Imaginad a ese profesor de literatura de un instituto de ciudad dormitorio que, cansado de ver bostezar a los alumnos con los análisis de los poemas pastorales de Gonzalo de Berceo, un día desempolva el proyector que nadie usa en el departamento y dispara una ráfaga de portadas de prensa deportiva en la pizarra. “Fíjense en esta cabecera” , les diría. Y sobre el fondo verdoso del encerado aparecería el titular “Bonito del norte” acompañado de una foto de Illarramendi. Sería como grabar una secuela de Rebelión en las aula s pero con riñoneras y muchas más mechas californianas. El debate sería lógicamente imparable pues, aunque con las estadísticas de las últimas temporadas en la mano, más de un pupilo avezado pudiera pensar que esta portada es una paradoja de manual, el titular “Bonito del norte”, que hace referencia al hasta hace poco jugador vasco del Real Madrid, está a caballo entre la metáfora y la sinécdoque. Metáfora porque compara poéticamente a un jugador de fútbol con la nobleza de un atún, siendo su posición natural la de besugo, y sinécdoque, porque si admitiésemos la condición de norteño pulido al de Mutriku, el periódico habría sustituido la parte por el todo.

Al principio pocos aplaudirían la medida. No faltaría el padre aislado que juzgaría como nefasto que a su hijo le sirvieran el Marca cuando debería estar paladeando a Garcilaso de la Vega –prohombre del renacimiento-,  pero la mayoría pensaría que para enseñarle a sus hijos lo que puede conocer en las butacas de una barbería sería mejor no mandarlo todo el año al colegio. Sería difícil arrancar,  sí, porque que el taconazo de Fernando Redondo sobre la cal de Old Trafford o la chilena precocinada de Rivaldo contra el Valencia en el último suspiro de la temporada son recursos líricos que podría firmar un poeta memorable escapa de cualquier duda. El problema viene después, cuando embebidos de esa lírica futbolística, los redactores de la prensa deportiva se empachan de palabras y tratan de trasladar el verso de las botas al terreno de juego del papel. Pocos lectores son capaces de reconocerlo, por un lado porque la línea que separa la ovación cerrada de la solicitud de extradición a Guantánamo del periodista en cuestión es muy delgada, por otra porque nos fastidia no haber sido nosotros los autores del chascarrillo. Sin embargo, a estas alturas cabría preguntarse si más allá de la eterna competición por ver quién tiene más grande la caja de texto, la extravagancia del titular se ha convertido en una tradición patria que deberíamos aprender a disfrutar.

Marca poética

Volvamos a ese profesor que, consciente de estar abriendo  una grieta en las seseras más duras, sigue arremetiendo con nuevos y ricos ejemplos a los estudiantes. Si ese docente so lo tuviera una bala para abatir el aburrimiento y acercar la magia del castellano a la chiquillada, probablemente debería proyectar la filigrana lírica del Marca: “El fideo pide pasta”. Boom. Porque cómo negarle un aumento de sueldo a Di María si lo solicita con una sinécdoque, mucha ironía y una buena metáfora. O cómo no penetrar en las cabezas de la clase si en un partido de España jugado antes del fin de semana de Semana Santa el capillita del periodista titula “Viernes de Ramos”. Es imposible que la brisa de la poesía no alcance a los alumnos con esos titulares. Y si no que el profesor proyecte “Más que Vietto un huracán”, en referencia al vendaval de juego del entonces del delantero argentino o “Hala Modric”, que refleja fielmente que el Madrid no es nada sin su croata.

En ocasiones el Marca no está tan fino, y a su legión de poetas las metáforas le salen por la culata , generalmente cuando se incurre un exceso de testosterona y se abusa de clásicos como “A Messi le gusta más meterla de noche”. Sin embargo, el más famoso de sus derrapes se vivió en  aquella previa al Real Madrid- Atlético en la que se decidieron titular “Sal con huevos” y acompañarlo literalmente de la imagen de un salero y un par de huevos cocidos. Mal, muy mal. Deberían aprender de cómo As maneja la metáfora rancia en obras de arte como la portada de “Copa o puro” que el periódico de Prisa publicó el día que el Madrid y el Barça se jugaban tanto la copa del Rey como  evitar la bronca de sus hinchadas.

Nuevos tiempos para la lírica

El periodismo deportivo es una maquinaria viva que constantemente aporta nuevas soluciones al lenguaje. La creación de términos y significados convierte a los periodistas del sector en una de las factorías de neologismos más vivas del planeta. Que el Madrid pierde 4 a 1 contra el Dortmund con goles de Lewanoski, “Palizowski”; que Adama, el canterano del Barça, salva los muebles en liga contra el Elche, “Adama de Elche”; que el Barça se hunde con el señor que trajeron de Rosario, “Tataclismo”; que Higuaín le calza tres goles al Betis, “Triguaín”; que Florentino alega obras en los servicios públicos del Bernabéu para no dejar jugar la final al Barça, “Vatergate”; que Vilanova revienta los números de Pep en su primera temporada, “Autentito”; que España le endosa tres a Uruguay, “Españaguay” –así es, los homenajes a Tip y Coll están permitidos- ; que el Barça pasa su rodillo por Moscú, “Spartakular”, que el central balón de oro italiano que fichó el Madrid empieza a hacer aguas, “Cannamalo”; que el equipo que gane el derby más visto del mundo ganará probablemente la Liga, “ClasiKO”; que llega un mediapunta de Málaga a Chamartín, “FantastIsco”; que Florentino va a vender a jugadores por una centena de millones, “OperaCien salida”;  que Bale está a punto de meter a Gales en su primera Eurocopa desde los años cincuenta, “País de Gareth”; y así hasta la saciedad. No deberíamos ser condescendientes, pues si este juego de aproximación fonética ha dado grandes tardes al periodismo también ha supuesto algunas de sus peores mañanas. Convendría también que nuestro sufrido profesor tuviera suficiente mano izquierda para bajar el suflé a los alumnos y explicarles qué tan mal está publicar “Benze-ná” cuando el delantero francés se echa una siesta de noventa minutos en el área blanca o cómo de bien está que en El Periódico de Catalunya publiquen “Manchester Txiki” cuando Beriguistain llega al City.

Sin embargo, si hay una época negra para el manejo de la palabra en la prensa deportiva es sin duda la segunda venida de Mourinho a España. Haríamos mal en pasar de puntillas por los ríos de tinta que ha hecho correr el entrenador portugués. Su llegada llevó a las cabeceras a competir duramente por quién sería capaz de conseguir el mejor titular. No fue una época que brillara por la originalidad, pero abrió un trienio de carreras desesperadas por encontrar el juego de palabras definitivo. Si las redacciones deportivas son de por sí inflamables, la presencia de Mourinho las convertía en verdaderos volcanes: “Orgasmou”, “Mouchísimo Barça”, “Este Madrid provoca Mouchísimo canguelo”, “Mounager general”,  “Mourbo” y “Morbomou”, “Moucabreo con Ramos”, “Mouconjura”, “Primera Moufinal”, “Enésima Mouportunidad”, …  El único titular decente de la era fue con el que Mundo Deportivo se pasó al cine y titulo “Apocalypsis Mou”.

Un paseo por la FNAC

Si bien el libro de estilo de El País prohíbe los juegos de palabras con títulos de películas o de novelas en sus titulares, la norma – bastante aceptada años atrás- ni siquiera ha resistido en el cuartel general de Juan Luis Cebrián. El asedio comenzó con llegada del fast journalism, pero fue la tiranía del clic quien terminó de hacer el resto del trabajo. No es nada inusual hoy en día encontrarse un titular que evoque la viejas carteleras de cine o las grandes listas de éxitos, hasta tal punto que pareciera que los redactores de media España se pasean los fines de semana por las grandes superficies anotando los títulos que más les  llaman la atención. Aún así, Alex Grijelmo, el que fuera editor jefe en el citado periódico, insiste en su libro El estilo del periodista: “titular con títulos de películas es un reflejo de pereza mental, poca imaginación y escaso interés por lo informativo. Ha de condenarse el vicio de titular con una idea que ya inventó otro” .

Sin embargo, más que un vicio debe ser una enfermedad contagiosa que hace a gente sensata como la del periódico El Mundo levantarse una mañana para escribir sobre Cataluña y acabar titulando “Cruz de navajas por un President”. Sin embargo, ya que hablamos de cine, no estaría mal investigar si es cierto que en Marca han encontrado conservado en ámbar la sangre de un mosquito que picó a Quevedo y la han extraído para duplicar su ADN. No en vano, suyos son los mayúsculos: “Cholos ante el peligro” o “Cristianator”- titular repetido dos años en portadas distintas, demostrando así un amplio dominio del western y del  blockbuster. Pero si hay un título manido en las prensa es el de “Misión Imposible”. La adaptación de la serie -película de acción goza de múltiples variantes, y por variantes nos referimos desde Messi con su tatuaje de Jesucristo hasta Clemente vestido de Supermán (en lo que sería un doble recurso cinematográfico). Se ha abusado tanto, que hemos  llegado a un punto en el que hay titulares que, sin serlo, recuerdan a películas del destape, como por ejemplo el “Estás despedido, Manolo”, que le dedicaron  en Marca a Manuel Pellegrini tras un empate contra el Málaga. Quién sabe, quizá fuera la proximidad con aquel Torremolinos setentero lo que inspiró el encabezamiento.

Qué lejos queda ya aquel homenaje que As le dedicó a Malcom Lowry cuando tituló “Bajo el volcán” a una de sus crónicas en el 77 o cuando contribuyó a ensalzar a Garci con “Solos en la madrugada” en el año 96. Ahora, en el periódico de Relaño triunfa más el género bélico y su “Salvar al Soldado Di María”, al que también se apuntó Marca con “Y Benzemá cogió su fusil”.

En todo caso, a nuestro sufrido profesor no le costará encontrar motivos para defender con solidez sus propuestas, porque es verdad que hay titulares que provocan conjuntivitis instantánea, pero no es menos cierto que por las redacciones deportivas se pasean con tanta naturalidad neologismos, metáforas, paradojas, sinécdoques o hipérboles que, en estos días en los que la poesía está tan devaluada, no sería injusto admitir que quizá  la portada de Mundo Deportivo, Sport o As supongan el único acceso masivo de las nuevas generaciones a las licencias líricas.

Volarse la tapa:
Lírica y recursos de estilo de la portada deportiva.