyecatch era un GIF antes del GIF.

Un eyecatch, como los mejores GIFs, resume en pocos segundos y pocos signos todo un universo de sentido, una declaración estética, una manera de mirar. Es, ante todo, un ancla de tono. Como los logos de vanidad en el cine, algunos cargan al título de personalidad y lo hacen reconocible al momento: no es lo mismo leer ‘Evangelion‘ que verlo aparecer después de un destellazo de lente pulcramente animado. Autores de primera como Sinichirō Watanabe lo han usado para explorar y reinventarse constantemente: en Cowboy Bebop y Samurai Champloo muestra el título de la serie en un eyecatch estático con tipografía y diseño diferentes en cada capítulo, de los que sin embargo va surgiendo, por acumulación y contraste, una voz clara y única. Space Dandy, anime estiloso y experimental hasta asustar, da un paso más y añade movimiento, pasando del JPG al GIF y poniéndonos a huevo montar una galería lisérgica y caleidoscópica como la que envuelve este texto.

El eyecatch es también un formato micronarrativo complejo, como los slapstick mudos de Lupin III, una colección de gags brevísimos sin los que el conjunto perdería vida. El eyecatch puede recordarnos de qué va la obra y exagerar sus rasgos hasta la hiperestilización, y no es raro que se nos presenten cortes de acción que superan en cuidado y técnica a la propia serie, como las tortas de One Punch Man. Otros muestran versiones caricaturizadas de los protagonistas, como los monigotes que practicaban katas en Ranma ½, y abren frentes nuevos, juegan con las piezas, imaginan historias alternativas.

Aun así, algunas emisiones y ediciones en disco cortan los eyecatch, porque total, ni hay pausa publicitaria ni es cuestión de romper la inmersión del espectador. La mutilación es tan burra como un letterboxing. Quizá por resistencia, o sencillamente porque molan, uno de mis pasatiempos es buscar y coleccionar eyecatches en formato GIF, y me basta un vistazo a ellos para reavivar todo un universo estilístico y de sentido. Hasta me atrevería a decir que, como todo buen GIF, son autónomos, que resultan evocadores incluso sin conocer sus series originales: échales un ojo… y dime si no te lo han cazado.