Camino hacia la vibración

por Nando Cruz

Ilustración
por Juaco

Zaragoza. 08.00 horas

Son las ocho de la mañana y en un trastero de Zaragoza cuatro siluetas cargan cacharros y más cacharros en el maletero de una furgoneta Nissan. Apenas ha amanecido cuando el cuarteto emprende ruta hacia el norte.

Los protagonistas de la escena son Javi, Charly, Pablo y Assane. Los dos primeros, Javier Pérez y Carlos Carnicer, son los responsables de Freedom Vibration, el primer sound system creado en tierras aragonesas. Han cargado en la furgoneta todo el material acumulado desde que hacia 2009 tomaron la decisión de destinar todo su tiempo libre a construirse un equipo de sonido que les permitiese capturar y expandir en las mejores condiciones acústicas posibles el mensaje del roots reggae y el dub.

Ni Javi ni Charly pudieron comprar jamás un vinilo de roots reggae en Zaragoza. Cuando se conocieron, hacia 2003, solo existía una tienda de música jamaicana, Sin Fronteras Records, que había montado un africano que antes había regentado un bar. “Nuestro entorno geográfico no nos ha facilitado las cosas, más bien nos las ha dificultado”, lamenta Javi Pérez.

Zaragoza no es Barcelona o Bilbao, donde abundaban algo más los conciertos de reggae. Pero en Aragón se celebra desde principios de los noventa el festival de músicas del mundo Pirineos Sur. Allí vio Javi, con catorce años, una actuación del marfileño Alpha Blondy. También vería allí a Jimmy Cliff y al francés Daddy Mory, líder del grupo francés de dancehall-reggae Raggasonic. El recopilatorio Legend de Bob Marley ya rondaba por casa, pero aquellos fueron sus primeros contactos físicos con la vibración reggae. Y a partir de ahí, se lanzó de cabeza. Sin hermanos mayores aficionados al reggae ni una escena local a la que sumarse, internet sería su única fuente.

Pasaron los años, su afición por el reggae se decantó y especializó en el dub y el sonido roots de los setenta y… “Un día vi una entrada en un blog que explicaba que en Londres se juntaban los sound systems más importantes en un sitio llamado la University of Dub. Sin saber muy bien qué me iba a encontrar, la atracción era brutal. Era la oportunidad de recibir esa música por el conducto para el cual ha sido creada. En Jamaica, el vehículo para transportar el reggae es el sound system. La música era producida pensando en que iba a sonar a través de esos equipos y eso es un hecho fundamental en la música jamaicana. Solo necesitas escuchar una sesión de música jamaicana en un sound system para entenderlo”, asegura Javi.

En 2005 Javi tomó un avión, alquiló habitación en un hostalillo y se presentó en una de las sesiones mensuales de la Universidad del Dub. “Allí recibí una experiencia sensorial muy fuerte”, recuerda. El siguiente en escaparse a la University fue Charly. Apenas tenía dieciocho años cuando recibió el impacto de un sound system real. Ambos definen aquella experiencia como un punto de inflexión en  su vida. La semilla ya estaba plantada. Pero aún pasarían años antes de que empezasen a construir su sound system.

Fotografías de Nando Cruz

Camino hacia la vibración – O Productora Audiovisual

Huesca. 09.30 horas

Una hora y media más tarde Javi, Charly, Pablo y Assane inician el proceso contrario: descargar más de media tonelada de material de la furgoneta y meterla en el Palacio de Congresos de Huesca. Es un día importante para Freedom Vibration, ya que pinchan en el festival Periferias. Mover tanto material entre dos personas sería imposible. Por eso, Javi y Charly cuentan con numerosos aliados que les echan una mano. Son parte de la asociación cultural Unite Jah People, desde la que también gestionan el papeleo de la veintena de sesiones que les han ido contratando en los últimos años.

Hasta 2012, Javi y Charly no empezaron a hacer realidad el sueño en el que ya llevaban varios años pensando: construir su propio sound sytem. Ya disponían de algún dinero, ya habían acumulado algunos conocimientos sobre el tema y ya tenían claro el camino a seguir: sería el camino lento, el el autoaprendizaje y la autoconstrucción. Ambos tenían cierta habilidad y experiencia en el trabajo manual debido a sus respectivos oficios. Incluso habían fabricado su primera dub siren siguiendo paso a paso un proyecto do-it-yourself que encontraron en internet. Su siguiente ingenio ya fue un synare. Lo cuenta Javi y parece hasta sencillo: “Solo hacen falta algunos esquemas electrónicos, conocimientos básicos en electrónica, saber soldar y los componentes que encuentras en cualquier tienda de electrónica”.

La decisión ya estaba tomada y calibrada “Es un camino largo, que exige crecimiento y aprendizaje a muchos niveles. Obviamente, a nivel técnico, porque implica aprender a manejar unos aparatos. Pero, también es un camino de evolución personal. Esta música tiene un mensaje muy potente, trata de expandir una vibración con un significado. No le vemos la gracia a comprar un sound system de la noche a la mañana sin tener el conocimiento de esta cultura. No queremos correr antes de andar”, suelta. Ese puede ser un camino, pero no es su camino. Porque, antes que nada, un sound system es un proceso de aprendizaje.

El montaje del equipo, ubicado en un recinto cerrado pero al aire libre anexo al Palacio de Deportes de Huesca llevará una hora y media más. El equipo no es cualquier cosa. Es un sound system de cuatro vías que se compone de tres scoops de dieciocho pulgadas para los graves, una caja de doble quince pulgadas para el medio grave, dos cajas exponenciales de doce pulgadas en medios y un motor de compresión con bocina más tuiters, en agudos. Todo eso compone el stack o torre de altavoces. Y en la mesa de control: un crossover, un mezclador, varios ecualizadores, un plato Technics, un reproductor de CDs, varias sirenas, distintas unidades de efectos, decenas de conectores y metros, metros, metros y más metros de cables.

Parte de este último material lo han comprado por internet o de segunda mano a particulares. “Todo es muy low cost: alguna etapa de potencia se la compramos a un chaval que tenía una discomóvil en Zaragoza, el mixer lo tenía de tiempo atrás y el crossover es reciclado de un conocido que lo tenía para tirar en un garito. Pero en lo importante no hemos escatimado”, resalta. “Compramos los conos de los altavoces tras mucha investigación y tras dar muchas vueltas a cómo queríamos trabajar las frecuencias”, aclara.

Lo más imponente del sound system son, claro, las cajas de madera que protegen los altavoces y proyectan el sonido. Son, también, el elemento más delicado. Y tiene su historia. Cualquier aficionado a los sound systems sabe que no se construyen con cualquier madera. ¡Abedul contrachapado de dieciocho milímetros de grosor! ¡Ese es el material! Pero no se trata solo de hacer una buena inversión en la madera: hay que saber cortarla bien. “Son cortes muy precisos, con ángulos de diecisiete grados o de veintitrés, y adquirir la maquinaria que nos permitiese esa precisión era imposible para nosotros. Encontrar el corte que nos convenciese fue posiblemente la parte crucial, la que más problema nos supuso. Nos costó tela que el carpintero aceptase el encargo. No era un trabajo que le resultase rentable, pero no teníamos otra opción para hilar tan fino. Tuvimos que llorarle un poco, pero al final lo hizo fantástico”, respira.

Javi y Charly han construido con sus manos todos sus scoops y cajas. “Teníamos la madera con el corte hecho y teníamos las herramientas, así que pasamos unos días fantásticos construyéndolos y poniéndoles todo el cariño. Es muy bonito poder construir con tus propias manos tantas partes del sound como sea posible, aunque siempre habrá cosas que queden fuera de tu alcance. En mayor o menor medida, todos los sound systems compran algunos elementos a fabricantes específicos y también hay quien encarga la construcción de su sound system a alguien especializado. Quizá no tenga el mismo romanticismo o no se establezca el mismo vínculo humano con el equipo, pero es una opción tan respetable como cualquier otra”, relativiza.

Londres. 13.30 horas

Han pasado más de cuatro horas y el stack ya se ha acomodado en el patio del Palacio de Congresos. La música suena majestuosa, expandiéndose por todos los rincones del recinto y más allá, pero Javi parece inquieto. Algo falla. Hay una vibración rugosa no prevista. Parece que el problema está detectado en la caja de arriba. Días atrás Freedom Vibration se instalaron en un solar del barrio de la Magdalena, en Zaragoza, y tal vez a lo largo de la noche se colaron partículas de arenilla en el interior de algún altavoz. Eso explicaría el molesto crujido que está desquiciando a Javi y a Charly.

El sound system es un animal vivo y cada vez que lo montas trae sorpresas y complicaciones nuevas. Es un aprendizaje constante e infinito. “Hay que descinchar el stack y abrir el motor de agudos”, resuelve Javi. (¡Cinchar! ¡Descinchar! Son palabras estupendas. Nunca las había usado en un reportaje musical. Es la acción de tensar o aflojar las cinchas que sujetan el stack, tal como se cincha y descincha la montura del caballo). Pablo descincha, Assane sujeta el altavoz y entre los cuatro lo bajan al suelo. Javi lo abre con un destornillador y con un billete de tren repasa cada ranura. Tras la comprobación, vuelven a montar la caja, la suben a lo alto del stack, la cinchan con el resto de scoops y… el crujido persiste. El problema no provenía del motor de agudos, pero hay que detectarlo y resolverlo. El otro problema es que ya es la una y media. Demasiado tarde. Hay que repartirse las tareas porque hay que ir a recoger a la estación a los invitados ingleses.

Freedom Vibration entienden el sound system como un espacio en el que compartir. En esta ocasión, de forma muy literal porque todo el dinero ahorrado para comprar material, todo el tiempo invertido en documentarse y construir los aparatos y todas las horas que les ha llevado transportarlo a Huesca, instalarlo y comprobar que todo suena al máximo de su capacidad, quedará a disposición del colectivo hispano-británico The Producers. Los aragoneses han hecho la puesta a punto del bólido, pero quienes lo saborearán son Don Fe, Prince Jamo y el productor cántabro Roberto Sánchez. Y es un honor para Javi y Charly que la música The Producers se escuche en Huesca a través de su sound. Los años invertidos en construir este equipo se convierten, así, en un motivo para entrar en contacto con otros músicos y, por supuesto, en la excusa ideal para que cientos y cientos de aficionados al roots reggae y al dub se encuentre esta tarde en Huesca.

Años atrás eran Javi y Charly quienes viajaban hasta Catalunya o Euskadi para escuchar el sound de los barceloneses Leones Humildes o el de los donostiarras Dread Drive. También, por el sur de Francia. Y en todos estos lugares tomaban nota mental de los rasgos más interesantes de cada equipo, detectaban cómo cada uno equilibraba los sonidos, debatían si les apetecía más tener un sound potente o uno cálido. Y, si se daba la ocasión, conversaban con los dueños de los sounds tras la sesión, les consultaban dudas y seguían acumulando datos. Sin esa transmisión de información, la cultura del sound system hubiese desaparecido hace décadas.

Jamaica. 19.00 horas

A las siete ya ha anochecido y en Huesca hace un frío que pela. La música empieza a sonar. Las caras del personal se van relajando. Los músculos se dejan llevar por la vibración. Pocos miran a la mesa donde los selectores y operadores manipulan la música. El stack será el centro de atención durante gran parte de la velada, presidiendo el espacio como un monolito sagrado. Cada línea de altavoces escupe sonidos distintos, cada vía cuenta parte de la historia y el conjunto se alza cual animal mitológico en la era del mp3. El dinosaurio de todos los equipos de música habidos y por haber.

Una aclaración por si hiciera falta: un sound system no son solo unos colegas pinchando música jamaicana. Eso es eso: unos colegas pinchando discos de música jamaicana. Un sound system siempre exige un equipo de sonido concebido especialmente para reproducir esa música; un equipo que, además, estará situado en la pista, junto al público, para que este pueda percibir sus vibraciones en todo el cuerpo. Y, por supuesto, hay todo un ritual a la hora de reproducir la música. Se trabaja con un solo plato, sin mezclar un tema con otro, con silencios entre cortes que se aprovechan para presentar cada tema con el micrófono y se manipula la música en vivo con cortes de frecuencia, delays y efectos para que la experiencia sea única.

El público, principalmente venido de Zaragoza, cuando no de Huesca y alrededores, fotografía el stack, se fotografía con el stack de fondo, se arrima a los scoops para impregnarse al máximo de la vibración y baila ante él como si les estuviese cayendo un chaparrón de agua en la cara. Un sound system es lo más parecido a una sesión de hidromasaje. Algunos se acercan al monolito de sonido como si este tuviese propiedades curativas. Y las tiene: además de calmar el frío, te desbloquea las cervicales. Por otro lado, los sordos pueden disfrutarlo perfectamente, debido a la potencia de unos graves que te cosquillean todo el cuerpo y te despeinan. Literalmente.

Un hombre acerca un papel de fumar a la caja de medios-graves para comprobar cómo la vibración que expulsa la caja lo hace volar; al papel. Una mujer hace una prueba aún más interesante: se sitúa en cuclillas frente al scoop de graves y pide a una amiga que le toque la espalda. La vibración se transmite a través de su cuerpo y llega a las manos de la amiga. Grupos de hasta cinco personas se sientan a la sombra acústica de las cajas para que todo su cuerpo vibre. Muy pocas veces al año se tienen la oportunidad de percibir el impacto puramente físico de la música en nuestro cuerpo. Y los hay que se quedarían veinte y cuarenta horas allí metidos, vibrando.

El sound de Freedom Vibration maneja cuatro mil quinientos vatios de potencia. Pero no es una cifra de la que alardeen. “Puedes comprarte un equipazo y hacer daño con él. Además, un equipo con muchos vatios puede sonar poco potente y mal y otro con menos puede sonar mejor”, aclara Javi. Durante estos años de camino lento, Javi y Charly han ido descubierto que carácter querían imprimir a su equipo. Querían un sound system equilibrado, cálido, limpio; no agresivo, pero sí potente. “A veces es común confundir calidad y cantidad. El subgrave es parte fundamental en la cultura del sound system, pero no es la única. Es importante que las voces suenen claras, ya que allí se encuentra el mensaje en la música”, resalta Javi. “Queremos tener la máxima nitidez en los detalles de la música, para poder enfatizar ciertos detalles, pero sin enmascararla. Ojalá podamos ir acercándonos cada vez más a ello”, suspira, una vez más, desde la modestia y la prudencia.

Pasan las horas volando y en la mesa de control no cabe más gente. Javi, Charly, Pablo… Los aragoneses ya han cedido los mandos de la nave a The Producers. Prince Jamo proyecta deliciosamente su dulce y aguda voz sobre la música. El corpulento Don Fe ha encontrado un hueco en un lateral de la carpa en el que poder tocar la flauta travesera por encima de los cortes que presenta y mezcla en directo Roberto Sánchez. Algunos son auténticas primicias. Y es un verdadero honor que producciones recién salidas del horno suenen por primera vez en el equipo de Freedom Vibration. Javi y Charly, en calidad de anfitriones, salen una y otra vez a saludar a los colegas, a comprobar que todo suena como debe y a aprender un poco más de los sound systems… a través, esta vez, de su propio sound system.

Debajo: fotografías de Lorenzo Ordás

Camino hacia la vibración – O Productora Audiovisual

El resto del camino

Freedom Vibration comenzó siendo un sound system con solo dos scoops, dos cajas de medios y una de agudos. Así funcionó durante un año hasta que con los ahorros de pinchar en bares se amplió a las dimensiones actuales. Desde entonces han pinchado en Zaragoza, en Huesca y en varios pueblos de esas provincias. Aún no han salido de Aragón, así que su deseo de tener un stack de cuatro scoops, dos cajas de doble quince y tres de medios agudos, puede esperar. “No necesitamos un sound system de veinte mil vatios con ocho scoops para pinchar ante doscientas personas. Nuestra filosofía es crecer en la medida de nuestra necesidad real. El día que podamos llenar salas con cuatrocientas personas sí nos gustaría tener el doble de lo que tenemos ahora”. A eso se refieren cuando hablan de crecer despacio y con respeto a la tradición.

Lo que ya suspiran por tener cuanto antes es el preamp, el centro neurálgico en el que se procesan y centralizan todos los sonidos. “Es lo que todo soundman desea, pero aún no tenemos dinero para pagarlo”, suspira Javi. Por ahora van tirando con cinco aparatos que suman las funciones: el mezclador, el crossover, varios ecualizadores… El preamp es un artefacto muy específico de los sound systems, de modo que solo se puede comprar bajo encargo a alguno de los escasísimos fabricantes: Jah Tubbys, Mostec, Jo Red… “Contactas con ellos y les dices qué cortes de frecuencias quieres, cuántas entradas de micros necesitas… Es 100% costumizable”. Funcionar estos años sin preamp les ha permitido aprender cómo debería ser el suyo. Y actuaciones como esta en Huesca les darán la oportunidad de aumentar su reputación, tal vez actuar fuera de Aragón y, finalmente, comprar el preamp.

En el patio del Palacio de Congresos, los barrotes de la baranda de la primera planta se han unido a la vibración. Todo vibra. Y tras más de tres horas sumergido en un sound system, la música te queda impregnada en los tímpanos varios días. Pero no duele. Es una leve y agradable marca sonora de recuerdo. También queda impregnado algo de la música en los scoops y en el cableado porque un sound es como una cazuela: conserva bien el calor y retiene parte del sabor de todo lo que haya sonado ahí dentro. Y, por supuesto, contagia. “Hace cinco años apenas había sound systems de roots reggae y dub en España. Hoy debe haber más de cincuenta”, calcula Javi. El principal responsable de tamaña eclosión es el festival Rototom, que en 2010 abandonó Italia para trasladarse a Benicàssim.

Cada sound system es una historia. Y cada uno tiene su historia. Los barceloneses Leones Humildes, tras un viaje iniciático a los carnavales de Notting Hill construyeron en 2004 el primer sound system de roots reggae de España. El canario Jah Ras fundó su sound system en su Tenerife natal tras curtirse durante años en clubs de Euskadi. El descomunal Green Light empapa de graves las sesiones de The Bus en la sala Razzmatazz, pero no se construyó en Barcelona, sino en París. En cambio, el de Rebelmadiaq será 100% artesanal, pues hasta la madera se está cortando en la carpintería cooperativa de Can Batlló. Todos andan en el mismo camino: capturar y expandir la vibración.